jueves 9 de febrero de 2012

ÍNDICE DEL 10 DE FEBRERO DE 2012




ARTESANÍAS  LITERARIAS
La revista que nunca duerme 
 Cuentos y poemas, textos literarios, ensayos, historia. 
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CONSEJO de COLABORADORES de

ARTESANÍAS LITERARIAS
                               
           
EDITOR: Andrés Aldao
           
SEC. DE REDACCIÓN: Ester Mann
                  
COLABORADORES:

Carlos Arturo Trinelli
                                                         
Amelia Arellano
                                                          
Celmiro Koryto
                                                          
Cristina Pailos

Marita Ragozza de Mandrini

Ernesto Ramírez

Ofelia Funes



·                       COMENZAMOS EL AÑO 2012
·                       Hoy Todo El Hielo En La Ciudad - Almendra
·                       Muere Luis Alberto Spinetta, poesía del rock argen...
·                       spinetta - (almendra) muchacha ojos de papel)
·                       Mario Goloboff * - El primer metafísico de Buenos ...
·                       oda a la cultura popular
·                       The Long Ryders - Still Get By
·                       Benjamín Prado 7 FEB 2012
·                       María Zambrano - “La Mística del exilio”
·                       Ivanna Soto SORIANO
·                       Tereixa Constenla /Madrid
·                       ANTONIO MUÑOZ MOLINA Vigilantes nocturnos
·                       ZIGOR ALDAMA
·                       Marcelo Nasra
·                       ANDRÉS ALDAO
·                       Ruth Patricia Rodríguez
·                       CARLOS ARTURO TRINELLI
·                       SONIA FIGUERAS
·                       ERNESTO RAMÍREZ
·                       Nuria Barbosa León
·                       ESTER MANN
·                       Oliverio Girondo
·                       Roberto Paniagua
·                       Silvia Cuevas-Morales
·                       marcelo dughetti
·                       Amelia Arellano
·                       ROBERTO RASCHELLA
·                       Selección de hiperbreves narrativos
·                       GERARDO PENNINI
·                       Cristina Villanueva
·                       Ambrose Bierce
·                       A 45 años de la muerte del poeta Oliverio Girondo
·                       Murió Wislawa Szymborska
·                       ALEJANDRO DREWES
·                       CELMIRO KORYTO
·                       Gerardo Pennini
·                       OFELIA FUNES
·                       IVANA SZAC
·                       Gabriela Delgado
·                       Alejandro Drewes - Viola Fischerová (1935-2010), i...
·                       Marcela Rosales
·                       Carmen Passano
·                       Amanda Espejo
·                       LINA CAFFARELLO
·                       LÍA MIERSCH
·                       GRACIELA BUCCI - Poemas
·                       AMELIA ARELLANO
·                       Rubén Vedovaldi
·                       ANGEL VARGAS " EL CUARTEADOR"; LA VOZ INOLVIDABLE...

COMENZAMOS EL AÑO 2012



Amigos lectores y colaboradores:

Este número de la revista que nunca duerme se publica en días de luto y duelo: El dictador sangriento de Siria asesina a su propio pueblo con la anuencia de la Rusia de Putin y la China del capitalismo burocrático y Obama ocupado en su reelección, el pueblo palestino “...que está solo y espera...”; 200 millones de chicos esclavos que trabajan, y el mundo, salvo algunos predicadores solitarios, se dedica a “vivir el día”... Y Luis Alberto Spinetta se va al su exilio final.
Artesanías Literarias no se encandila ni se enceguece por “las luces malas” de las redes sociales, donde abundan las pequeñas vanidad de vanidades salvo excepciones muy excepcionales (¡que las hay!).

Damos paso a esta experiencia literaria y cultural popular que lleva siete años de vivencias y llega a numerosos lectores que nos corresponden con sus cartas y su cordialidad solidaria. Muchísimas gracias, apreciados y a veces anónimos lectores.

Andrés Aldao, Ester Mann y el consejo de colaboradores

Hoy Todo El Hielo En La Ciudad - Almendra

Muere Luis Alberto Spinetta, poesía del rock argentino


Junto a Spinetta se murió un pedazo de mi temprana juventud de tanguero abierto a lo nuevo, Siempre... Fuesen Piazzolla (renovación del tango) o Spinetta que 

Junto a los músicos Charly García y Fito Páez, puso las bases del género en la Argentina de los setenta... (Andrés Aldao y Ester Mann)

     
El cantante argentino Luis Alberto Spinetta, durante un concierto en Santiago de Chile en abril de 2004 / Anibal Perez. (EFE)

Murió ayer en Buenos Aires el poeta más rockero o el rockero más poeta de Argentina. Fanáticos de distintas generaciones de argentinos se conmovieron al enterarse de que Luis Alberto Spinetta, uno de los padres del rock del país sudamericano, había fallecido a los 62 años en la ciudad que lo vio nacer, después de meses de lucha contra un cáncer de pulmón.
Le gustaba la música instrumental y prueba de ello han sido varios de sus discos. También le atraía la fusión del rock con el jazz. Su voz destacó tanto como sus letras, en las que reconocía la influencia de Vincent van Gogh, Carl Gustav Jung, Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche, Foucault, Deleuze, Carlos Castañeda y Antonin Artaud. Apenas había tomado unas pocas clases de guitarra cuando era adolescente. Fue un autodidacta y le salió más que bien. Spinetta nació el 23 de enero de 1950. Tuvo cuatro hijos: los músicos Dante (líder de Illya Kuryaki and the Valderramas) y Valentino y las actrices Catarina y Vera.
Creó su primera banda en 1967 con sus amigos del colegio San Román, en el barrio porteño de Belgrano. Se llamó Almendra. Tenía 17 años y juntos lograron convertirse en pioneros del rock argentino. En 1971 formó otro grupo histórico: Pescado Rabioso. Su disco Artaud fue considerado uno de los mejores del género en Argentina. Sin embargo, cambiaba permanentemente de bandas. Dos años después integró Invisible; en 1977, Banda Spinetta; en 1979, volvió con Almendra y en 1980 creó Spinetta Jade.
Lideró Pescado Rabioso, una de las bandas más relevantes del país
A partir de los ochenta inició su carrera solista. Con Charly García compuso un éxito, Rezo por vos, y con Fito Páez grabó un disco en el que se destacaron temas como Folis verger. Como solista compuso El mono tremendo, Muchacha (ojos de papel), Rutas argentinas, Me gusta ese tajo, A estos hombres tristes, Plegaria para un niño dormido, Durazno Sangrando... y muchísimas más. Todas ellas fueron un éxito en América Latina. Entre 1994 y 1999 tocó acompañado de Los Socios del Desierto, aunque volvería más tarde a tocar solo. El 4 de diciembre de 2009, antes de cumplir 60 años, organizó un concierto con todas las bandas de su carrera que llenó el estadio del Vélez Sarsfield y duró más de cinco horas. Allí tocó junto a Páez, García, Ricardo Mollo, Juanse y Gustavo Cerati, otra estrella del rock argentino que lleva un año y medio en coma. Su última actuación había sido hace un año.
En julio pasado Spinetta hizo público que padecía un cáncer. “Estoy muy cuidado por una familia amorosa, por los amigos del alma, y por los mejores médicos que tenemos en el país. Me encuentro muy bien, en pleno tratamiento hacia una curación definitiva”, se esperanzaba El Flaco, como lo llaman y lo seguirán llamando en toda Argentina y el resto de Latinoamérica. “Si la lluvia llega hasta aquí voy a limitarme a vivir. Mojaré mis alas como el árbol o el ángel o quizás muera de pena”, cantaba Spinetta.

spinetta - (almendra) muchacha ojos de papel)

Mario Goloboff * - El primer metafísico de Buenos Aires


El primer metafísico de Buenos Aires

 Por Mario Goloboff *
Fallecido hace ahora sesenta años, en febrero de 1952, en el umbral de sus ochenta, Macedonio Fernández fue abogado y doctor en Jurisprudencia, aunque en realidad ejerció poco la profesión y terminó dejándola por la literatura. Si bien, en su caso, hasta estos mínimos datos biográficos son muy relativos. El mismo nos desconcierta: “El Universo o Realidad y yo nacimos en 1º de junio de 1874, y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires”, o bien: “Nací tempranamente: en una sola orilla (aún no me he secado del todo) del Plata. Me encontraba en Buenos Aires, a la sazón; era en 1875: fue el año de la revolución del ’74, como después tuvimos un año de la revolución del ’90”, o aún: “Nací el 1º de octubre de 1875 y desde este desarreglo empezó para mí un continuo vivir”. Otra cosa que le inquieta, pronto, es la muerte, presentida como pérdida de amor, no de vida física, concepción que se delinea en uno de sus poemas: “No es Muerte la libadora de mejillas, / Esto es Muerte: el Olvido de ojos mirantes” (“Hay un morir”, 1912).
Entre estas dos circunstancias (tan imprecisa la primera como la segunda: baste recordar que en una carta de 1905 habla de trabajos a realizar en 1906, “si vivo”) puede recortarse una imagen retrospectiva, siempre indirecta, tanto de su biografía como de sus quehaceres literarios. Publicó pocos libros en vida; un enorme trabajo de busca y ordenamiento seguido por el hijo, Adolfo de Obieta, rescató su obra copiosa y profunda. De aquéllos, se conocieron No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928), Papeles de recienvenido (1929), Una novela que comienza (1941). El texto que por muchos motivos se considera mayor, Museo de la Novela de la Eterna (1967), se debe también a la generosa tarea de su hijo. Viene de una elaboración teórico-práctica admirable (y anticipada en varias décadas a las búsquedas y reflexiones del Nouveau Roman, que revolucionaron la escritura de la novela) sobre el arte de escribir, el tema en la narración, sus personajes, su autor. Macedonio pensaba publicarla junto a Adriana Buenos Aires; ésta llevaría como subtítulo “última novela mala” y Museo... “primera novela buena”, con un prólogo en común titulado “Lo que nace y lo que muere”. No sabemos qué impedimentos frustraron la edición; acaso para la época fuera algo descabellada.
En “Para una teoría del arte”, artículo de 1927, ya Macedonio predisponía contra Calderón, Shakespeare, Dante, Quevedo, Goethe... Salvaba, sí, a Cervantes, el único que habría tenido presente la situación del lector, su realidad frente a la irrealidad del arte. Los otros no contenían más que “pueriles catálogos de asuntos”. Para Macedonio, el arte realista es falaz, verosimilista, extra-artístico. Lo intra-artístico, afirmaba, es consciente, se trata de un procedimiento, de una técnica; él intenta operar sobre un lector no engañado, salteado, para que “se pierda del ser, se libre de la realidad”. Hasta aquí, Macedonio dirige el ataque contra “el asunto”, los “sucesos”. Luego vendrá, en Museo de la Novela de la Eterna, la embestida total: contra la copia de la realidad, contra los estados alucinatorios que se imponen al lector. Para ello, propone la participación activa de los personajes en su más límpida función, la de ser personajes, contraídos al “soñar ser”, actividad completamente “inasequible a vivientes”. Los vivos son; los únicos que pueden, pues, soñar ser, son los personajes. Este es el material genuino del Arte.
Macedonio, como ninguno en el Río de la Plata y muy pocos en Occidente, señala así, precozmente, el camino para alcanzar la soberanía de lo ficticio. Concepto que, para él, cubre la única literatura posible: “Fantasía constante quise para mis páginas, y ante lo difícil que es evitar la alucinación de realidad, mácula del arte, he creado el único personaje hasta hoy nacido cuya consistente fantasía es garantía de firme irrealidad en esta novela indegradable a real...”. No confunde los planos: “Yo quiero que el lector sepa siempre que está leyendo una novela y no viendo un vivir, no presenciando (vida)”.
¿Qué nos llevó, en los magníficos y vilipendiados setentas, a prendarnos de este escritor, a hacer de él una suerte de adalid de subversiones culturales y literarias en época de tanto anhelo de otras transformaciones, de otros cambios queridos? Jóvenes, leíamos sus versos, algunos de sus “papeles”, sabíamos de sus dichos o frases humorísticas (gracias a menciones de Borges, enaltecedoras de su talento, poco de su escritura), pero nada de eso tenía todavía un peso en nuestros devenires ni, creo, en nuestros incipientes escritos.
Es realmente extraordinario, entonces, que se haya dado tal conjunción entre nuestro descubrimiento de Macedonio, todo lo que sus ideas y su obra implicaban de remoción, de desnudamiento y de desestructuración, y aquello que, para decirlo sin demasiado dramatismo, “estaba pasando” en nuestro país, en nuestra sociedad y en nuestras cabezas en lo que respecta a la crítica del sistema tradicional de poder, a la lucha por nuevos modos de ejercerlo para distribuir de otra manera la enorme riqueza que aquí se genera, y por el ejercicio de la libertad de pensamiento.
¿Qué extraños mecanismos juntaban, en un mismo espacio y en un mismo tiempo, dos fenómenos aparentemente tan distantes: los que acontecían en el campo de la política, de la economía y de la sociedad y la revisión hasta el hueso de las formas de narrar? ¿O tales fenómenos y tales campos no eran tan distantes y, casi como si tuviera que ser necesariamente en Macedonio, se juntaban en su reflexión y en su práctica textual? ¿Por qué justamente él? ¿Por su pensamiento anarquista, por su vanguardismo, por su yrigoyenismo posterior, por haber simpatizado con Forja, uno de cuyos fundadores, Raúl Scalabrini Ortiz, admirándolo hasta la devoción, lo declaró “el primer metafísico de Buenos Aires y el único filósofo auténtico” y consagró “el primero y más grande en la secuela de profetas porteños”? Y, en otras instancias: ¿Porque la revelación de la materialidad de la literatura descubría otras materialidades? ¿Porque el cambio que él preconizaba en la textualidad implicaba, suponía, exigía, el cambio en otras relaciones de producción y en la elaboración de otras “textualidades”? ¿Porque desnudar la trama de una producción simbólica supone desnudar la de otras? ¿Por el carácter material de la literatura? ¿Por el carácter material de la historia? ¿Por el carácter material de la materia?
No lo sé, pero hasta hoy encuentro enigmática esa relación implícita que se fue plasmando, que se fue constituyendo entre aquel escritor y pensador y los aires de la época, y creo que tamaño interrogante justifica con creces que sea exactamente a Macedonio Fernández a quien se dediquen estas líneas.
* Escritor, docente universitario.

miércoles 8 de febrero de 2012

oda a la cultura popular

Cultura
La familia Joad. Fotograma de Las uvas de la ira (novela de John Steinbeck) de John Ford

Oda a la cultura popular con The Long Ryders


Por: Fernando Navarro


Decía el historiador Eric Hobsbawn en su imprescindible libro Historia del Siglo XX que el siglo XX ha estado protagonizado en el mundo de las artes por la gente común, cuando el arte ha sido hecho por y para la gente corriente.  Y se refería a cómo, desde los primeros años del siglo, la cultura se fijaba en las costumbres, tradiciones y quehaceres del ciudadano de a pie, especialmente en Estados Unidos, con el nacimiento de la fotografía, la consolidación del reporterismo, el desarrollo del cine como fenómeno de masas y la música como vehículo expresivo sin parangón.
Con la gente corriente como protagonistas de un siglo donde, finalmente en más ocasiones de las deseables, la cultura ha terminado por ser mercancía barata, tendencia enfermiza o simple banalidad comercial, conviene detenerse en nombres esenciales en el desarrollo de la música popular. En el caso de esta ruta sonora, de la música popular norteamericana. En muchas ocasiones, nombres conocidos por un amplio público. En otras tantas, nombres absolutamente desconocidos para la gran mayoría. En unas y otras, creadores de verdadera cultura, entendida esta, como dice el gran Emilio Lledó como “educación en la libertad”. Desconocidos para unos, adorados por otros, pero siempre verdaderos creadores, instigadores de la libertad individual con sus guitarras y sus melodías, The Long Rydersforman parte de esa cultura en la que creo, a la que se refiere Hobsbawn.

Album-The-Long-Ryders-Native-SonsHoy, pasan por esta ruta al reeditarse su primer y fabuloso disco, Native Sons(Frontier/Karonte), publicado originalmente en 1984. Se trata de un álbum esencial para entender el desarrollo de la música popular estadounidense en los ochenta. Como anunciaron en su trabajo de debut, The Long Ryders se reivindicaban como hijos nativos de una cultura musical, que fue evolucionando desde Woody Guthrie, Hank Williams, Bob Dylan hasta The Byrds, Buffalo Springfield o Big Star. La reedición de Native Sons, acompañada de jugosos extras y tomas en directo, vuelve a poner sobre la mesa el valor de esta formación que, a partir de la base tradicional, avanzó hacia el futuro, diseñando un lenguaje musical nuevo y efusivo, propio de una juventud norteamericana que buscaba librarse de las cadenas impuestas por una industria del entretenimiento que quería alimentar a sus potenciales consumidores con productos de riesgo nulo como Duran, Duran, Lionel Richie, Chicago o Phil Collins. Pero no solo era falta de riesgo, era también que aquellas superestrellas no hablaban de sus problemas ni dibujaban en sus letras la realidad imperante entre los chavales de las ciudades en la América de la era de Ronald Reagan. Todo era tremendamente empalagoso y superficial mientras el país estaba marcado por los recortes sociales, la decadencia urbana, el conservadurismo moral y las ansias de victoria militar y política contra los soviéticos en los años finales de la Guerra Fría.
Gusten más o menos, The Long Ryders, como todo ese reguero de jóvenes grupos que formaron lo que en España se llamó Nuevo Rock Americano, eran cultura. Cultura popular. Porque Sid Griffin, Stephen McCarthy y compañía eran capaces de traducir su panorama humano en música real, certera, afilada, sentida. Música que liberaba y te hacía sentir especial.
En la presentación de mi libro el viernes en Madrid, decía Diego A. Manrique (al que agradezco muchísimo su apoyo, como a Fernando Neira, Toni CastarnadoEdu Izquierdo y Alfred Crespo, todos ellos invitados a las presentaciones en Madrid y Barcelona) que, echando un vistazo a los protagonistas de Acordes Rotos, valía la pena fijarse en la lista de nombres que hicieron música trascendental sin necesidad de subvenciones. Reflexionaba sobre esa posibilidad de crear arte sin tener que pensar en las ayudas económicas de las instituciones o los programas de marketing de las discográficas. Lanzaba preguntas sobre el panorama en España y ese mundo de la cultura que se moviliza cuando parece que la cultura forma parte de un programa concreto, y lanzaba preguntas sobre cuál es el verdadero motor de la creación.
Long-ryders1A fin de cuentas, en mi opinión, la fuerza de la música popular está en su latido interno, en su propósito de contar historias, trascender con pequeñas cruzadas humanas que terminan por hacerse universales. Porque, escuchando radios, leyendo periódicos o viendo programas, lo malo de hoy en día es que cuando se habla de música se habla de todo menos de música. Tal vez, porque a la gran mayoría no le interesa la música y sí todo lo que la rodea y la desvirtúa.  
En estos tiempos de crisis (crisis económica, de valores y de derechos), donde los mercados cambian Gobiernos y los políticos exigen sacrificios por irresponsabilidades cometidas por ellos o las corporaciones, bancos o grandes empresas que tienen beneficios muy superiores a comunidades enteras de personas en distintas partes del mundo, conviene reivindicar la cultura. Y la música popular es cultura. Reivindicar la cultura en el sentido que le oí a Emilio Lledó, recientemente (y otra vez), en una entrevista con Iñaki Gabilondo. “Ante el economismo actual, que todo lo domina, conviene defender la naturaleza y la cultura”, decía Lledó. ¡Cuánta razón! Por mucho que nos quieran hacer creer que somos cuantificables, productos, bajas o altas, números de una economía incontestable, somos naturaleza y somos cultura.
Por eso, hoy, en esta Ruta Norteamericana, solo quiero recordar el legado de esos semidesconocidos llamados The Long Ryders para sumarme a la defensa a ultranza de la cultura. Parafraseando a los Ryders, todos somos hijos nativos de nuestra cultura. No conviene renunciar a ella porque nos define y nos defiende de las mentiras, las medias verdades y los intereses poderosos de esos que solo piensan en cifras o en acaparar más poder. Pueden ser los Long Ryders como Charlie Parker, Robert Johnson, Bob Dylan, Odetta, Eddie Cochran, Bo Diddley, Elvis Presley, Jimi Hendrix, Townes Van Zandt, The Ramones, Steve Earle o Vic Chesnutt. O pueden ser Camarón, Caetano Veloso, Chavela Vargas, Serge Gainsgbourg, Los Tigres del Norte o The Clash. Cultura como una educación en la libertad. Hoy, tan importante como siempre. La libertad que da hacer tuyo, por ejemplo, ese sonido entusiasta, apoyado en los riffs de una guitarra eléctrica que busca sonar como el polvo del desierto al viento de media tarde. La libertad que da escuchar Still Get By, de The Long Ryders.