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domingo, 19 de octubre de 2014

Cristina Villanueva



EL REY DESNUDO 

El rey está desnudo, grité. Es inevitable, el amor por la verdad se paga caro, pensé cuando vi que los guardias se acercaban.
Me dejaron a solas con él. Me preguntó si me animaba a refrendar lo dicho. Temblando por lo que podía pasarme, repetí: Está desnudo. ¿Qué podía hacer si lo único que lo vestía era la corona?, ¡y le queda tan bien!. Por una vez me equivoqué, mi denuncia no me ocasionó problemas Todo lo contrario, me trató como a una reina.




Algunas tardes

Del lado de la luz, la mesa con su mantel bordado de flores de Guatemala tiene cajas que guardan poemas, pequeños cuentos que se ofrecen.En un labrado porta Corán se sirven tanto servilletas como textos, asoman inesperados giros.
Los libros cercanos invitan a navegar ese mar del lenguaje. Convidar palabras:
muelle, mórbido, huella, preciosa, almohada, hada, Alhambra-.
Como si las palabras bien hiladas, bien dichas, obraran como  bendiciones,  agradecimientos sobre lo que nutre.

La vida es bella!!! a pesar de, las tragedias, la muerte, la maldad, la vida bulle, intenta, busca resquicios por donde pulsar en medio del dolor, arma escenas para hacerle frente  a lo que va a llegar y ganarle pequeñas batallas. 
Resbalo por la tarde como el cansancio por la piedad del declive, un regalo de Borges para esta mesa.
Sobre el pan, antiguo compañero de la humanidad, resbala el queso su ternura salada. El tomate rojo es como una flor abierta, orégano, rúcula, algo verde, completan la imagen simple  y sabrosa. El calor del horno  precalentado, si el pan es lacteo  mejor, se le sacan los bordes.Es tan simple, trae, como cuando la magdalena de Proust se moja en el té, un universo complejo de recuerdos. 
Surge una casa blanca  cerca del mar, los picaflores, los amigos.

Con el silencio verde alrededor, otra casa,  un arroyo, amigos, niños  y un hombre que plantaba árboles y flores.

.
Detrás de la palabra está el caos, cada palabra es una valla, nos dice Henry Miller.  
Intentos para formar la reja con olores y sabores.

 Receta, un poema, rodajas de ese pan  como ya les conté, y el café que despierta  como  un antiguo espantamuertes. Leche que sació la sed primera y si pueden lo verde, un jardín , una maceta o una  hoja.

Cristina Villanueva



miércoles, 4 de junio de 2014

Cristina villanueva

Todo me sale mal

Miró el río por última vez, se iba a tirar con piedras en los bolsillos, sin vuelta atrás.
Quién podía imaginar que su plan perfecto iba a ser desactivado por ese hombre fuerte que la tomó casi en el aire.
 Cuando  cenaban en un  lugar maravilloso, frente el mar, al que llegaron  en el avión privado de él,   le  preguntó la razón por la que había tomado una determinación tan extrema. 
Ella contestó con un mohín mientras estiraba su mano para que él le pusiera el anillo de brillantes¿no ves que nunca logro mis objetivos, que todo me sale mal?

                                        *******

Perfume encontrado como una aparición, excitada compra al pie del viaje. Manifesto nombre igual al del diario italiano, leído en trenes, su frenesí de izquierda, Rosselini, Roma Ciudad Abierta, los nazis, los ojos negros de la Magnani, las mujeres que se expanden hacia adelante en el despliegue  de los pechos, de los gestos, de las gestas. El cuerpo en la pasión alegre de las manifestaciones, triunfando sobre los campos de todos los exterminios, gotitas de sol y de gritos, puño cerrado, caricia, el ruido del tren comiendo los caminos  que ofrece en el comedor sus pastas coronadas en rojo. Las ventanas me atraviesan de paisaje, soy ese paisaje que cae desde lo alto, enredado de flores que arañan el vacío del aire buscando el mar. Taormina. la costa Ligure, la costa Malfitana, esa misma pasión vertical ese abrupto balcón buscando el agua mientras desciende por escarelas vegetales. Sacco y Vanzetti el tranvía donde el capitalismo torna la anarquía en muerte. Golpes de tinta, tipógrafos, perfume de la lucha por ser a pesar de esas muertes y de las otras, el pecho libera, liberando su propio aroma en la energía del no o del si, cuerpo que habla la palabra que encuentro como una incitación o un secreto.  Piel manifestandose ,deseo en la cabeza que sacude mandatos y todo en el llamado del perfume. Me visto de él, subversivo desafío a los vacíos. Ese diario y los libros en el idioma oido en la  niñez, adornado de albahaca y de misterios, los cruces de océano ,  los brazos de la abuela amasando la redondez fragante de la pizza, los ojos del chico penando la bicicleta robada con una porción en la mano. Otra vez el tren. entre los rastros de lo no dicho, cine, vino dulce, sambayón. Me vuelco el olor junto al tesoro de su nombre, buscando atraer labios, historias, ese Pirandello de Caos despidiendose de los ojos en los que había sido.
Ahora si tan dolor dolar en este país de bolsas negras hurgadas como el último tesoro del desastre.
Ahora si, lejos de ese mundo, casi sin puentes. Sacco se llama Costeki. 

Cristina Villanueva


lunes, 25 de noviembre de 2013

Cristina Villanueva


Esa calle


Yo conocí una calle que está en cualquier lugar

Una calle que da al mar,

a la caída del sol, al incendio


una calle que termina en jardín

un jardín que se abre

una calle que se pierde en la selva

una calle que linda con el grito

con animales de seda innumerables

 y barcos que se mueven en la luz
con ceremonias que matan el desierto
 

 Decir yo he conocido

Es decir la presiento.
 .
Esa calle me espera
 desnuda de carteles

alguna vez voy a llegar a ella

voy a reconocerla.

Cristina Villanueva



sábado, 27 de abril de 2013

Cristina Villanueva





El cielo tan deseado


En mi cielo, las voces  de los autores me leen sus textos en la oscuridad. En mi cielo estabas, te preguntaba algo y contestabas o consultabas los libros, esperaba tu explicación con la sonrisa de la que recibe una joya. En ese mismo cielo los picaflores tomaban de tu mano su leche de azúcar y vos plantabas flores cuidando los colores. Pintor - jardinero de lo efímero. El mundo se  abría con viajes y libros, antes de las pantallas. En ese mismo cielo Benito, Uma y Huayra aprendían de vos la conversación, cierto arte íntimo para cubrir las paredes de belleza. Todos nos sentábamos a ve,r cuando  por las  noches les leías  cuentos, como salía a volar el pájaro azul que, ahora no tanto, se les  pide a los hombres que no muestren..También estaba  la plaza de Egipto. en el momento más alto de la alegría de la lucha En ese cielo “no pasaran” decíamos y nunca pasaron.Trabajaba de leer diarios y desparramar a cada cual las noticias que les interesaban, el café salía de las  canillas. En lugar de propagandas tiraban en  el umbral poemas para que la mañana brille cuando se sale a la calle .Siempre había una mirada enamorada, salir  a festejar, carnavales, la libertad, el contacto. En mi cielo me acunaba en la plaza o lloraba con otros .El cuerpo vivía y contaba, las cirugías no modelaban a las mujeres, la vida si. Mirá esta es la voz,  tan casi de niña, con la que dije mis verdades y mis dulzuras. Mirá con estos ojos, descubrí a Miguel Hernández, hace tanto, se me llenaron de rosas en la fiesta  del sol  que se esconde en Kee  West,  miré caminar a mis hijas  y las sonrisas del principio ¿El cuerpo es la perfecta foto de una estrella de cine o ese recorte con forma de  corazón en un vestido por el que se busca atrapar una mirada?¿El arte es lo perfecto o lo que uno hace con lo que le falta? El cuerpo es el placer de  tirarse desde la montaña  de arena que es un Everest en la infancia, y la frescura del  agua, alma acariciante,  para flotar .Es un llamado, un regalo para otro .A veces uno se envuelve en papel celofán.  y es una fiesta si alguno sabe desenvolverla .En mi cielo una pequeña florcita blanca, se posa sobre el negro fondo de la taza de café olvidada  en el jardín,  muestra en su contraste, que hay también un luto esperando, un pequeño infierno que la flor de pétalos abiertos atenúa y sobrevuela .Desde mi cielo no se ve el cielo, como lamenta Monterroso, pero sí se lo  escribe que es una manera de curarle las heridas o de verdad soportar que no exista salvo por llamaradas.


 Cristina Villanueva



miércoles, 20 de febrero de 2013

Cristina Villanueva



 
Placeres textuales

El sabor del texto

Lo que no se puede decir, perdido o inventado, busca , sondea la memoria. Siempre es  con otros la comida,  recuerdos de mesas, fiestas  o miradas.

 Desde esos animales expulsados de los árboles que fuimos,  pasaron  miles de años, infinitos casi, de tantos miles incontables, hasta el fuego  y el alimento entre las llamas.El alimento y la palabra en el círculo que ampara.El alimento, la palabra, el beso, donando a la boca   su sentido. El alimento que no es el que tuvimos entre los labios, al menos no es sólo ese, es también encontrar entre las hojas verdes, las  hojas de los  libros que cuentan colores y aromas que nunca  probarmos. El barco que vino trayendo abuelos con sus recetas paisajes Sicilia tanto mar y azahares, desborde y España con un chocolate espeso, oscuro de lejanos  cumpleaños.   El mundo abierto en las costumbres  de otras casas, otros paises.La eternidad y el paraiso perdidos por una fruta.

El cielo que buscamos, a lo mejor sin saberlo en los bocados. 


Placeres del lenguaje


Palabra delicia, 

                     señuelo,

sostenida en los bordes,

                tiembla



Es sólo un  beso en la nuca de la página.



Receta a inventar

Una bocanada de gracia sobre la asfixia, el desierto, el desgarro.


Andanada de la boca abierta a la vida, buscando los hilos deshechos por el tóxico o  desintegrados  `en la anemia

para tejer  un tapiz sobre el horror - agujero.


¿será el telar la vida ?

¿ y la alegría que surge de
amansar el dolor 

  el arte  ?

jueves, 31 de enero de 2013

Cristina Villanueva


Ellas se indignan

Antígonas incesantes
marean la Plaza
con el desasosiego de la ausencia.
Recortan figuras en la memoria de luz
que tiene el aire.
Ponen la indignación al alcance de todos,
como un regalo,
para que no le sirvamos de felpudos
al espanto.
                  
Cristina Villanueva

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cristina Villanueva





El Lenguaje de las Flores 





Las flores me miran desde la ventana cuando preparo el café. La lluvia les puso un vestido de gotas. Contentas con la lluvia y con el lugar en que las ubiqué, una regadera azul. Están intercambiando aromas con los otras habitantes del jardín.
cuenten algo.

¿Aleph sonoro? Guardan un íntimo secreto, una historia de sabios pétalos desplegados en harenes. Harenes  donde la única tarea es el roce de la  flor con el cuerpo, una anticipación del paraíso
Harenes donde vuelcan su jugo sensorial en la garganta de la que cuenta. Harenes donde la flor penetra la boca. Se vuelca, se transforma en palabras, habla, ella se salva.

Anda ahora las calles, sabores de  mercado, hace compras, puso la flor cerca del alma, se mezclan en su cabeza los alimentos en la fiesta de Babette imaginada. Adentro de la blusa la flor, se mueve al respirar, sueña la mesa tendida, manteles blancos donde ella reinará, un rosa girando al rojo, abierta hacia el cielo, creciendo.    

Sale del comedor, de la cocina, de los almohadones en el piso del harén, bordados  relieves. La flor se mezcla con los libros, los cafés, las discusiones, el diseño de otro posible mundo.  

La flor  manifiesta, a veces sangre.

Se acerca al río. El río no tiene sirenas ni endriagos
alguién viene de arrojar su flor, se abrazan llorando, el llanto es hondo, tan hondo como el rio, como el dolor, como los cuerpos que quedaron allí separados del nombre.  
Cada lucha contiene la fuerza de  la vida  que no termina de ser abatida  con la muerte.

Esas obreras quemadas en la fábrica, hermanas de ayer...pidiendo pan y rosas.

Flores en la cabeza, por dentro, animando la belleza de pensar  lo nuevo, lo que casi no se puede.

Flores en el cuerpo, caricia, perfumes, flores como manos, como lápices para escribir con los tallos.

Para bien venir a los niños cuando llegan al mundo, para acompañar a los que se van, para honrar a los buscadores de justicia. 
                                       
Flores, un lenguaje... 

Cristina Villanueva

viernes, 7 de septiembre de 2012

Cristina Villanueva




La hora de las palabras*
La lectura es un puerto de partida, un viaje, una aventura, una ventana, un horizonte. Los libros nos hacen por dentro, aún los que no leímos forman parte de nuestra subjetividad. Se derraman en adjetivos en nuestras charlas: quijotesco, dantesco, kafkiano. Se entrelazan con las imágenes del cine y con los cuentos que nos narraron. Se hacen amigos nuestros que comparten el hastío de la espera. Descubrimos que hay autores, personajes que pensaron y sintieron como nosotros y pueblan nuestra soledad. Nos vuelven detectives que buscan lo escondido del iceberg. La literatura tiene muchas formas de nombrar y contar los pocos temas elementales. Los libros son escaleras para escaparse de la banalidad. Instrumentos para reflexionar. Maneras de salir de un mensaje único que la sociedad de masas (a través de los medios de comunicación) tiene preparado para nosotros. El sentido de la vida puede estar en la línea de un libro, o quizás el sentido sea su búsqueda. Ese viaje nos dará el placer de encontrar fulgores dormidos en sus páginas que algunas veces se despiertan con nuestra mirada. 


Cristina Villanueva

jueves, 24 de mayo de 2012

Cristina Villanueva



Cristina Villanueva
 

LA MUÑECA HÚNGARA Y LA ESFINGE


Conocí a la Esfinge en persona. Desafiando  al tiempo, soberbia, magnífica, casi invulnerable. Distraída ante la inmensidad de esa mujer oráculo, no escuché los detalles que daba la guía acerca de cómo se había convertido en una disminuida nasal En el Museo Británico encontré la explicación junto con  la nariz perdida de la esfinge.

Budapest, el río  separa en dos la ciudad. Hay una explosión de arte en muñecas, colores y bordados, como una sangre viva que narra. Erguida a través del tiempo, una belleza que no se parece a la piedra, más bien una pregunta de belleza. Compré una muñeca y la usé como un oráculo privado. Atravesaron ella y la pregunta un largo viaje en tren, bajando en muchísimas estaciones, la muñeca, apuesta o desafío, no se quedaba en los lockers, venía con nosotros tan necesaria como el cepillo de dientes, tan mía, tan secreta.
Muñeca húngara viva  con puntillas y polleras que orillan lo  impreciso,   pude preguntarle lo que no me animé a la Esfinge.Porque para interrogarlo el otro tiene que quedarnos a mano en una calidez de pueblo bordador. Me puse a acariciarle la zona inaccesible de símbolo, como un horóscopo suave me respondió que se puede sostener la belleza aunque no sea simple. Después  dialogó con otros objetos hijos de artesanos, de viajes y de un ojo distraído que tiene a veces un sobresalto de luz para encontrarse con muñecas, títeres, máscaras, barcos, nacidos de  las manos de los pueblos a los que les sobra color y les falta sobre todo la grandeza inmutable de la Esfinge.

Cristina Villanueva

lunes, 26 de marzo de 2012

Cristina Villanueva


 
Los no del todo idos de marzo

Recuerdo  las palabras de HannaArendt en el juicio a Eichmann: "Lo inquietante en la persona de Eichmann fue justamente que él era como muchos y que esos muchos no eran perversos ni sádicos sino terriblemente normales. Normales que dan miedo".
. El  otoño  con belleza descuidada desanda las hojas de su abrazo de árbol.
Hace tantos años pienso. Uno, o mejor una, o digamos yo, la mañana del 24 de marzo  de 1976 caminaba Callao hasta que vi esa sangre, expuesta pero no nombrada.
 Al día siguiente busqué la noticia en el diario, no estaba. Fue el comienzo de la unión perversa de la exhibición y el silencio. El miedo entonces fue un vestido compacto, todas las formas del miedo, aún esas que no habíamos conocido.
El miedo a lo que no se nombraba, la amenaza que no era posible disolver con palabras. Tomaba cuerpo, era cuerpo. Dolor de la garganta que no habla.Sueño que se escapa, pesadilla, desamparo. Ningún interior era posible,seguro. Alma expuesta, fractura de los símbolos, de la lógica, del pensamiento que no puede con lo impensable. Andar calles infectadas de uniformes, un verde repugnante, tan distinto al verde-vida. No se sabía que era lo que te podía perder o salvar.
Ciudad dónde todo estaba sospechado, ser joven, vivir, pensar, vestir de cierto modo, juntarse, algunas profesiones, estudios, lecturas, libros,cuadros. En fin, todo lo que quería y era mío. Para ser o estar tranquila habría tenido que no ser, no desear la libertad, no soñar otro mundo, no pensar. 
.Ese volcán estancado, interno, explotó una noche en cantos cuando esperábamos el día siguiente, el primer día de la democracia. Luego vinieron las lágrimas, lo acumulado se volcó en palabras y nos volvimos a adueñar de sentidos, sentimientos, sutilezas. Seguro que la memoria de la piel conserva ese terror.
 Ellos, sus mandantes, sus cómplices, los que nunca se dieron cuenta de nada, la prensa y la iglesia socios en lo siniestro,. hicieron real lo que tiempo antes sólo podía ser ficcional. Nos trajeron esa helada certeza de lo que puede pasar entre normales. Tantos, tan normales que desvían la mirada y dejan a las víctimas en el infierno. 

.Cristina Villanueva

viernes, 9 de marzo de 2012

Cristina Villanueva



 Los libros y las mujeres

Camina con animales en la cabeza, a veces cántaros. La  mirada va  más allá, del otro lado del mar: Lo que lleva sobre los círculos de rulos, le da al andar un orgullo ondulante.Los animales de lo íntimo, cerebro adentro, son suaves, seda de pieles que se tocan, soberbios de belleza, inocentes.Los gestos del cortejo la impregnan hacia adentro con la perfección de la selva cercana. Baile de juegos y fuegos, pájaros, gacelas, leopardos, leones, tigres, mariposas. Gritos, susurros, zumbidos.
 En la otra orilla del mar  a las  mujeres les cortaban la selva en pedacitos  dejando algún resto verde, distraido, casi gris.
 Los libros en la cabeza, orgullo al caminar , ayudan a escaparse por grietas, a nadar contra la corriente.   
No hay instinto en los humanos, todo es cultura,  aprendió leyendo.
Leer es hacer preguntas.¿por qué recostar tanto a las mujeres en la naturaleza y al mismo tiempo apresarles la naturalidad.?
 .En la copa de los árboles los monos se acicalan, se buscan en la piel, se curan.
Los libros eran el largo cuello de la jirafa, para comer -leer, lo que estaba lejos, hojitas francesas trastocantes
Mezclum  Simone  que decía lo que ya pensábamos, solas, en ese hueco fuera del sentido común.
Los libros y  la noche, eran los ojos abiertos del tigre,  los pechos opulentos  de la sirena  a la espera del  marfil  que la abra
 Los libros eran el cine, el mar para nadar con furia, como el fogonero de los Muelles de Nueva York, que escapa a grandes brazadas del barco - destino prefijado..
 Eran a veces el llanto, la mariposa que no se sabe si sueña al hombre o si es soñada por él.
  Ayudaron  a darnos la palabra retaceada, a erguirnos, a acurrucarnos, a tirarnos a veces bajo un tren como Ana, a renacer como Lilith desde un otro lugar, un declive distinto.  
Los libros fueron nuestra selva.

Cristina Villanueva