miércoles, 7 de septiembre de 2011

DIANA POBLET,



 

Niñez anónima

Otra vez ese dolor de bandera a media asta
en esta plaza de pochoclo y molinillos
en la desolación  aburrida del subte
tu hambre ajeno se vanagloria
al lado de mi indiferencia
amputo mis ganas de hablarte
no me comprendas
ellos dirán:
el frío es porque viene el invierno
tu dolor no tiene medicina
tus mañanas llegaron muy tarde
tu escuela cerró por derrumbe
no aceptes mi vergüenza
que no te expliquen el asombro ni la calle
no acuses recibo de mi impotencia
que no te detengan estas,
mis palabras tembleques
este afán por arroparte un solo día
el cartel que contenga tu mirada de intemperies
tu soledad anciana de cuatro años
Aquí no leemos indigentes
aunque lleguen desde tu obcecado silencio
desde tu mano extendida en calendarios
desde tu rosita prensada en celofán
creo que es insoportable,
aunque tenga el color de la patria
este dolor de bandera a media asta.

DIANA POBLET - del libro De Pétalos y Espada

MARITA RAGOZZA

Hay Tanto Por Decir

Repta la luz en el ramaje y a veces es invierno donde el  frío de la mañana es un músculo que no se  mueve. Unos pasan temprano. Apurados. No tienen ganas de hablar.
Otros balbucean palabras incomprensibles. Cada uno en su órbita sin tocarse.
La ciudad despierta como un feroz animal y sobre las calles se estrella la indiferencia. Una porción de humanidad se muere en un tacho con otros desperdicios.
¡Hay tanto por decir!

“Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”
.GABRIEL CELAYA

Vivo mendiga de milagro
en la sola  dicha de los sueños.
Oh, azar
vellón que se devana sin saber quién gana
asombrando palomas y mariposas heridas
en lo alto un ángel rumorea alas
y dibuja un arco donde se cruzan las palabras
que van de soledad a soledad.

La intensidad de cielo
descansa sobre mi salud
y velo la vida de hermandad sin preguntar la raza,
soy mano tendida y llagada
que se pierde en el tiempo
va al centro del amor
y basta el azul del medio atardecer
para que tiemble la humanidad con que nací

Tengo palabras como flores
que no cubren los cuerpos helados
no son pan para el hambre
ni alivian la sed de misterio
ni encuentran el agujero
por el que se cuela la muerte en el hilo de la vida.

Le pregunto a quien manda ¿Qué crece ahí?
Injusticia.
Le pregunto al viejo caminante y me dice:
Distancia.
¡Hay tanto por decir!

Marita Ragozza De Mandrini



JOSÉ PEDRONI




.
.
Indio
Quien ordenó la carga del arado
Ordenaba tu muerte el mismo día.
Ella tuvo lugar junto al Salado
Con paloma y calandria, a mano fría.
No te valió tu entrega de venado
Frente al duro invasor que te temía.
No te valió tu miel de despojado.
Sólo la dulce espiga te quería.
Descendiente de gringo y su pecado,
Por cementerio de tu alfarería,
A lo largo del río voy callado.
La culpa de tu muerte es culpa mía.
Indio, dime que soy tu perdonado
Por el trigo inocente que nacía.

Desde que sé, oh amiga, que llevas el misterio;
Tu nombre es la caricia de mi semblante serio.
Del corazón me vienen palabras de alabanza
Y las manos me tiemblan ligeras de esperanza.
Mis manos, como niños que ríen olvidados,
Después de haber llorado.
Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
Durante nueve Lunas crecerá tu cintura;
Y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
Vestirás simplemente y andarás con fatiga.
El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,
Y a vino derramado nuestro mantel tendido.
Si mi mano te toca,
Tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca
Lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será un cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
Que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río.
Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta
Para el hombre de pala y la mujer de cesta;
El día que las madres y las recién casadas
Vienen por los caminos a las misas cantadas;
El día que la moza luce su cara fresca,
Y el cargador no carga, y el pescador no pesca...
-Tal vez el Sol deslumbre; quizá la Luna grata
Tenga catorce noches y espolvoree plata
Sobre la paz del monte; tal vez en el villaje
Llueva calladamente; quizá yo esté de viaje...-
Un día, un dulce día con manso sufrimiento,
Te romperás cargada como una rama al viento,
Y será el regocijo de besarte las manos,
Y de hallar en el hijo
Tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
Y un poco de mis ojos, un poco, casi nada...

Con ojos que te sieguen huidiza,
Soy el azor de tus benditos senos:
Palomas que arrullando inflan el buche,
Vasos que crecen a un divino fuego.
Y en verdad que tu vientre primerizo,
Ni blanco ni moreno,
Calladamente se deforma en cántaro
A la presión continua del misterio.
Ah, si me fuera dado referirte
Lo inexplicable que en el alma siento,
Y hacer de modo que tu angustia santa
Se te vuelva alegría todo el tiempo.
Mujer, en el secreto de tu carne
Es mi destino el que se está cumpliendo;
Y por eso sonrío a tu sonrisa
Y sufro sin querer tu sufrimiento.
Y soy como un pastor ante su tierra
-Que mi tierra es tu cuerpo-;
Pastor que canta o que en la plaga llora
Con los brazos abiertos.
Ah, poco a poco, como un niño triste,
De extraño mal me moriré en silencio,
Si lo que llevas, que es mi propia viña,
Te lo destruye el viento.

JORGE CADAVID


 
el derviche y otros poemas

 Nació en Pamplona, Norte de Santander, en 1962. Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad de su ciudad natal, se especializó en Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Sevilla, España. Es autor de tres volúmenes de poesía: La nada(Universidad de Antioquia, 2000), Un leve mandamiento (Trilce Editores, 2002) y Diario del entomólogo (Fondo Editorial Eafit, 2003). Publicó una antología del poema breve bajo el título deUltrantología (Cástor y Pólux, 2003). Es profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Javeriana. Colaborador del Boletín cultural y bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango y de laRevista Universidad de Antioquia. Ganador, en 2003 del Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro El vuelo inmóvil (Universidad Nacional, 2004).

giróvagos

Algo falta
en la superficie
redonda de la tierra
No cabe la fe
en cuatro puntos cardinales

ni en cinco sentidos

 discurso del pescador

Pescar desde muy alto
un cuerpo de escritura escamada
Las letras componen un cardumen
la lectura ondula los renglones
La palabra ahogada

flota entre dos aguas


hipótesis del paisaje

Las palabras se asemejan a las piedras
una apoyada en otra
van formando un muro
Las casas se levantan con piedras
Las piedras caen
Las casas se desploman en ruinas
Los hombres a veces se sostienen

erguidos sólo por una palabra

Emily Dickinson


.Cayeron como copos, cayeron como estrellas

Cayeron como copos,
Cayeron como estrellas,
Como pétalos de una rosa
Cuando de pronto a través de junio
Un viento con dedos avanza.
Perecieron en el pasto desarraigado,
Nadie pudo hallar el lugar exacto
Pero Dios puede convocar cada faz
En su lista de abolidos.

Como ojos que miran las basuras
Incrédulos de todo
Salvo del vacío y quieta soledad
Diversificada por la noche.
Sólo infinitos de la nada
Tan lejos como podía ver
Así era la cara que yo miré
Así miró ella misma a la mía.
No le ofrecí ninguna ayuda
Porque la pena era mía
La miseria densa y tan compacta
Tan desesperanzada como divina.
Ninguna se absolvería
Ninguna sería una reina
Sin la otra, de modo que
Aunque reinemos, pereceremos.

¡Como si yo pidiera limosna común
Y en mi suplicante mano
Un extraño pusiera un reino
Y yo perpleja quedara,
Como si hubiera pedido a Oriente
Que me mandara una mañana
Y que levantara su purpúrea barrera
Y destrozarme con el alba!

Cualquiera que desencante
A un solo ser humano
Por traición o por irreverencia
Es culpable de todo.
Inocente como un pájaro,
Gráfico como una estrella
Hasta una sugestión siniestra
Que las cosas no son lo que son.

Cuando cuento las semillas
Sembradas allá abajo
Para florecer así, lado a lado;
Cuando examino a la gente
Que tan bajo yace
Para llegar tan alto;
Cuando creo que el jardín
Que no verán los mortales
Siega el azar sus capullos
Y sortea a esta abeja
Puedo prescindir del verano sin lamentos.

Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar,
Sólo mi amordazada boca puede decirlo,
Ensaya, trata de mover este horrible remache,
Ensaya, levanta si puedes aldabas de acero.
Acaricia la fría frente, antes ardiente,
Levanta si quieres el deslucido cabello,
Palpa los adamantinos dedos
Que ya nunca usarán dedal.

EL PAIS DE LOS OTARIOS


EL PAIS DE LOS OTARIOS


Pertenece al libro de mi amigo, Académico de la Academia Porteña del Lunfardo,  EDGARDO CASCANTE, titulado: "EL PAIS DE LOS OTARIOS". En su autoprólogo dice:

“Se trata de material de lectura para el pasajero del cabotaje suburbano.
Los versos son murgueros, elementales y con rima; para gente vulgar.
La murga, buena o mala, no necesita análisis intelectual.Es lo que muestra.
Es un librito ideal para ser leido durante un tour a La Salada, en nuestro
Bombay Express, el ferrocarril Belgrano Sur. Tambien sirve como precaria protección del rostro, aqnte un inofensivo cascote arrojado por un lactante de quince años..."
Aquí va una "muestra" :

SONETO  DEL  PUNTERO

Le ofrecía el Puntero al indigente,
chamuyando con tono de gran sabio:
coca,pancho,choripán y escabio
si votaba para él como intendente.

!Micro gratis te esperará aquí enfrente,
allí te va a encontrar un funcionario,
cachá un sobre y poné cara de otario
y vivame con el resto de la gente!

!Si traés alguna mina embarazada
o mejor con un bebé en el cochecito,
hay bailanta, consumisión y entrada!

!Si al entrar, revoleás mi panfletito,
tendrás porro, cerveza y empanada,
y un carné para entrar en mi garito!

Buen fin de semana
José Judkovski

Charles Bukowski


.
.
A solas con todo el mundo

La carne cubre el hueso
Y dentro le ponen
Un cerebro y
A veces un alma,
Y las mujeres arrojan
Jarrones contra las paredes,
Y los hombres beben demasiado
Y nadie encuentra al otro,
Pero siguen buscando
De cama en cama.
La carne cubre el hueso
Y la carne busca algo más de carne.
No hay ninguna posibilidad:
Estamos todos atrapados
Por un destino singular.
Nadie encuentra jamás al otro.
Los tugurios se llenan
Los vertederos se llenan
Los manicomios se llenan
Los hospitales se llenan
Las tumbas se llenan
Nada más se llena.

También en primavera mueren los cisnes
Y allí flotaba
Muerto un domingo
Girando de lado
En la corriente
Y fui hasta la rotonda
Y distinguí
Dioses en carros,
Perros, mujeres
Que gritaban
Y la muerte
Se me precipitó garganta abajo,
Como un ratón,
Y oí llegar gente
Con sus cestas de merienda
Y sus risas,
Y me sentí culpable
Por el cisne,
Como si la muerte
Fuese algo vergonzoso
Y me alejé
Como un idiota,
Y les dejé
Mi hermoso cisne.

Oigo incluso cómo ríen
Las montañas
Arriba y abajo de sus azules laderas
Y abajo en el agua
Los peces lloran
Y toda el agua
Son sus lágrimas.
Oigo el agua
Las noches consumo bebiendo
Y la tristeza se hace tan grande
Que la oigo en mi reloj,
Se vuelve pomos sobre la cómoda
Se vuelve papel sobre el suelo
Se vuelve calzador
Ticket de lavandería
Se vuelve
Humo de cigarrillo
Escalando un templo de oscuras enredaderas.
Poco importa
Poco amor
O poca vida
No es tan malo,
Lo que cuenta
Es observar las paredes,
Yo nací para eso
Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.