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martes, 14 de junio de 2011

MÁXIMO SIMPSON


EL RUISEÑOR EN SU NIDO; MÁXIMO SIMPSON 

Las visitas

Las visitas llegaban,
pero entonces la casa se escondía,
se ocultaba a los ojos,
a las manos,
se cubría con trapos, con rubores,
con puertas, con ventanas,
con largos ademanes,
y sacaba las sillas a la calle,
los retratos quebrados,
los desvelos.

Comensales a oscuras,
inspectores de muebles recelosos,
turistas extraviados,
las visitas comían a la orilla
de una mesa inasible.

Los adultos

Lentamente ascendían,
y con la mano apenas,
con el pie,

con la voz,
con la dulzura,
defendían la hora diminuta,
el efímero cielo,
el escaso rocío,
el canto ya inaudible de un pájaro extraviado.

Entre gestos confusos se aferraban a uñas,
palabras,
torbellinos,

manoteaban el aire,
discurrían,

y miraban entonces desde lejos,
desde aquella frontera intolerable,
desde viejas orillas del recuerdo.

Asidos a la precaria luz,
lentamente se iban,
y yo soy aquel niño que espera su regreso.

viernes, 1 de abril de 2011

MÁXIMO SIMPSON - poemas


MÁXIMO SIMPSON Y EL EDITOR



SONATA

Toca el violín la casa:
se asoma de sí misma,
se sale de la casa,
y le atraen vacíos hacia arriba y abajo.

Toca el violín la casa,
tiemblan sótanos negros de cólera indecisa,
tiembla toda la casa con su gran cuerda humana
cuando suena el violín violento de la casa.

La casa tiene lámparas votivas,
roperos tristes,
ventanas que miran hacia dentro.

de Máximo Simpson, Buenos Aires, Argentina
De "Antología poética".


A FIN DE CUENTAS

aún no he podido arborecer,
y mi charla fue siempre un balbuceo,
ambiguo, sospechoso.

Algo les falta aún a mis sentidos
para olfatear la dicha,
la fe de los creyentes,
esa fe que resiste
la prueba irrefutable del más ronco alarido.

Aún no alcanzan mis pies para llegar
a las fronteras de ninguna parte.

Soy un hombre inconcluso,
y ya es un poco tarde para intentar de nuevo
mejorar mis reflejos,
o esperar con paciencia
el crecimiento firme de aletas y de branquias,
de ruedas vigorosas,
pues la nada me espera en cualquier sitio,
tal vez en la cocina,
tal vez mientras escribo
esta trivial noticia de mis días