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martes, 24 de agosto de 2010

INVITACION que te hacemos entre "Perfiles del Tango " y "Baires Popular” en reconocimiento a la poeta 

Mart@ngo  Pizzo: a la gran Muñeca del tango

Marta Pizzo

En la
Esquina Homero Manzi  
Avda.San Juan 3601 (4957-8488)Bs.As


Sábado 11/09/2010 - 17 hs.
Entrada libre y gratuita

Homenaje argentino-uruguayo, .

jueves, 19 de agosto de 2010

Ernesto Ramírez nos envió el siguiente texto aparecido en La República de Montevideo. Deseo editarlo como una comparación entre el divismo vacío y disfrazado de algunos, y la modestia de quien se jugó con modestia y entrega total sin pedir títulos ni que lo difundan. Andrés Aldao

 


Murió Julio Adán Sánchez (Chómpiras).


Por Ismael Errandonea

Julito nació el 1º de abril de 1950, en un hogar humilde de Maldonado. Criado con austeridad, aquel niño tartamudo terminó la escuela y el liceo, pasaron los años y como tantos uruguayos pobres del interior, entró al Ejército.
Pachecato mediante, Medidas Prontas de Seguridad, llegó a 1973, donde se instalaba la Dictadura la cual a él lo maduró de apuro. Por negarse a maltratar presos, sus mandos decidieron agarrarlo como ejemplo para el resto de la tropa. Le dieron a mansalva, lo enjuiciaron como traidor a la patria y lo metieron preso.
Producto de varios meses de "tratamiento intensivo", enfermó mental y físicamente.
Pasó 12 años comiendo polenta, ni más ni menos, sólo polenta.
1985: producto del clamor popular, terminó la dictadura y salieron todos los presos. Él no. Pasó de ser juzgado por un tribunal verde (militar) a otro blanco (Médico). Lo dejaron "preso" hasta 1992. Fue el último preso político en ser liberado.
Comienza una nueva vida con una pensión por militar retirado más pensión por enfermedad.
Se dedica a cuidar coches, participa en cuanta movilización popular hay, y en esa militancia se pasa a llamar "Chómpiras".
En las elecciones de 1994, realiza un trabajo de hormiga para hacer campaña a favor del FA. Se sube a los ómnibus a hablar con la gente.
Producto de esta terapia (que ni el mejor fonoaudiólogo hubiera recetado) deja de tartamudear.
Un tipo austero despojado de todo bien superfluo, austero en serio, que vivía con lo puesto, el resto lo daba, salvo la "cantora", porque era un gran amante de la música del flaco Zitarrosa.
Un veterano de cara curtida, pero de alma joven, pues disfrutaba de juntarse con los muchachos.
Pescador de camarones.
Conoció todas las maneras de ingresar en las listas del Clearing de Informes, pero siempre para dar una mano a alguna familia necesitada. Regaló 4 casas a familias diferentes, mientras él deambulaba en pensiones, casas de amigos o familiares. Se endeudaba para comprarle surtidos a los que necesitaran.
Se dedicó a escribir poemas y a promocionarlos en los ómnibus. Así Montevideo conoció al "poeta del ómnibus".
Vaya un homenaje a ese monumento en vida a la solidaridad, a la sencillez, al compromiso con los más necesitados, militante de todas las horas. ¡Salud!. ■

Enviado por Ernesto Ramírez

lunes, 9 de agosto de 2010

Huesos desnudos

(Una carta de Eric Domergue a su hermano Yves, secuestrado y desaparecido durante la dictadura a los 22 años, leída ayer en la Iglesia de la Santa Cruz) tomado de Página12 - 9/VIII/2010,
Cuando pienso en la barbarie de los militares, en la crueldad de sus actos, en la frialdad de sus crímenes, vuelve a mí aquella aspiración personal elucubrada en la soledad y la impotencia del exilio, con los ojos rojos por el llanto y la cólera... Aquella demente pero justificada condena: alinear a todos los milicos criminales, sus cómplices civiles, policías y demás, al pie de la Cordillera de los Andes, atados desnudos a cientos de postes, y dejarlos allí y así, hasta que sientan en sus cuerpos asesinos que no hay  para ellos otra leche de clemencia que dejarlos allí para la meditación y la contricción...  hasta que la muerte se apiade de esas fieras (Andrés Aldao)
º º º º º


Veo tus huesos desnudos. Huesos perforados, delicadamente ordenados en una mesada.
Te miro y te reconozco.
Veo tus huesos desnudos, recorro tus miembros delgados, no quiero que tomes frío... entonces te arropo.
Te arropo con tu primer grito en una clínica de París a la hora de la siesta del verano del ’54.
Te arropo con la sal del ancho mar que nos transportó a tierras desconocidas y argentinas.
Te arropo con la ascendencia que siempre te confirió ser el mayor de nueve hermanos.
Te arropo con aquel pulóver rojo igualito a mi pulóver rojo y al pulóver rojo de nuestra única hermana mujer tejido con incansables manos de madre.
Te arropo con el corte de flequillo recto y nuca tapada, especialidad paterna para tus hijos varones.
Te arropo de cowboy y de tus furibundos ataques con disparos de cebita, persiguiéndome entre los maltratados malvones del jardín. Por fortuna, siempre corrí más ligero que vos.
Te arropo con tu camiseta blanca cruzada por una banda roja, disputando el mismo balón de cuero número cinco, yo con los colores de Boca bien pegados al pecho.
Te arropo de uniforme escolar, de monaguillo, de mochilero, de apasionado por los números, de inquieto estudiante universitario, de naciente militante revolucionario.
Te arropo con las canciones de Daniel Viglietti para juntos volver a entonar la cubana “Canción del elegido”, esa que dice “Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida”.
Te arropo para nuestros encuentros furtivos cuando el país ya era una gran trampa y vos un clandestino más.
Te arropo con tu único saco rústico, azul, gastado, y con tu postrera y ojerosa sonrisa frente al objetivo en el invierno del ’76.
Te arropo y vuelvo a devestirte de galante amante de Cristina, tu compañera.
Te arropo con los plomos que te apagaron y ahora se vuelven contra quienes te quisieron ocultar por siempre.
Te arropo con los yuyos y las moscas de Carreras, con la tierra de Melincué que abonaste con tu carne dolida, con las flores sobre tu tumba posadas por manos desconocidas para muertos desconocidos.
Te arropo con los guardapolvos blancos de niños y docentes empecinados en ponerles nombres a los habitantes más anónimos del paraje.
Te arropo con seis gotas de mi sangre para que tus huesos y mi plasma se fundan en un mismo e irrefutable ADN.
Te arropo con la mano amiga de quienes te encontraron, te desenterraron, te cuidaron, te devolvieron una identidad y una familia.
Te arropo, te vuelvo a desvestir y te llevo conmigo.
Hermano, amigo, compañero.
Partamos en busca de más huesos desnudos, que quedan tantos por hallar
 º º º º º º º º º º º º