viernes, 4 de febrero de 2011

JOAQUÍN O. GIANNUZZI – Un arte callado


 .
Joaquín Giannuzzi nació en Buenos Aires en 1924 y falleció en Salta en enero de 2004.  Recibió el premio Vicente Barbieri (1957), el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes (1963 y 1977), el Gran Premio de Honor Fundación Argentina para la Poesía (1979), el Segundo Premio Nacional de Poesía (1990-1982), el Primer Premio Municipal de Poesía, el Primer Premio Nacional de Poesía (1992) y el Premio Esteban Echeverría.  Su obra poética incluye los siguientes títulos: Nuestros días mortales (Ed. Sur, 1958), Contemporáneo del mundo (Americalee, 1963), Las condiciones de la época (Sudestada, 1968), Señales de una causa personal(Cuarto Poder, 1977), Principios de incertidumbre (Ediciones O.B.H., 1981), Violín Obligado (1984), Cabeza final (1991), Apuestas en lo oscuro (1991), Obra poética(Emecé, 2000) y Un arte callado (del Dock, ed. Póstuma 2006).
Sobre este gran poeta ha recordado Fabián Casas que Giannuzzi solía decir: "Gelman y Leónidas Lamborghini son grandes poetas, yo hago lo que puedo". Le gustaba bromear: "¿Viniste a ver a tu viejo maestro moribundo?", decía, mientras abría la puerta de calle de su casa. Después rengueaba cuando te acompañaba hacia el ascensor. Uno lo notaba y le preguntaba: "¿Qué le pasa, Joaquín?". "Creo que me tienen que amputar la pierna", remataba. Y se ponía a recitar a Rimbaud: "Las mujeres cuidan a los feroces enfermos que regresan de los países cálidos". También recitaba a menudo el "Segundo Advenimiento", de Yeats. O fragmentos de los "Cuatro Cuartetos" de Eliot, a quien admiraba, junto con Eugenio Montale. Ya en su casa, te acercaba un café –lo estoy viendo– y se sentaba frente a vos, en un inmenso sillón que daba al ventanal y al jardín. Si todavía pudiéramos hablar, me gustaría decirle que los poetas más jóvenes buscan sus libros como se busca una revelación, que hace poco estuve en México y que vi, emocionado, cómo los escritores jóvenes y no tanto del D.F. vaciaban la góndola con los libros de su obra poética que se vendían en la librería Gandhi local. Que ayer agarré Un arte callado y abrí al azar el poema que le pone título al libro y leí: "Nuestros pies perfeccionan/el arte de entrelazar los dedos./Unidas en la almohada/ nuestras cabezas apuestan/ a una boda perpetua./ Expatriados,/cerradas las puertas y las ventanas,/ abrazados al desnudo oponemos/ una ideología de lo callado/ a la manera en que marcha el mundo/ según la pantalla de la televisión".


Amantes en la noche


Nos amamos y apagamos el televisor
como negando la realidad. Pero el mundo
insiste en sus convicciones o las busca
por motivos que ignoramos o acaso
porque el crimen debe seguir su curso.
Desde afuera, sus figuras insomnes
presionan contras las paredes que nos refugian.
Se encarnan en el viento, aullidos
de neumáticos y en las inmediaciones
de todas las cosas, tiroteos
que no resuelven la discordia general.
Ahora acumula hojas secas
al pie de las ventanas y desliza
una carta de origen desconocido
por debajo de la puerta.
Pero florecemos desnudos en medio de la noche
donde el amor decide en su propia voluntad
y por él sabemos cómo hacer de la historia
un rumoroso escándalo que no nos concierne.

Orquesta degollada


El poema que cada uno
va masticando como un chicle de idiota
es poca cosa. Una preocupación ridícula
de la vida individual, guitarrita de bolsillo,
cantito de rana en los pulmons contaminados
cuando la calle abunda de gente en todas direcciones.
Sólo Dios sabe adónde va cada uno,
Pero el Estado sabe
dónde van todos con su pequeña música entre los dientes.
Traslado a mi oído el verso mascado
para probar su sonido: un fracaso que no resuelve
esta muchedumbre sentimental hacia el ocaso
con su rumor de orquesta degollada.

Fulgor en el subte

Los jóvenes amantes se lamían
las caras y las manos, desnudando
en la pública luz
la energía de la creación, la mutua
penetración de la materia viva.
Entonces los señores y tristes pasajeros
se irguieron esperando que el incendio
estallara hacia todas direcciones y destinos:
dejando que esa fuerza
se filtrara en ellos y cavara
en ropas, carnes, metales y maderas,
hasta un liberado resplandor.
(De Obra Poética, Emecé, 2000)

La paz del torturador


El torturador está cenando
con su sagrada familia.
Todo parece andar bien en este pequeño mundo.
Él está satisfecho con su trabajo
tan gratificante
que con 220 voltios es capaz de hacer maravillas
como arrancar de raíz
el más recóndito secreto de Dios.
La esposa no tiene por qué saber nada
acerca de estos asuntos
que por otra parte no le servirían
para hacer una buena sopa.
Sus dos hijitos admiran a papá
por su generosa manera
de llenar el mundo a su alrededor.
Cuando llega de la calle
el perro mueve felizmente la cola
y a los dos les da lo mismo
cualquier sistema social.
  
(De Un arte callado, Ediciones del Dock, 2008)

6 comentarios:

  1. Conozco bastante de la obra de Giannuzzi, sin embargo no tenía muy presente Un arte callado, de ahí que estos poemas publicados por la revista me sorprendieran y me sorprendieran más que gratamente...Gianuzzi tiene otra voz poética que tiene más que ver con la cotidianidad y esto me hizo un click impresionante. Poesía que me ha tocado y conmovido.

    Lily Chavez

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  2. A la flauta! que poemas!
    Felicitaciones

    Mariano Lazarte
    Junín

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  3. Nuestros pies perfeccionan/ el arte de entrelazar los dedos. No conocía el libro y ahora me pondré en su búsqueda. Ese poema me dió vuelta la cabeza.

    Esteban Raimundi

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  4. MARAVILLOSOS POEMAS, COMO DICEN LOS COMENTARIOS ANTERIORES TOCANTES, PARA MOVILIZAR LAS CABEZAS Y DEJARNOS SIN AIRE POR SEGUNDOS.

    ''...esta muchedumbre sentimental hacia el ocaso
    con su rumor de orquesta degollada''.

    QUÉ IMAGEN! VALE LA PENA LA LECTURA.

    MARTA COMELLI

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  5. No lo tenía a Giannuzzi con este estilo, he quedado gratamente impresionada.
    Bellísimos poemas.

    Irene

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  6. Muchos mencionan que no conocen estos textos y la verdad que se conoce otro tipo o estilo de la poesía de Giannuzzi, por eso la sorpresa, tal vez no se conozca demasiado El arte callado. Bravo por esta entrega

    María Esther Martinez

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