jueves, 20 de marzo de 2014

Pedro Ernesto Ramirez




3

insomnio                                                                                      rasga el filo del día
la piel de la noche
que por fin va remitiendo
tambaleante
derramando claridad por el tajo abierto
huye de la habitación
deja atrás su arsenal de desquicios
amolados por la vigilia
estiletes clavados en el cerebro
estocadas en la carne del pensamiento
la alba sangría
aguijonea los ojos aún sin cerrar
curtidos, los párpados
saben que la retirada es temporal
estratégica
horas nada más,                                                                        5
la claridad
zambulle de lleno en las pupilas
bucea al interregno legado por la replegada
zigzaguea
entre los arpones clavados
y como un bálsamo cristalino
al borde del nihilismo
los ojos cierra.
afuera, como cada día,
un ejército de sonámbulos,
mecánicamente,
se levanta y anda.     


9

mujer muy sola                                                                        
en el patio del dueño
hay un regocijo expectante
de manos que adoran la tempestad
sin embargo la mujer está sola
el miedo en su rostro ha de ser
-de antiguo debemos suponerlo-
grotesco como una obra de el bosco,
bajo la tormenta en ciernes
la mujer siente los primeros toques
del diluvio que se aproxima
gotas gruesas algo tímidas
dan paso a la furia del temporal
las gotas duelen el cuerpo
y el alma se refugia en los hechos,
apenas buscó una mano suave
y tal vez, sólo tal vez, una sobra de amor
la primera rojez, mojón de hace un lustro,

la arrojó a la casa del patio

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