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lunes, 2 de enero de 2012

Mery Larrinua

Tambores
Es el tambor que retumba en mis venas
Mi sangre viaja y empapa mis sentidos
Me uno al color
Al olor
Al viento
A la alegría
La naturaleza se hace presente
Sal de mar
Viento del océano
Luz del universo
Aterriza en descanso ave viajera
Reposa, sana sus alas blancas
Nace el deseo del retorno
Regresa a su nido su ancestro
Su origen
La energía busca energía
La fuente se rebosa y canta
Fresca, limpia, cristalina
Transmite amor, pureza, el candor de su origen
Sus hijos vuelven, la conciencia despierta
Grandioso espíritu alimenta a espíritu
El hombre se une al hombre
Al universo infinito…
Se oyen tambores…


Elena Pasapera Seminario

Desde Lima Perú. Poeta periodista y cantante

apenas dos mujeres

Late el pulso herido del tiempo
implacable reposa y a tientas se desplaza
cunde el espacio de mis pobres huesos
los suaviza y los amasa
¡oh! abril y mayo tibios y helados
tarde serena del reencuentro
cuantos  recuerdos en mi lenguan tiemblan
desfilan uno a uno son cosacos
atrás ya no lloran los hijos que quedaron
... mi madre me observa
huyó la bruma del calvario 
no es sábado de gloria ni Domingo de Ramos
apenas  dos mujeres que recuerdan que amaron.

Elena Pasapera Seminario

jueves, 15 de diciembre de 2011

Aleqs Garrigóz



Aleqs Garrigóz (Puerto Vallarta, México 1986.  Autor a la fecha de una decena de títulos de poesía. Premio de Literatura Adalberto Navarro Sánchez 2005, otorgado por la Secretaria de Cultura de Jalisco. En 2006 aparece incluido en la antología Nueva poesía hispanoamericana, a cargo del escritor peruano Leo Zelada. Premio de Literatura 2008 de la municipalidad de Guanajuato. Periodista cultural. Ha publicado poemas en diversos medios impresos y electrónicos de México y América latina.

ROSA Y AZUL
Recuerdo: estaba el jardín engalanado de grillos y estrellas
la noche que explotó en fuegos artificiales;
el deseo era un trompo que giraba y giraba
en la entrepierna, más adentro de la carne;
la piel inauguraba los chispazos fugaces
que la conducen al extravío;
el aire era un cómplice en tu pelo.
-Nada importaba: sólo tú y el instante.-

Todo me produce ahora lenta, espesa melancolía,
un añorar de la pubertad compartida.

El deseo es, ya, en este punto,
jugar contigo a la rayuela en aquel patio de la iniciación
con la consigna de ir perdiendo más y más pudor..
Que la lluvia lave para nosotros las tardes convexas,
olorosas a ladrillo y hierbabuena,
en las que resbalaremos vez tras vez
para aprender la sexualidad nuevamente,
hasta caer desmayados de fatiga
uno sobre el otro
ya sin miedo a nada.


jueves, 3 de noviembre de 2011

RAFAEL ESPEJO



Poeta y crítico literario español nacido en Palma del Río, Córdoba, en 1975. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada,  fue profesor de español para extranjeros,  y actualmente colabora como crítico literario en diferentes medios periodísticos y como lector para la editorial Pre-textos. Su obra poética se inició en 1995 con "El círculo vicioso"  finalista del «Premio Federico García Lorca». 
Posteriormente publicó "Con" en 1999, "El vino de los amantes" ganador ex aequo del Premio Hiperión en 2001 y finalista del premio «Ojo Crítico» en el mismo año. Con su último libro  "Nos han dejado solos", obtuvo el «IX Premio Internacional de Poesía Emilio Prados» en el año 2008. 
Ha sido incluido en algunas antologías y parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués e  italiano.   
       ©

Aire viciado

Cuando nos falta fe para cremar la tarde
sostengo con el índice la llama de una vela;
y a esa luz palpitamos
de sombra en la pared,
pero no nos abriga.
Como no hacen hogar las mecedoras
(por más que ralenticen el tiempo de tenernos),
ni la mesa camilla, ni el frufrú de las manos,
los libros, la quietud, los días por venir.

¿Qué poso del amor no quiere aquí asentarse?

Ven,
vamos a abrir la puerta.
No precisamos techo para hacer pie,
míralo así:
tampoco tienen un lugar las nubes
pero pasan.
Y cuando acaso alguna se equivoca,
o queda rezagada,
o el viento la desvía,
no importa, también pasa.

De "Nos han dejado solos" Pre-textos, 2009


  
Amour Fou

Apaguemos la vela y en silencio
hagamos el amor palpando sombras.
Que crujan de placer nuestros desnudos.

Que las ondas de aliento entrecortado
te rocen el fulgor de los pezones.
Probemos de esta miel la noche toda.

Luego me marcharé sin despertarte:
no dejaré ningún beso dormido
sobre tus labios blandos y entreabiertos.
 

Y olvidaré las calles que desande,
por si vuelve a surgirnos la ocasión
de querernos como desconocidos.

De "El vino de los amantes" Hiperión, 2001

ººººººººººººººººººº

sábado, 24 de septiembre de 2011

MARITA RAGOZZA


LA CIUDAD DESPIERTA



HAY TANTO POR DECIR

Repta la luz en el ramaje y a veces es invierno donde el  frío de la mañana es un músculo que no se  mueve. Unos pasan temprano. Apurados. No tienen ganas de hablar.
Otros balbucean palabras incomprensibles. Cada uno en su órbita sin tocarse.
La ciudad despierta como un feroz animal y sobre las calles se estrella la indiferencia. Una porción de humanidad se muere en un tacho con otros desperdicios.
¡Hay tanto por decir!

“Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”
GABRIEL CELAYA

Vivo mendiga de milagro
en la sola  dicha de los sueños.
Oh, azar
vellón que se devana sin saber quién gana
asombrando palomas y mariposas heridas
en lo alto un ángel rumorea alas
y dibuja un arco donde se cruzan las palabras
que van de soledad a soledad.

La intensidad de cielo
descansa sobre mi salud
y velo la vida de hermandad sin preguntar la raza,
soy mano tendida y llagada
que se pierde en el tiempo
va al centro del amor
y basta el azul del medio atardecer
para que tiemble la humanidad con que nací

Tengo palabras como flores
que no cubren los cuerpos helados
no son pan para el hambre
ni alivian la sed de misterio
ni encuentran el agujero
por el que se cuela la muerte en el hilo de la vida.

Le pregunto a quien manda ¿Qué crece ahí?
Injusticia.
Le pregunto al viejo caminante y me dice:
Distancia.
¡Hay tanto por decir!

Marita Ragozza De Mandrini



domingo, 6 de marzo de 2011

AMELIA ARELLANO


AMELIA ARELLANO



“HAY QUE MATAR EL MENSAJERO

“Si hay victoria en vencer al enemigo,
la hay mayor, cuando el Hombre
se vence a si mismo”
JOSÉ DE SAN MARTÍN
(25 de febrero  de1778- Fecha probable de nacimiento)

Había que matar al mensajero, amor.
Calcinar el mensaje. Lapidarlo.
Vaciar la memoria y las ideas.
Momificar la carne.
Apagar los relojes. Detener el tiempo.
Hoy es hoy. No hay ayer.
Hay que borrar las huellas.
“No hay muertos, solo desaparecidos”
Cerrar los ojos, los oídos, la boca.
No mires, no escuches, no hables.
Hay que talar árboles, raíces, frutos, brotes.
Matar al enemigo, amor.
Dejar vivo al Flautista de Hamelín.
Alimentar hocicos y cuidar el queso.
Apagar el sol. Tapar la luna con las manos.
Detener el río. El mar y las mareas.

Yo te visto, tristeza, de rodillas.
Abatida entre huertos de angustia.
También te he visto, levantarte.
Elevarte entre tristísimas naranjas.
Acariciar la desnudez de los duraznos.
Vencer al enemigo que hay en ti.
La luz, inmensa gira.
Entre molinos, vientos y revoluciones.
Gira, gira.

Amelia Arellano


miércoles, 26 de enero de 2011

Margaret Atwood: La soledad del historiador bélico


Margaret Atwood

               
  


La soledad del historiador bélico


Confiese que a usted lo que le alarma
es mi profesión,
motivo por el que pocos me invitan a cenar,
-aunque Dios sabe que me esfuerzo por no dar miedo,
que el corte de mis trajes es sensato
huelo a lavanda, acudo al peluquero,
y no presumo de crines de profeta,
con serpientes y todo, por no alarmar a los más jóvenes.
Si hago girar las órbitas y farfullo a veces,
si me aferro a mi corazón y grito de pavor
como actriz de tercera en escena demente,
lo hago en la intimidad, sin más testigo
que el espejo del cuarto de baño.

Por regla general, estoy de acuerdo:
no deben las mujeres contemplar la guerra,
ni sopesar sus tácticas con ánimo imparcial,
ni evitar la palabra enemigo,
ni ver ambos bandos sin decantarse por uno.
Pero sí deberían marchar por la paz
o repartir blancas plumas como premio al valor; sí deberían
ensartarse en las bayonetas para proteger a los críos
-cuyos cráneos de todos modos serán destrozados-
y ahorcarse de sus propios cabellos
tras ser violadas una y otra vez:
son funciones ésas que inspiran paz y tranquilidad,
como también tranquiliza verlas tejiendo calcetines para los soldados,
subiéndoles la moral,
y llorando a los muertos
(hijos, amantes, etcétera,
todos los niños asesinados).
Sin embargo, ahora diré algo
franco y rotundo, nada amable.
que espero se tome en serio,
La verdad no suele ser bien recibida,
-sobre todo a la hora del almuerzo-
aunque provenga de un profesional tan experto como yo.
Me ocupo del coraje y de las atrocidades
y las contemplo sin condenarlas;
escribo las cosas tal como ocurrieron,
con máxima precisión en los recuerdos,
sin preguntar por qué, ya que casi da igual.
Las guerras ocurren porque sus iniciadores
creen en la victoria.
Dormido, sueño con cierta grandeza
con campos que los vikingos abandonan
para irse a saquear y matar unos meses
al año, como chiquillos que salen de caza
- cargados de esplendor regresan
los que en la vida real fueron labriegos-
y con musulmanes que luchan contra cruzados
y cimitarras que cortan
seda en el aire
haciendo que torres enteras de armadura se desplomen
y es la lucha del fuego contra el hierro
o de lo romántico contra lo banal, como diría algún poeta.
Pero al despertar, más lúcido,
sé bien que no hay monstruos
(a pesar de la propaganda,
ningún monstruo que al final pueda enterrarse;
que si se acaba con uno,
inventarán otro la radio y las circunstancias).
Créanme si les digo que ejércitos enteros rezaron con fervor toda la noche,
y los mataron igual.
Suele vencer la brutalidad
y hay hazañas
fruto de dispositivos y de mecanismos
como el radar.
A veces, como en las Termópilas,
cuenta el valor o tener la razón
aunque a fin de cuentas el victorioso,
por tradición, decide qué es virtud.
Hombres hay que se inmolan
por el bien de los otros, que explotan como granadas
de vísceras: loable, sin duda... Creánme
que también el cólera y las ratas
y las patatas (o su carestía)
ganaron muchas guerras.
De nada sirve (aunque impresione, claro) poner tanta medalla
al pecho de los muertos.
...Las grandes hazañas me deprimen.
Al servicio de la investigación
muchos campos de batalla recorrí
plagados de minas y de huesos,
aún húmedos por la pulpa de cadáveres,
campos que al llegar la primavera reverdecieron
sitios debidamente reseñados...
Tristes ángeles marmóreos guardan como gallinas
los nidos de hierba donde nada se incuba
(ángeles que, según el ángulo de la cámara,
podemos llamar vulgares o implacables)
y en sus portalones aparece mucho la palabra gloria.
De todos esos sitios, lógicamente
(porque soy tan humano como ustedes)
corto siempre una o dos florecillas,
para hacerme un souvenir, prensadas por la Biblia
del hotel que me hospeda.

...Les ruego que no me pidan una declaración,
mis artes son la táctica y la estadística;
sólo diré que por cada año "de paz"
hay cuatrocientos de guerra.

©  / Traducción de Amparo Arróspide

CRISTINA VILLANUEVA


CRISTINA VILLANUEVA


  
Y el olor de la leche sueño juego comida

Ellos, sucias manos al acecho.

Ellas sin antojos ni cursos
 ni mamás ni compañeros

Ellos, el asco verde.
Parteros al revés.

Ellas, con los ojos vendados,
las muñecas atadas

Ellos descreadores de vida-
Criadores de gusanos.
Violadores del pacto
del cuerpo con la historia
Ellos,  estrategas del odio.
intentan deshacerlas.
Abrir el mecanismo
Para saber como ellas,
con los ojos vendados,
las muñecas atadas
 en la marea verdosa de ellos mismos,
parían y parían .

 y el olor de la leche, sueño, juego, comida
y el otro verde fresco de los árboles.

Cristina Villanueva

sábado, 22 de enero de 2011

POEMAS INÉDITOS DE GIANNI SICCARDI


  

GIANNI SICCARDI entro en la vieja casa 

(poema  perteneciente al libro inédito Palabras sueltas.)  


La casa bosteza su pasado
en el lamento de los tatuajes del techo
grietas que guardan las miradas furtivas
de sus antiguos habitantes.

Crepitan las historias oxidadas de los muertos.
en la memoria de la casa
sus risas grotescas
sus estériles agravios
que entran y salen
de la cárcel de las habitaciones
sus fugaces deseos repentinos
a media luz
que nunca se jugaron la vida.

La sombra mezquina
de sus minúsculas batallas
sube lentamente por las paredes
y una gelatina de humores sombríos
avanza con un gemido amenazante
y se apodera
de las secretas cicatrices de los zócalos
del silencio pudoroso del placard.

Los gritos de la casa
sus alcobas inconfesables
aparecen de pronto en sus cerraduras trabajosas
en sus espejos
atiborrados de caras desconocidas.

Y esos aullidos amordazados
que interrumpen la noche
¿Son los llamados paganos de los vencidos
antiguos habitantes
o los desvaríos de la casa
y su vendaval de ausencias?

¿Y ese rumor de ropa tendida?
¿Ese olor suculento a guisos?
¿El golpe de viento en las ventanas ajadas
y el arrastrar de sillas en el piso indefenso?
¿Y la música gangosa de una radio
que todavía se queja de sus achaques?

Estas habitaciones
me echan en cara su pasado irreparable
sus trabajos para sobrevivir
a tantas historias
y muecas y diálogos fracasados
y pequeñas traiciones domésticas.

El centro de las habitaciones
donde se palpan
los cuerpos enredados de los amantes
y sus asfixias y ceremonias y delirios
sus gestos demenciales
sus respiraciones de náufragos
sus besos a la deriva
la celebración de la eterna fogata
donde crecieron los sexos
y se abrazaron.
Palpo sus suspiros desgarradores
que iluminan toda la casa
y la casa se estremece
con una alegría insensata.

¿Merezco este lugar
estas paredes?
¿Podré sobrellevar los excesos
de los desconocidos antepasados?
¿Podré ser el legítimo heredero de esos años?

Extranjero
advenedizo
intruso
extraño
usurpador.

Entro al baño
y veo a sus mujeres
que enjabonan sus cuerpos sagrados
detrás de la cortina.
Ahora
la exactitud de los gestos rápidos
de la eficaz mujer solitaria
que verifica con mirada higiénica
el trabajo de sus manos asépticas
sobre el mapa de su piel.

Ahora
La lentitud de esa otra que adormece
los rincones más redondos de su cuerpo
bajo la sensualidad de la lluvia caliente
y se demora en ese refugio
que le oculta el mundo
y el jabón encuentra
entonces
su verdadera naturaleza
de espuma soñadora
de crema voluptuosa
de miel reparadora.

Salgo a la libertad del patio
y las voces de los chicos
se me suben a los hombros.
¿Serán ahora ancianos
abuelos
penosos jubilados
acortando las tardes frente al televisor
o inventando el pasado
con sus débiles voces quejosas?

¿Por qué dejaron la casa?
¿Por qué permitieron
que el intruso que soy atravesara la puerta?
¿Nacieron aquí?
¿Murieron aquí?
¿Escribieron aquí cartas de abandono y desasiento?
¿Sonó el teléfono para destrozar sus lágrimas?
¿Amaron hasta la extinción de sus cuerpos?

Permiso.
Déjenme entrar.
Soy el nuevo ocupante de la casa.