Ella va caminado por la banquina izquierda de la ruta. Cuando ve margaritas silvestres junta las manos, mira el cielo y luego las va arrancando casi con pereza, las observa una a una, las aprieta contra el pecho y prosigue la marcha.
Él va caminando por la banquina derecha de la ruta, mira los cactus, observa, toca las espinas mientras piensa en un gran ramo de flores que deseó comprar para ella, con la negativa de sus bolsillos transparentes de tan vacíos.
En un recodo se juntaron: silencio, cielo, manos juntas... Y una danza de pasiones fulguró en el despoblado..
Al llegar al ensamble de rutas, ella caminó hacia la derecha y él hacia la izquierda.
Estrellas y luciérnagas competían, ella se sintió blanca y sonrió por tener un corazón amarillo.
Él se concentró en sus deseos ahogados y se acostó sobre el césped mirando las estrellas y dispuesto a soñar con un gran ramo de novia.-
Betty Badaui