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jueves, 20 de marzo de 2014

Máximo Simpson

DE LA CASA Y OTRAS VISIONES (1995)

Sonata

Toca el violín la casa,
se asoma de sí misma,
se sale de la casa,
y le atraen vacíos hacia arriba y abajo.


Toca el violín la casa,
tiemblan sótanos negros de cólera indecisa,
tiembla toda la casa con su gran cuerda humana
cuando suena el violín violento de la casa.

La casa tiene lámparas votivas,
roperos tristes,
ventanas que miran hacia dentro.


La gotera

La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.

La gotera caía como salmo insensato,
como loco aleluya,
como lento gorjeo,

como un aria indecisa.
Y la gotera hablaba en medio de la noche,
era un ala que rozaba los días.


La gotera caía como terca amenaza,
se metía hacia dentro,
en la médula misma,
en el cogollo herido,
en las uñas dormidas,
en el cuaderno niño entre las letras,
adentro de la pulpa,
adentro de la vida.


La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.


 La baldosa

Esa baldosa rota con su pequeño charco
vive en medio del patio
como un falso profeta.

Esa ínfima ruina,

esa grieta del mundo,
ese fracaso de la vida que ya toca sus bordes,
esa breve fisura es un aviso,
una señal dejada como por puro azar.

Esa trivial metamorfosis,
Ese ex abrupto de agua

que como un charco de locura
desafía la calma de las flores,
es nada más que eso: una provocación,
un torvo golpe al aire de la casa.

viernes, 27 de diciembre de 2013

MÁXIMO SIMPSON




Morgue (1)

Desmedida quietud, 
incomprensible bloque de materia 
expuesta a la intemperie. 

Esta cosa, 
esta humillación que nada sabe de sí misma, 
¿puede ocultar la trama de los días, 
las causas, los efectos, 
el decurso de soles y de lunas?

Morgue (2)

Sin pesar, sin nostalgia, 
desnudamente solo, 
el mentón como proa detenida 
y el pecho encandilado por la luz del olvido, 
el muerto era tan sólo un barco a pique 
en un océano de mármol.

Sucesos

La vecina del sexto caminó sobre el mar, 
y atravesó las nubes sin ayuda de nadie. 

El tímido señor de planta baja 
ya no cierra las puertas con cadenas, 
cerrojos, pasadores: 
tal vez sin darse cuenta 
se refugió por fin en los espejos. 

El joven impasible 
que deglutía el tiempo sentado en los balcones, 
ya no mira las águilas del alba, 
el crepúsculo incierto. 

La señora soprano ya no entona cantigas, 
endechas, misereres: 
una callada niebla recorre los pasillos 
y se instala en las altas escaleras. 

El amable rabino se acostó con sus padres, 
y vio tal vez al Ángel entre lenguas de fuego. 

El señor escribano 
se fue con la corriente de los meses. 

La anciana de los fondos 
no convoca a la suave mandolina: 
ya no llama a las puertas, 
no pregunta la hora como antes. 

Y el perro de mi infancia ladra y ladra, 
como ayer, como hoy, como mañana.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Máximo Simpson



Sonata

Toca el violín la casa,
se asoma de sí misma,
se sale de la casa,
y le atraen vacíos hacia arriba y abajo.


Toca el violín la casa,
tiemblan sótanos negros de cólera indecisa,
tiembla toda la casa con su gran cuerda humana
cuando suena el violín violento de la casa.

La casa tiene lámparas votivas,
roperos tristes,
ventanas que miran hacia dentro.


La gotera

La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.

La gotera caía como salmo insensato,
como loco aleluya,
como lento gorjeo,

como un aria indecisa.
Y la gotera hablaba en medio de la noche,
era un ala que rozaba los días.


La gotera caía como terca amenaza,
se metía hacia dentro,
en la médula misma,
en el cogollo herido,
en las uñas dormidas,
en el cuaderno niño entre las letras,
adentro de la pulpa,
adentro de la vida.


La gotera caía
sobre el pan,
sobre el tiempo.


La baldosa

Esa baldosa rota con su pequeño charco
vive en medio del patio
como un falso profeta.

Esa ínfima ruina,

esa grieta del mundo,
ese fracaso de la vida que ya toca sus bordes,
esa breve fisura es un aviso,
una señal dejada como por puro azar.

Esa trivial metamorfosis,
Ese ex abrupto de agua

que como un charco de locura
desafía la calma de las flores,
es nada más que eso: una provocación,
un torvo golpe al aire de la casa.


El comedor

Destemplado,
aterido,

sin cubiertos, sin sillas,
sin ventanas, sin flores, sin paredes,
sin mesa horizontal,

al borde del abismo.

Un aire de nostalgia lo llamaba,
una atmósfera oscura de duelo subrepticio,
un aria como endecha.

El comedor huía hacia el ocaso,
hacia un país soñado,
hacia el día siguiente.

Las sillas

¿En qué lugar,

en qué rincón,
esperaba una silla replegada
bajo viejos papeles,

sepultada
bajo trajes y alambres?
¿Dónde cuatro soportes
para la hora de comer,
de gritar en voz alta?
¿Dónde el sitial,
dónde la comisura,
el fundamento para subir al aire,
para resistir?

Aparejo remoto de la casa,
pilar inaccesible:

de pie toda la vida desde niños,
entre sillas difuntas.


Las visitas

Las visitas llegaban,
pero entonces la casa se escondía,
se ocultaba a los ojos,
a las manos,
se cubría con trapos, con rubores,
con puertas, con ventanas,
con largos ademanes,
y sacaba las sillas a la calle,
los retratos quebrados,
los desvelos.

Comensales a oscuras,
inspectores de muebles recelosos,
turistas extraviados,
las visitas comían a la orilla
de una mesa inasible.


Los adultos

Lentamente ascendían,
y con la mano apenas,
con el pie,

con la voz,
con la dulzura,
defendían la hora diminuta,
el efímero cielo,
el escaso rocío,
el canto ya inaudible de un pájaro extraviado.

Entre gestos confusos se aferraban a uñas,
palabras,
torbellinos,
manoteaban el aire,
discurrían,

y miraban entonces desde lejos,
desde aquella frontera intolerable,
desde viejas orillas del recuerdo.

Asidos a la precaria luz,
lentamente se iban,
y yo soy aquel niño que espera su regreso.

lunes, 1 de abril de 2013

Máximo Simpson



A fin de cuentas,

aún no he podido arborecer,
y mi charla fue siempre un balbuceo,
ambiguo, sospechoso.

Algo les falta aún a mis sentidos
para olfatear la dicha,
la fe de los creyentes,
esa fe que resiste
la prueba irrefutable del más ronco alarido.

Aún no alcanzan mis pies para llegar
a las fronteras de ninguna parte.

Soy un hombre inconcluso,
y ya es un poco tarde para intentar de nuevo
mejorar mis reflejos,
o esperar con paciencia
el crecimiento firme de aletas y de branquias,
de ruedas vigorosas,
pues la nada me espera en cualquier sitio,
tal vez en la cocina,
tal vez mientras escribo
esta trivial noticia de mis días.


Hallazgo

Excavando entre ruinas, entre olvidos,
encontré este huesito, este silencio.

Esta minucia,
que resplandece aún entre mis dedos
con una luz muy suave,
es un emanación,
o apenas
el sosegado aroma de un tal vez.

¿Qué hacer con él, cómo cuidarlo?
¿Cómo esconderlo
del tropel de los días?
¿Cómo salvarlos de las autopistas,
de las celebraciones,
de la sociedad y del Estado?

¿Cómo guardar su resplandor?

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Máximo Simpson, Fiesta y Agasajo *





       por  Marcos Silber

Resulta auspicioso registrar la presencia de un ciudadano poeta, de alguien que transita como trabajador de la palabra y, sobre todo, atender y valorar su tarea, y aún más, celebrarla con absoluta naturalidad y justo homenaje. Aunque eso de homenaje tiene sonoridad fatal, solemne, fastuosa. ¿Que tal si elegimos el agasajo, la consideración y el festejo desprovisto de galas doctorales y académicas? Convengamos, hay alguien que apostó su ser y su estar en el mundo POÉTICAMENTE;  Quehacer que compromete de modo ineludible su identidad.  Por eso y mucho más, bienvenidas estas palmas que dignifican la creatividad más allá de la adjudicación personal.  Máximo Simpson es escritor y por su obra se le otorga esta distinción. Pero también por su condición personal, sus atributos ciudadanos, sus virtudes de buen vecino, de tanto prójimo de los “Alrededores”. Se ha dicho que  es suficiente para el poeta, con ser la mala conciencia de su tiempo. Recordemos entre otras iniquidades, ultrajes y escarnios: a Cicerón le cortaron la lengua, a Copérnico le arrancaron los ojos, a Shakespeare lo apedrearon y hoy, mecanismos más modernos ejercen la más oprobiosa de las torturas: el silencio. No se trata de victimizar ni declamar calamidades, si, de señalar al poeta como el obstinado, el invencible buceador de la luz.
Y a este suceso como una modesta reivindicación. Entre nos: la justa revancha contra tanta obscena iniquidad.
Felizmente no soy crítico literario –prueba de la existencia de un dios inteligente- Pero me reservo los derechos de lector, entusiasta, apasionado, infatigable. Desde allí hablo, cuento, opino. Me impacta una constante, un modo de desdoblamiento, donde el autor le habla a ese primer otro, el sí mismo. Ajenidad de sí. ¿Espejo? Por parentesco emocional me remite al distanciamiento brechtiano. Y toca lo cotidiano de modo que universaliza lo particular; atraviesa lo inmediato circunstancial alcanzando lo trascendente existencial.  En su libro A fin de cuentas, encontramos estos versos: Yo me llevo y me traigo por la vida, /y acarreo conmigo, sin relevo,/este cuerpo cansino. (…) el tímido, el sin norte, el bifurcado (…) ¿Debo ser yo, acaso, el guardián de mi cuerpo? 
Detecto, en estos versos tomados de tres poemas diferentes,  un yo previo persistente que se lleva y se trae. No sé en nombre de qué evoco el “Yo es otro” de Rimbaud.
La poesía de Máximo Simpson no se transmite literalmente, entendimiento o pensamiento, sino su síntesis, la concentración asombrosa de su sentido. Poesía con resplandor del lenguaje, por la lógica revelación que acontece al cabo de la ceguera. Palabra que derrota a las tinieblas. Palabra inductora de una percepción emancipadora, con energía que conduce al placer y las sacudidas de la conciencia crítica con el poder resucitador de una palabra que moviliza las emociones y alumbra la razón. Palabra con poder de apertura. Que alegra porque adivina, descubre, recupera, rescata con lo que agrega luz y justicia al escenario de la vida. Provoca inquietud porque sale desnuda a la calle de la historia, desordena mandatos académicos tan anacrónicos como anémicos e irrumpe con ropaje plebeyo entre los cristales de la formalidad. Siento como lector y apunto: poesía sin acrobacias deslumbradoras. Con ingrediente humanista que la revaloriza. Poesía de cara a la vida, al suceso humano, a la suerte de la especie. Atenta a la época y a un lenguaje, y eso le otorga seguro de continuidad. Sobre todo en estos tiempos marcados  por las estridencias de los medios de comunicación  que aniquilan la soledad y la reflexión. El espectáculo, la hipnosis, la exhibición sobre los sentidos, el adormecimiento de la recepción hasta la capacidad crítica. Tiempos de protagonismo histérico. Entonces, dónde se sienta la poesía, la más pudorosa de las artes, la elegida por Máximo Simpson, dónde su poesía.
Pero que mejor antídoto que la obra de este poeta por caso, que propicia la comunión entre el que escribe y el que lee. Oferta iluminadora que señala lo desconocido dentro de lo conocido, exponiendo la historia, el tiempo propio y el compartido. Que mejor antídoto que esta poesía que desaparece al mismo poeta para que aparezca el poema. Que hurga en las aguas más oscuras para rescatar el agua bendita de la transparencia. Allí el lenguaje común aparece como bien común. Y como toda gran poesía propone la eternidad porque transgrede salteando lo circunstancial-temporal. No se trata de un revolté, un ángel exterminador, sino de un  trabajador que pertenece y participa del paisaje humano. Se me ocurre de pronto –la historia nos debe el convenio de una paritaria que haba justicia. Porque su poesía muestra sobre todo, trabajo de conciencia entre el sentimiento individual y el sentimiento colectivo que asegura el vínculo, el entendimiento. Poesía que se afirma como documento de la historia humana, Y esta, como toda poética que merece trascender, es poderoso viento de eternidad. Sus rupturas, sus innovaciones explican el carácter insurreccional de su poesía, de la poesía. Entusiasta economista de la palabra, dice directo sin recovecos, con el encanto de combinar lo imaginario y lo real. Apunto también: esta poesía provoca placer por el lenguaje que es su gran destinatario. No existe premio ni consagración que supere el resplandor infinito de un solo verso, uno de esos que pertenecen  a la más honda esencialidad de la especie, uno solo que alcance para decir la mayor zozobra, la máxima dicha. A esa naturaleza pertenece esta poesía de Máximo Simpson, a la que define la misma poesía. Y esa condición no cotiza en bolsa ni opera como valor de cambio. Está más acá por esperada y necesaria y más allá porque trasciende lo circunstancial  eventual. Este trabajo, esta construcción, esta apuesta, deviene imposible desafío sin comprometer la propia vida. Imposible de fundar sin audacia, sin convicción. Convengamos, esta distinción trasciende lo personal y es extensivo al trabajo de todos los poetas, a todos los afiliados a la empresa de tamaña entrega, a la consagración de dones, al trabajo de y con la palabra. Este reconocimiento nos legitima, nos visibiliza, acredita  ennoblece a todos los que elegimos la poesía para respirar la vida y dar testimonio de sus luces y sus tinieblas. De allí que se impone expresar a Máximo nuestra gratitud por sentirnos tan bien representados. Casi nada, este acto recupera para nosotros el privilegio de sentirnos útiles y necesarios.
Digo: el mayor elogio para este poeta será no señalarlo  como “laureado” sino como reconocido, como arquitecto/albañil de un edificio estético y musical construido con los ladrillos de la palabra. 
La poesía de  Máximo Simpson  o lo que es lo mismo, la vida de Máximo Simpson, su entrega, su desvelo, su apuesta será considerada como su forma de supervivencia, modo de ser, modo de estar. Puede sonar a utopía ingenua proponer a la poesía como  balsa de rescate contra el naufragio, pero nadie, nada, puede negar el poder de la resistencia contra el embate de las oscuridades, el desconcierto, la zozobra, la iniquidad. La palabra poética también como afirmación de vida, y tributo humano identificado como la felicidad.

*Palabras pronunciadas por el poeta Marcos Silber durante el acto Premio a la Trayectoria, otorgado por la Asociación de Premiados Argentinos (APA) al poeta Máximo Simpson.
El mismo se llevó a cabo en el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el 23 de Octubre de este año.