jueves, 28 de abril de 2011

GONZALO ROJAS - la muerte de un poeta


 

El poeta chileno Gonzalo Rojas, uno de los más grandes y prolíficos autores latinoamericanos, murió a los 93 años, tras una larga agonía que se inició luego de sufrir un infarto cerebral el 22 de febrero.
El poeta nació en 1917 en el puerto de Lebu, a unos 500 km al sur de Santiago de Chile, y su carrera fue coronada en 2003 con el premio Cervantes, considerado como el galardón literario más importante en lengua castellana.


80 VECES NADIE

Habrá viejos y viejos, unos
vueltos hacia la decrepitud y otros
hacia la lozanía, yo estoy
por la lozanía, el cero
uterino es cosa de los mayas, no hay cero
ni huevo cósmico, lo que hay en este caso
-y que se me entienda de una vez- es un ocho
carnal y mortal con mis orejas de niño para oír el Mundo,
        un ocho
intacto y pitagórico, mis hermanos
paridos por mi madre fueron ocho, los pétalos
del loto, la rosa de los vientos, lo innumerable
de la Eternidad, mi primer salto al vacío
desde el muelle de fierro contra el oleaje, ahí voy. Difícil
ocho mío nadar con este viejo a cuestas.

Así las cosas, ¿nos entonces vemos
el xxi? Los
verdaderos poetas son de repente: nacen
y desnacen en cuatro líneas, y
nada de obras completas,
                                                                otros
entreleen a su Homero por ahí en inglés entre el ruido
de los aeropuertos a falta de Ilión,
                                                                        Hölderlin
fue el último que habló con los dioses,
                                                                                yo
no puedo. El Hado
no da para más pero hablando en confianza ¿quién
da para más?, ¿el aquelarre
de los nuevos brujos de la Física?, ¿el amor?, pero
¿qué se ama cuando se ama?, ¿las estrellas?, pero ¿quiénes
son las estrellas profanadas como están por las
máquinas del villorio?

                                                        Lo
irreparable es el hastío.

Enigma de la deseosa


Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto 
de 32, exige lectura 
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, 
b) toda su piel liviana 
para los besos, c) mirada 
verde para desafiar el infortunio 
de las tormentas; 
                           no va a las casas 
ni tiene teléfono, acepta 
imantación por pensamiento. No es Venus; 
tiene la voracidad de Venus.


Fax con ventolera...


Fax con ventolera
y una rosa, hoy 
salió de esto Rojas 
-Gonzalo como le pusieron en el agua-, iba solo, no hay 
epitafio que escribir en cuanto a su suerte, ni 
cuerpo que respirar, escasamente 
se dirá de él que vino 
rápido y ha salido, 
que ya no está entonces, que 
no hay estrellas para él, que carnalmente 
va encima del vidrio que lo encarcela una rosa 
a modo de instrumento de perdición, que ha salido 
y eso es todo.



Instantánea


El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,
lo que más amo es el zafiro de tus ojos;

pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato

o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa,

así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco?

Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza;

entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola,
y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.


* * * * *

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