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domingo, 19 de octubre de 2014

Amelia Arellano



LA NAVE DE LOS LOCOS”

La indiferencia es un animal hambriento
Socava lo que encuentra a su paso.
Arranca  mis cabellos. Hurta. Arrasa.
Viola y traspasa las cuencas y los ojos.
Saquea mi osamenta con sus  fauces
Se multiplica  en sangre de un animal herido.
De un niño. De un muerto. De una anciana.
Devora los padres y las madres.
Metástasis del lodo. Barbitúricos.
Pausa…pausa...El mundo está  al revés.
 La cabeza vacía  y el vientre ardiente.
Hipnóticos, Narcóticos. “Quiero dormir nodriza mía”
Y se me ha concedido la vida sin resurrección.
La fuga. El escape. La evasión.
Bautizada   Marie Charlotte Amélie.
Renacida. Guarida del delirio
He asesinado a Dios con mis propias manos
Han caído los ángeles y el juicio es una bestia lujuriosa
Desviada de la  regla de tres. Del sendero recto.
Escupo mi demencia  en los caminos rectos.
He tomado la curva sin regreso y he subido a la Nave.
Gloria a ti  bienamada.
Ven tómame en tus brazos. Largas maldiciones nocturnas.
Mi locura, mi razón,  en lecho de amantes, yacen

No temo que ella venga, temo que se vaya.
Que me deje. Separación es ecuación de angustia.
Nadie me encontrará. Porque yo no me encuentro
El espejo refleja el embudo invertido  y no estoy, no soy.
En mi cabeza una rosa con media luna musulmana.

La indiferencia es un animal saciado.

 Amelia Arellano





domingo, 1 de junio de 2014

Amelia Arellano

HAMBRE

                                                                       
En la más absoluta soledad me recuesto.
Prostituida virgen de los desamparos.
Pido tu clemencia de páramo, madre.
Yo, la no deseada. La que interrumpe la noche con su grito.
Yo, la rapaz. La procáz La vomitada por los dioses.
Yo, salmuera, concentración de escarias.

Estoy aquí en el Sur de tu sur.
Escondida bajo tu propia mesa.
Como un perro. Un pez. Una cucaracha.
Estoy muerta, lo sabes y lo niegas.
Tírame un hueso y moveré la cola.
Tengo hambre de arenas movedizas.
De pan, de cebolla, de cristales.
Me aprieta, hasta morir me aprieta el hambre.
Hambre de barriletes y corcheas.
No entiendo, madre, no entiendo.
Hambre de preguntas, tengo.

Y el mar me llama y el oasis.
Tristeza soy y mandrágora y telaraña.
Arrúllame madre así, así.
En la más absoluta soledad  me recuesto… entre tus brazos.
Quiero morir entre tus brazos, madre. Así, entre tus brazos.

     Amelia Arellano

jueves, 20 de marzo de 2014

AMELIA ARELLANO




ESA MUJER

Esa mujer es mía.
Absoluta. Totalmente mía.
Jugamos a las escondidas.
Ella siempre me encuentra. Yo, a veces no.
Tiene una cueva de cristal de murano.
Solo Alí Babá  entra.

Conozco sus  disfraces más secretos.
Sus horas más tardías. Sus íconos de cera.
He llegado a la profundidad de sus marmitas.
He rescatado sus muertos mas amados. Sus maromas.
Los caminos. Las rondas y las cruces. Las amo.
Conozco los pecados veniales de sus pechos.
Sus termitas. Sus adormideras.
La he leído letra a letra a letra, al revés y al derecho.
Encontré palabras que solo yo conozco.
He andado y desandado las profundidades de su boca.
He batallado fieramente con sus impiedades
Me ha aturdido el concierto de cigarras en su vientre.
He llorado sobre su hambre madre.
Tatuadas mis serpientes en sus brazos.
Obsesivamente. Hemos luchado cuerpo a cuerpo.
Conozco sus empalmes y sus bardas.
Sus axilas dolientes. La tristeza entre los dedos de sus pies

A veces, en las noches, me quedo despierta hasta el alba.
Miro sus sueños agazapados entre los leños.
Los miedos de sus miedos. Roedores hambrientos.
La he acompañado en sus entierros y sus resurrecciones
En  la violencia de sus fuegos fatuos.
Las normas tiritan de pasión. Bengalas.

Me he dado tan profundamente a esa mujer tan mía.
Se me ha dado tanto.
Ya no quedan arterías que no haya recorrido.
Todo me ha permitido.
Menos acceder a esa piedra llamada corazón.





sábado, 28 de diciembre de 2013

Amelia Arellano


EL VALLE DE LOS LIRIOS

La conocí en un orfanato, acaso en un hospicio.
Un sepulcro inconcluso. Arenas movedizas.
Un serpentario. Un prostíbulo. Una iglesia.
Musitó serenamente, en voz azur, silente.
Susurró  de ausencia y  niños disecados.
De la soledad del gusano, padre nuestro.
Me habló quedamente. Al oído.
Me subyugó, al instante. Como en aquel enero.

Yo contesté llorando:
Ven, amada, embriágame la boca.
Pon en ella el color de los lirios.
Hunde mis ojos en tus oquedades.
Apriétame. Amárrame. Agriétame.   
No dejes que me escape, soy la mujer de Loth.
Ya todos han partido. Las madreselvas negras.
Los perros flacos, los azules potros.
Han huido las aldeas despobladas de peces.
Ven, no ceses, degüéllame los fresnos.
Márcame con tus dientes, dulcemente.

Estoy cansada amor. De bocas agrias.
De dardos pestilentes. De hospitales.
De la morfina y de  drogas de oro.
Llévame a la tierra de cipreses.
Todo lo que se me ha legado lo he cumplido.
La norma, la ley, la regla y  los relojes.
He mamado de los pechos de la loba.
He besado con ardor, los labios helados del Bautista.
He bebido cicuta y miel con Judas.
Barrabas ha yacido en mi lecho.

He buscado, agua, solo agua.
En los parapetos de mi sangre.
En pilas bautismales. En artesas.
Y no hay dioses, ni demonios, ni ángeles caídos.
Hasta el Río de Heráclito está frígido.
Tampoco está la niña, ni las trenzas, ni pechos desangrados.
 Ni líneas circulares. Ni el semen de los soles negros.

No, no te detenga mi humana, mi vulgar tristeza.
Ven amada, bésame en la boca.
Pon en ella el valle de los lirios.
De los lirios, el valle.





lunes, 25 de noviembre de 2013

Amelia arellano



TURMALINAS

No, mi niño no es el gemido de la guerra, es el hambre.
Los piojos.  La leche agria. Las manos escarbando la basura.
No temas. Son otra vez,  los axiomas sagrados.

La vida es tan sencilla como lo es la muerte.
Gota a gota desborda  el malecón.
La vida. La supervivencia. Es tan sencilla y áspera.
Pétalo. Lengua de gato. La lima no es un fruto.
Tan sencilla y filosa. Amor mío, rebana el pan de miel.
Hoja roma , rama seca , cuchillito del monte.

Es el hambre y el frío. Sopla, mi amado, sopla. Mas!
No, no sueñes, no es la hora. No.
Partida de abedules. Barquito que no vuelve. Una cruz en la tierra.
Amor amor. No soples más. Son fuegos fatuos.
“Ay que prado de penas”
“! Ay que dolor de sangre prisionera me está clavando agujas en la nuca!”
Hazme otro niño. La tierra está desierta.

Te esperaré disimulada en una marcha de cuchillos.
Rastrojos en la siesta. Tus manos artesanas.
Cúbreme con turmalinas negras.
Almizcle. Soledad de cicuta. No. Tregua ni pausa.

Me desnudó despacio y a escondidas de Dios.
Empecinadamente. Toro. Semental. Gallo de riña.
Trago a paso. Paso a mano. “pasará, pasará y el último quedará”
Me quitó una bandada de gaviotas muertas.
Un halcón. Una cigarra. Una ameba.
Vamos a Babilonia. Negro que te quiero negro.
Claveles dispersos en las playas. Virgen del mar.
Barro y arcilla, entre tus manos.
Stop. No pasar, calavera de vidrio.

La muerte es tan sencilla, como lo es la vida.





sábado, 19 de octubre de 2013

Amelia Arellano



ENERO (Inédito para Artesanías Literarias)

Era un hermoso día para morir, viviendo.
Arde el verano y la ausencia de garúa.
Un estío que atrapa lagartijas.
Uno que otro matuasto entre las pajas.
Plenitud. Soledad.
Ni una brizna de hierba entre los pechos.
Un templo. Un santuario. Oscuridad.
Y yo en ella.

Era una gloria morir en ese enero.
Parada en los umbrales de la pena. Espero.
Se aproximan los potros de la noche.
Un cuervo tiembla  de deseo en su desierto.
La sangre salpica las estrellas..
Los muslos. La pasión y la memoria.
Un grito. Un grito y un silencio.
Hasta el viento callaba.
Féretro pequeño. No nato. Lagrima seca.
Sublevación.
Enredados, un pulpo, una medusa.
Un cordel de oro. Una garra. Un galope.
Dos gritos. Dos gritos y un silencio.

Era un hermoso día para vivir, muriendo




viernes, 30 de agosto de 2013

Amelia Arellano



                                                           

LA NAVE DE LOS LOCOS”

La indiferencia es un animal hambriento
Socava lo que encuentra a su paso.
Arranca  mis cabellos. Hurta. Arrasa.
Viola y traspasa las cuencas y los ojos.
Saquea mi osamenta con sus  fauces
Se multiplica  en sangre de un animal herido.
De un niño. De un muerto. De una anciana.
Devora los padres y las madres.
Metástasis del lodo. Barbitúricos.
Pausa…pausa...El mundo está  al revés.
 La cabeza vacía  y el vientre ardiente.
Hipnóticos, Narcóticos. “Quiero dormir nodriza mía”
Y se me ha concedido la vida sin resurrección.
La fuga. El escape. La evasión.
Bautizada   Marie Charlotte Amélie.
Renacida. Guarida del delirio
He asesinado a Dios con mis propias manos
Han caído los ángeles y el juicio es una bestia lujuriosa
Desviada de la  regla de tres. Del sendero recto.
Escupo mi demencia  en los caminos rectos.
He tomado la curva sin regreso y he subido a la Nave.
Gloria a ti  bienamada.
Ven tómame en tus brazos. Largas maldiciones nocturnas.
Mi locura, mi razón,  en lecho de amantes, yacen

No temo que ella venga, temo que se vaya.
Que me deje. Separación es ecuación de angustia.
Nadie me encontrará. Porque yo no me encuentro
El espejo refleja el embudo invertido  y no estoy, no soy.
En mi cabeza una rosa con media luna musulmana.

La indiferencia es un animal saciado.