viernes, 27 de diciembre de 2013

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI

LO QUE TENGO DE HUMANA

Lo que tengo de humana
se unifica
a beber las pocas fuentes
donde un hilillo vierte agua sucia
y humedece esta flauta
no adiestrada a cantar
en  mi garganta seca de prédica.

Lo que tengo de humana
es un ave inerte por las grimas de la desigualdad.
Desnutrida. Hollejo del alma. Certidumbre del sufrimiento.

A veces tengo la ilusión de un manso felino
que discurre entre la hierba
con  el recuerdo de una caricia
en las hogueras lívidas del alma.

O vuelvo a la niña de ayer
que no comprende la imperfección
y  sueña con la paloma posada en la flor azul,
que se escurrió de la falda maternal
hacia el mundo
                     y a los tuétanos de la lucha.

¿Es gris la sabiduría
 o se ha muerto el milagro?

Hay un farol de sombras
que mira las arrugas
del abuelo que muere sumido y solo.
Hijos nuestros. Padres de nosotros.
Digo sueño. Digo poema.
Qué hacer cuando el camino
se vuelve roca cada tanto.
Espuma entre albas negras. Forma de lumbre ocasional.

Lo que tengo de humana
es levadura trágica donde la sangre se cuela.
Alguien se queja
algún enfermo
ese hombre  con hambre
                                    un niño abandonado
                                                                   una mujer  golpeada
y la dignidad de la vida
muere en mis manos vacías. No la puedo velar.

                                 

                        

MÁXIMO SIMPSON




Morgue (1)

Desmedida quietud, 
incomprensible bloque de materia 
expuesta a la intemperie. 

Esta cosa, 
esta humillación que nada sabe de sí misma, 
¿puede ocultar la trama de los días, 
las causas, los efectos, 
el decurso de soles y de lunas?

Morgue (2)

Sin pesar, sin nostalgia, 
desnudamente solo, 
el mentón como proa detenida 
y el pecho encandilado por la luz del olvido, 
el muerto era tan sólo un barco a pique 
en un océano de mármol.

Sucesos

La vecina del sexto caminó sobre el mar, 
y atravesó las nubes sin ayuda de nadie. 

El tímido señor de planta baja 
ya no cierra las puertas con cadenas, 
cerrojos, pasadores: 
tal vez sin darse cuenta 
se refugió por fin en los espejos. 

El joven impasible 
que deglutía el tiempo sentado en los balcones, 
ya no mira las águilas del alba, 
el crepúsculo incierto. 

La señora soprano ya no entona cantigas, 
endechas, misereres: 
una callada niebla recorre los pasillos 
y se instala en las altas escaleras. 

El amable rabino se acostó con sus padres, 
y vio tal vez al Ángel entre lenguas de fuego. 

El señor escribano 
se fue con la corriente de los meses. 

La anciana de los fondos 
no convoca a la suave mandolina: 
ya no llama a las puertas, 
no pregunta la hora como antes. 

Y el perro de mi infancia ladra y ladra, 
como ayer, como hoy, como mañana.

Mohamed Ahmed Bennis



( Marruecos )

Poemas

Traducción del árabe   : El autor
                 Revisión                      : Emilio Ballesteros

Río extinto

El mismo río colgado
en la puerta del liceo,
al verme,
lagrimeó y se inclinó hacia mí abrazándome.

Me recuerda el descanso
que solía inmolar
en el centro del patio,
vestido de nostalgia.

Me recuerda el susurro
que vertía sobre
el cuaderno de mi amiga,
a fin de enervar
al profesor de matemáticas.

Me recuerda a los amigos de antaño
entrando en clase,
con sus mudas lecciones
bajo el brazo.

Me recuerda los gemidos
que fluían sobre el cristal de las ventanas,
antes de dispersarse
por sombrías sillas.

Me recuerda la lluvia
que se escapaba al cuartel,
para acostarse con los soldados.

El mismo río,
inunda mis ojos de amor
y se despide de mí.



Óxido en mi garganta



Indefensa noche,
tierra que se refugia en su lecho,
asfalto que baja en secreto al mar.
Esta goma arábiga
que fluyó sobre el oído del ser,
alguien vendrá para alumbrar su retórica
y verterla sobre la rodilla
de una mujer sedienta.
Este universo repta sobre el aire
vestido con la voz del poeta,
y esos caballos se levantan de los libros
para desmentir a historiadores
con bocas ciegas.

¡Este lobo
que protege sus caninos
de la sangre de los profetas!
Es sombrío lo que está en mi garganta.
Por ello,
malversé ésta bolsa nostálgica
y me escapé a mi tumba
hurtando la luz
que venía de mis huesos.
Y cuando nadie se dio cuenta de mí,
dormí y vi al poeta
arrancando su lengua ciega,
y sentí el óxido en la garganta
e intercambié mi cabeza
por el humus del alma.
¡Qué cabeza la mía!
Parece que alguien
está allí rasurándose
sus lágrimas sin saberlo.



JOSHEP BRODSKY




Poeta ruso nacido en San Petersburgo en 1940. De formación autodidacta,  reconoció la influencia que en él ejercieron los poetas clásicos, los metafísicos ingleses y los poetas polacos modernos, además de Proust, W. H. Auden y Herman Melville. Acusado de "parasitismo social", fue encarcelado durante dieciocho meses a la edad de veinticuatro años. En 1972 emprendió el camino al exilio, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1977. Sus "Poemas selectos", que reúnen una importante colección de su poesía, se publicaron en versión inglesa en 1973, seguidos de "Partes de la oración" en 1980 e Historia del siglo XX en 1986.
En 1981 obtuvo una beca de la Fundación MacArthur, y en 1987  fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Su producción literaria se extendió hasta su muerte, ocurrida en Nueva York el 28 de enero de 1996. ©

Amicum-philosophum de melancholia, mania et plica polonica

(«Al amigo-filósofo, de la manía, de la melancolía y de la plica
polaca»: título de un tratado del siglo XVIII que se conserva en la
biblioteca de la Universidad de Vilnius. [Nota del autor.])


Insomnio. Un trozo de mujer. Un vidrio
repleto de reptiles que se abalanzan hacia afuera.
La locura del día se desliza del cerebelo
al cogote donde ha formado un charco.
En cuanto te meneas, el interior percibe
como en este lodo helado alguien
sumerge una pluma fina
y lentamente traza «maldición»
con letra que se tuerce en cada curva.
El trozo de mujer con crema
suelta al oído palabras largas
como una mano en mugrientas greñas.
Y tú en las sombras estás solo, sobre la sábana
denudo, como un signo zodiacal.
1971

Canción de amor

Si te estuvieras ahogando, acudiría a salvarte,
          a taparte con mi manta y a ofrecerte té caliente.
Si yo fuera comisario, te arrestaría y te
          encerraría en una celda con la llave echada.
Si fueras un pájaro, grabaría un disco
          y escucharía toda la noche tu trino agudo.
Si yo fuera sargento, tú serías mi recluta
          y, chico, te aseguro que te encantaría la instrucción.
Si fueras china, aprendería tu idioma, quemaría
          mucho incienso, llevaría tu ropa rara.
Si fueras un espejo, asaltaría el baño de las señoras,
          te daría mi lápiz rojo de labios y te soplaría la nariz.
Si te gustaran los volcanes, yo sería lava
          en constante erupción desde mi oculto origen.
Y si fueras mi esposa, yo sería tu amante,
          porque la Iglesia está firmemente en contra del divorcio.
Versión de Alejandro Valero
       


Mario Benedetti

Currículum  

El cuento es muy sencillo,
usted nace,
contempla atribulado
el rojo azul del cielo,
el pájaro que emigra,
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente.
 
Usted sufre,
reclama por comida
y por costumbre,
por obligación,
llora limpio de culpas,
extenuado,
hasta que el sueño lo descalifica.

Usted ama,
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético,
se convierte en escombros.


Usted aprende
y usa lo aprendido,
para volverse lentamente sabio,
para saber que al fin el mundo es ésto,
en su mejor momento una nostalgia,
en su peor momento un desamparo,
y siempre, siempre
un lío,
entonces,
usted muere.
  

Andriy Bondar



 Nació en Kamianets-Podilsky, Ucrania, en 1974. Estudió historia y teoría literaria en la Universidad Nacional de Kiev-Mohyla Academia y en la edad de veintidós años ganó el concurso literario para escritores jóvenes organizado por la editorial Smoloskyp. Poco después publicó su primera colección de poemas, Vesinnia Yeres (1998,

Los hombres de mi país

Los hombres de mi país
ceden sus asientos en el metro
a los discapacitados a los ancianos
y a los pasajeros con niños
pero la mayoría permanecen sentados
pues esta categoría de ciudadanos
tiene una marcada tendencia a extinguirse
o a viajar en metro con menos frecuencia
los hombres de mi país
son santos bajo un talón
con mandíbulas de insectos entrenados
con las que roen su camino
a la paternidad merecida
y más tarde habiendo desatado sus manos
degustan la carne de los niños
utilizando métodos proscritos
para criar la generación más joven
los hombres de mi país
no son mutantes o pervertidos
son producto del procesamiento secundario
de aminoácidos
esto es todo lo que queda de la nación
que ama y honra a sus héroes
jóvenes tan regordetes o con mandíbulas de pit bull
su amor por la maternidad
ha superado todos los límites discernibles
y se convirtió en su sello personal
los hombres de mi país
especímenes maravillosos para un entomólogo
porque son frágiles como exóticas mariposas
clavadas en un pedazo de cartón
ellos reconocen el valor
de cada movimiento, cada sonido
porque la vida es un crimen sin fin
que no tiene justificación


Ana Romano

Intermediario


Perforan escondites
los astronautas
¿qué sostienen los débiles
en su tribulación?

El poema los enlaza
en versos
que obsequia
al lector.

Magia

Se esconden
los duendes
con sigilo en la almohada
Baila
vestida de fiesta
la muñeca
frente a la ventana
Gira
el carrusel
Zumban los oídos
La luciérnaga se inmola
en la vela encendida
y acentúa los colores
La madre arropa
al hijo dormido
El libro cae
en el borde de la cama
Desfilan
ante el sueño que
se avecina


los dibujos.