Mostrando entradas con la etiqueta MARITA RAGOZZA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MARITA RAGOZZA. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

Marita Ragozza



PENSAMIENTOS

A Amelia  Arellano, con cariño

Subyugantes y briosos
como potros en la cima…
surgen los pensamientos

En su porte recio e indómito
el viento mueve las crines
sus ollares abiertos son un desafío al mundo.
y sus ojos
la nobleza de la estirpe.

Vibran:
cielo
agua
fuego
tierra…
elementos…

Potros de raza bravía.

Équidos alados  en el centro de la mente
vuelan en denodado galope hacia la libertad.

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI

Inédito para Artesanías Literarias.


jueves, 13 de junio de 2013

Marita Ragozza



INCERTIDUMBRE

Ni hadas ni ángeles somos
y en el laberinto
ni siquiera un minotauro
o un indicio.

invisible
la incertidumbre
nos cerca y angustia
y con ella  divagamos
a nuestro albedrío.

no hay certeza que vuelvan los pájaros

el dolor y los sueños arden bajo el sol
y el corazón tiembla ante la luna menguante

pero alguien enciende poemas
en  las arenas de la noche.

Lunadeabril  Marita Ragozza

jueves, 24 de mayo de 2012

Marita Ragozza de Mandrini


MARITA RAGOZZA DE MANDRINI


Hay Tanto Por Decir

Repta la luz en el ramaje y a veces es invierno donde el  frío de la mañana es un músculo que no se  mueve. Unos pasan temprano. Apurados. No tienen ganas de hablar.
Otros balbucean palabras incomprensibles. Cada uno en su órbita sin tocarse.
La ciudad despierta como un feroz animal y sobre las calles se estrella la indiferencia. Una porción de humanidad se muere en un tacho con otros desperdicios.
¡Hay tanto por decir!

“Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”
Gabriel Celaya

Vivo mendiga de milagro
en la sola  dicha de los sueños.
Oh, azar
vellón que se devana sin saber quién gana
asombrando palomas y mariposas heridas
en lo alto un ángel rumorea alas
y dibuja un arco donde se cruzan las palabras
que van de soledad a soledad.

La intensidad de cielo
descansa sobre mi salud
y velo la vida de hermandad sin preguntar la raza,
soy mano tendida y llagada
que se pierde en el tiempo
va al centro del amor
y basta el azul del medio atardecer
para que tiemble la humanidad con que nací

Tengo palabras como flores
que no cubren los cuerpos helados
no son pan para el hambre
ni alivian la sed de misterio
ni encuentran el agujero
por el que se cuela la muerte en el hilo de la vida.

Le pregunto a quien manda ¿Qué crece ahí?
Injusticia.
Le pregunto al viejo caminante y me dice:
Distancia.
¡Hay tanto por decir!

Marita Ragozza De Mandrini

viernes, 24 de febrero de 2012

MARITA RAGOZZA De MANDRINI



LA MENDIGA

Especial para ARTESANÍAS LITERARIAS

Ocres y negros
en su manta de mugre.
Palomas y gorriones.
Ráfagas.

Corre y aletea
grita y canta
notas ásperas.
Silencios.

Quebrada mujer
de mendrugos
y harapos.
Una gracia
de luna sucia
te sostiene.
Una gracia
de indiferencias
y de nadas.

          Marita Ragozza De Mandrini

viernes, 16 de diciembre de 2011

Marita Ragozza De Mandrini



el elefantito rosa



Hoy es sábado y Teresa termina las tareas domésticas, limpia los enseres y los guarda en su lugar, se quita el uniforme, se pone el jean (¡menos mal que se usan gastados!), y la campera polar con sus cientos de cambios en cuello y puños.
Sale caminando las cuarenta cuadras que le quedan de la casa de familia en que está empleada a su cuarto de pensión. Se acuesta vestida (¡hace frío ¡), cansada de cuerpo y ánimo.
Se queda mirando fijo el elefantito de cerámica color rosa que tiene sobre un estante, manteniendo con él una muda conversación, porque siente que se entienden en ese fatalismo de “ estar en el mundo”, o como se llame esta situación, en la que ambos viven con un peso, una carga . . . 
¿Quién hablo de la levedad del ser. . . o de existir?

En su soledad Teresa siente que sus destinos son parecidos. El elefantito, de un barro frío y sin forma, un alfarero le dió vida para ser arte o belleza, y ahora está confinado en una pobre habitación, con el único valor agregado de ella que lo aprecia según la medida de su desamparo.
Objeto material con esencia de “cosa“. ¡Qué sé yo  si tiene alma- se dice Teresa a sí misma -  o si es mi  imaginación y tan sólo se trata de una pieza más de una serie pre-establecida!

Ella busca su lugar soñado, está sola y no sacia sus diferentes clases de hambres. Es como un Sísifo urbano que reanuda todas las mañanas el esfuerzo de rodar la piedra de la vida cuesta arriba en la montaña de esa ciudad a la cual ha llegado.

La infancia de Teresa había sido silenciosa y bastante triste en un pueblo chico de una provincia del Norte Argentino, dentro de una familia pobre de once hermanos. La radio y las revistas le mostraron otros ambientes, otros mundos y,  sobre todo que eran posibles.
Así fue que se forjó la meta  dorada de salir de su casa y viajar a Buenos Aires. Un día, habiendo logrado reunir cierta cantidad de dinero, con la vieja maleta de la abuela que la despidió llorando, además de una carta de recomendación de unos ganaderos del lugar, tomó el tren, y luego de varios trasbordos llegó.

Ya hace  tres años y su vida sigue igual: limpiar la suciedad de otros, reflejarse en brillos ajenos, y volver sola y cansada a su opaco cuarto de pensión. Mira al elefantito, el único que siempre la ha acompañado, y en la concepción  animista que aprendió en su infancia, está segura que en su silencio ha encontrado más comprensión que en cualquier otro ser humano.
Muy en el fondo, Teresa reconoce que Gabriel, el hijo de su empleadora, ha constituido  un factor fundamental en su estancamiento. Pero se siente  atada, no se decide, como “engualichada “, dirían los de su pueblo.
Su pelo, su olor fino, sus manos delicadas, su porte, su caminar, el único  que le preguntó:
- Teresa ¿nadie te dijo que tienes las pupilas del color de la miel?

Se queda dormida despertándose helada en la madrugada. No se acuerda que es domingo, el peor de los días. Toma una taza de leche con pan calentado al horno, se vuelve a dormir, se da una ducha rápida y bastante tibia, y a la tarde sale a caminar.
Martín, el quiosquero del barrio, por unas monedas, le vende números atrasados de revistas.
Con ellas y varios mates amargos, se arropa y se acuesta otra vez. Son las 12.30 pm y se despierta. Ya ha dormido cuatro horas. Cuando se habitúa  a la penumbra mira al elefantito y entabla ese diálogo sin palabras:
“Gabriel vendrá, no vendrá, vendrá, no vendrá. . . “

Es parecido a contar ovejas para llamar al sueño, aunque sabe que noche de domingo es más difícil, pero, sin embargo. . . sí, escucha pasos, increíble , pero no está soñando, oye los movimientos habituales que tiene para entrar y, entonces , impulsivamente se levanta, se viste y como iluminada mira al elefantito y pacta complicidad con él.

Llega Gabriel. Teresa lo abraza más fuerte que nunca, intercambian una taza de té, y mediando pocas y espaciosas palabras, Gabriel se acuesta en la cama.
Teresa antes de acurrucarse a su lado, rápidamente  abre todas las llaves de gas de la desvencijada cocina que tiene en su cuarto y se asegura que estén  bien cerradas la puerta, ventana y persiana.

¡Noche de domingo, noche impredecible, noche de amor, noche de compañía para siempre!
Antes de sumirse ambos en la inconsciencia no retornable, Teresa mira por última vez al elefantito rosa.

Marita Ragozza De Mandrini

martes, 29 de noviembre de 2011

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI - Poema




MALTRATO

Cuando vuelva
ya no estaré
aunque mi verdadero yo
hace años que se fue
aquí le dejo
su ropa sucia,
los mocasines sin lustrar
el pantalón descosido. . .

Pueden decirle
que arranque la alfombra
en la que yo caía a gritos
abatida por los golpes
que se sirva solo el café
y soberbio se enoje con él mismo
por la amargura del azúcar.

Ya no se sentará entre mis piernas
contra mi voluntad
asolando y humillando
el acto de amor,
no lo extrañaré ni lo soñaré
me iré
hasta donde me lleven mis zapatos,
y quizás en un bar de la noche
me encuentre con Facundo Cabral
porque a él le gusta el  mar
y la mujer cuando llora. (*)

 
(*) Letra de la canción “No soy de aquí ni soy de allá” de Facundo Cabral.-

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI



viernes, 21 de octubre de 2011

MARITA RAGOZZA DE MANDRINI - Poema



Amor De Mar
Prosa poética

Miro el mar que apremia delfines y con las manos juntas velo  el agua de las mareas que se retira  entre algas y guijarros.
 Me pregunto: ¿Alguna vez el tiempo dirá lo que no pudo nuestra perdida eternidad?

La noche suspira y abre aromas oscuros. El mar desde su garganta verde se desmenuza  con  saliva  espumosa  de las olas que mueren en la playa.

Yo, mujer , añoro  el rigor del gozo,  la fecha oscura en que nos amamos, el reino inerme del ocaso, el minuto fugaz de azul y rosa que se hace forma en los peces que nadan en claridades alba.
Bajo una fría luz lunar y grafismos de gaviotas el dolor hiere, astilla, fatiga. . . quizás el amor valga por su pena.

Pájaros engrillados en mis pupilas no suben al cielo para encontrar la gloria de morir en sueño, con la conciencia  del mar fugitivo que se hunde, se enarbola, se encrespa y como mi ser. . . no se colma.

¿Alguna vez el tiempo dirá lo que no pudo nuestra perdida eternidad?
 En la orilla y sobre la arena  mi pie dibuja un nombre.
¡Mar, no vengas!
                          Y calla.

Marita Ragozza De Mandrini

miércoles, 7 de septiembre de 2011

MARITA RAGOZZA

Hay Tanto Por Decir

Repta la luz en el ramaje y a veces es invierno donde el  frío de la mañana es un músculo que no se  mueve. Unos pasan temprano. Apurados. No tienen ganas de hablar.
Otros balbucean palabras incomprensibles. Cada uno en su órbita sin tocarse.
La ciudad despierta como un feroz animal y sobre las calles se estrella la indiferencia. Una porción de humanidad se muere en un tacho con otros desperdicios.
¡Hay tanto por decir!

“Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”
.GABRIEL CELAYA

Vivo mendiga de milagro
en la sola  dicha de los sueños.
Oh, azar
vellón que se devana sin saber quién gana
asombrando palomas y mariposas heridas
en lo alto un ángel rumorea alas
y dibuja un arco donde se cruzan las palabras
que van de soledad a soledad.

La intensidad de cielo
descansa sobre mi salud
y velo la vida de hermandad sin preguntar la raza,
soy mano tendida y llagada
que se pierde en el tiempo
va al centro del amor
y basta el azul del medio atardecer
para que tiemble la humanidad con que nací

Tengo palabras como flores
que no cubren los cuerpos helados
no son pan para el hambre
ni alivian la sed de misterio
ni encuentran el agujero
por el que se cuela la muerte en el hilo de la vida.

Le pregunto a quien manda ¿Qué crece ahí?
Injusticia.
Le pregunto al viejo caminante y me dice:
Distancia.
¡Hay tanto por decir!

Marita Ragozza De Mandrini



lunes, 22 de agosto de 2011

MARITA RAGOZZA


 


La Venganza De Poseidón

Armando tiene  que ir al psicólogo luego de tres años que no hace terapia. Otra vez la retahila preliminar, el fastidio ante el profesional que minimiza su relato, ya que nuevamente es central el tema de su aversión al agua.  La sufre  desde niño y  le impidió no sólo  aprender a nadar, sino también ir a una pileta o a la playa por vergüenza a su fobia.

Armando suele pensar en el poder que logra una molécula de oxígeno y dos de hidrógeno en gran cantidad.
Pero ahora el factor hídrico se presenta con otra variante. En su trabajo la competencia hace que su puesto pierda estabilidad, como si estuviera sobre una balsa en medio de una gran masa de agua. Con su novia de hace tres años están un poco  distanciados e  indiferentes. Se pregunta Armando  ¿estará naufragando nuestro amor?  La ciudad ubicada en el oeste bonaerense donde están enterrados sus padres, está asolada por una histórica inundación. Su mejor amigo ha viajado a Europa, separándolo de su valiosa amistad por toda la vastedad del océano.

No es exagerado, entonces, que el signo funesto del agua ya no es algo que surge desde un susto infantil no recordado – como insiste el psicólogo - sino que esta vez para Armando es un anuncio agorero, un mal presagio, un alerta que no puede descifrar.
También tiene pesadillas, en las que lo invade el agua, y se despierta con sudoraciones y palpitaciones.
Una noche sin cenar decide tomar un somnífero, para dormirse enseguida. Luego toma otro para asegurarse que no pueda ni siquiera soñar.
Sin saber cuánto tiempo ha transcurrido se despierta, abre los ojos y,  cuando se acostumbra un poco a la semi-oscuridad, no reconoce como propia la habitación. Pintada de blanco, es de dimensiones mucho más reducidas y ¡horror! tiene una ventana redonda y pequeña. Se incorpora y siente ese balanceo que siempre imaginó como el característico de navegar, y en un movimiento fuerte ve  con espanto que espuma como de olas salpican el vidrio de la ventana circular que es un ojo de buey.

Quiere salir y, al buscar las chinelas, encuentra que el suelo está encharcado. Con el agua por los tobillos camina para abrir la puerta. La halla cerrada y al ver que no hay llave en la cerradura, comienza a golpear y gritar, mientras tanto en medio de su desesperación el agua sube de nivel, le llega a las rodillas, a su cintura, pecho, cuello, se aproxima a su boca (¡y es agua salada!)  hasta que al no poder estirarse más en su estatura, empieza a penetrar en sus pulmones…

Portero, vecinos y policías abrieron el departamento del señor Armando Suárez y descubrieron que de él provenía una gran pérdida de agua.
Encontraron a su propietario en la bañadera con el grifo de la ducha abierta. El médico diagnosticó muerte por asfixia, pero la gente no pudo olvidar el pánico de sus ojos abiertos ni tampoco conformó demasiado la explicación de la policía. La autopsia reveló en sangre una dosis de barbitúricos pero no tanta como para considerarlo un suicidio, y lo más probable es que se estaría bañando, y al comenzar a  hacerle efectos los somníferos se adormeció resbalándose despacio en la bañera hasta quedar sentado sobre el orificio impidiendo que el agua circulara.

En el archivo policial caratulado “Armando Suárez, muerte accidental”, se prohibió asentar que en sus vías respiratorias hallaron un gran número de algas marinas y que en la palma de su mano derecha sujetaba fuertemente un pequeño e inverosímil hipocampo. ■

Marita Ragozza De Mandrini



viernes, 5 de agosto de 2011

MARITA RAGOZZA Dos Poemas De Amor



NAZCO

Nazco en tu aliento
para ser todo lo que no soy

Nazco en tus pies
mientras andas descalzo como una foto hacia dios.

Nazco en tu corazón
como una flor hecha de encontrar miradas.


QUIESCENTE

Mis pies remisos
ahuecan la tierra
y esperan en el alfalfar celeste
que se abra el cerrojo de la hierba.

Soy una y muchas
definiendo sombras.

La niebla despeina
el aire
Y
una
y
otra
vez
intento borrarte
para seguir viviendo.

Una
y
otra
vez
mi saliva seca
tiene sed
de tu boca de luna.

No, no me poseas
me dejarías más cerca del precipicio.


Marita Ragozza De Mandrini