Mostrando entradas con la etiqueta MARTA COMELLI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MARTA COMELLI. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2014

Marta Comelli



AHOGOS VENECIANOS
II


Los delicados y fríos tonos de un Crucifijo del siglo XIV parecen ahogarse ante las ‘’Catorce Estaciones del Viacrucis ’’ de Tiépolo. Allí estoy y sobrevivo al paso del tiempo, al atropello humano, descarnado, a los colores tiernos y desfachatados de Venecia. ¿Sin Ti?
 Parada en San Paolo, luego de verlo sofisticadamente envuelto en su turbante de oros y amarillos, el Indú, me mira con recelo. Parece recordarme cuando Murano, Lido, los ahogos de entonces, como estos de una cruz que entregué hace un momento en manos de San Giácomo de Rialto. La bocanada de aire puro llega al bajar las escalinatas para acceder a su campo, donde  el ‘’gobbo’’ atrapa mi mirada, ese hombre fatal y arrodillado que la sostiene. Piedra de siglos, mito, allí están juntos, escalinata y jorobado del Rialto, fe, esperanza de misericordia en las velas encendidas al santo de la reconciliación.
¿Él me sigue o me persigue?

Rosas blancas, inmaculadas,  cuelgan sobre un puente  y se deshojan al roce de mis manos ávidas buscando, entregando caricias. Sutil descubrimiento de la tersura de esos pétalos, sensuales, aterciopelados. Me asfixio. Él me mira fijo ahora y enfrenta. Nos mezclamos, nos buscamos entre los frutos del mercado, entre las flores, sus perfumes. Tú, ¿ dónde estas?  Él, juega con su turbante, lo acaricia, Yo con los frutos.   El espacio se ilumina con un sol abrazador, las  conversaciones musicalizadas, el colorido coloquio de ese mundo matinal  al que nos sometemos, a sus sensaciones, sus delicias. Jugamos el juego de la caricia y el olvido,  de la lejanía y el casual rencuentro luego de años, cuando su mirada fue una llave al candado de mi angustia.

Entonces, Tú corrías puentes desde mis manos, brotabas palabras desde los ojos autómatas, desprolijos de incredulidad y miedo.
 ¿Él, dónde se gestaba, surgido de la imaginación de quién, en qué ocultas miradas o palabras?

Otro campo, es San Polo de imprevista austeridad ante los ojos. Me aquieto. Palacios que conservan con orgullo su belleza, y allí, Él se acerca, ya no me mira con miedo, en sus manos oscuras brilla un vaso rebosante de un líquido rojo, lo acerca a su boca, bebe, sensual bebe, me mira luego y lo eleva en un brindis. En sus ojos no hay desesperanza,  desamparo, ni en los míos. Ofrece con su mano una aceituna que bordeara el vaso, pasa y sigue, pasa y quedan, su aroma, su no voz, su mirada serena de tierras delicadamente oscuras, distantes.
Desde lejos, con la mano en alto, Tú  me reclamas. Otra vez el hueco del que me rescatas, y salto.                               

Venecia,  27 de octubre 2013, Marta Comelli                                

miércoles, 4 de junio de 2014

Marta Comelli





BÓSFORO  5.2.2014 
            
Son cómplices en esos trenes oscuros que navegan sobre rieles. Tras temerosas e inciertas curvas se asoma el Bósforo. No esta lejos.
Han amordazado los abrazos sofocados por la lluvia, que en su derramarse, se lanzan sobre bosques oscuros, densos, acompañando el silbido del tren que los acuna.
Vuelven de un viaje sin regresos. Escalan hacia el futuro, saben que encontrarán allí la cima.
Ocultan las migas de pan que volcaron desde el plato, no dejarán marca alguna de sus vidas.
El Bósforo brama sobre ríos ocultos, furiosos bajo él. El tren descarrila como sobre el agua, en balanceos inesperados.
Ellos inquietos, no verán, ocultarán, se quitarán el pan de las bocas, los gritos de las manos, a hurtadillas, reclamando el encuentro allá arriba. Insistirán mientras un sol agrietado de luz dorada se desentiende entre las nubes negras. Belleza ruda, espeluznante.
Salpicarán las migas todo el espacio invisible, lejos de sus cuerpos.
-
Una empleada como riguroso espectro abrirá la puerta, servirá la comida azul sobre platos azules y un mantel azul. Están cerca del cielo. Han olvidado un pasado que atesoraban para el futuro.
La bandeja es de plata. Los jardines se dibujan desde la ventana, cuelgan, se suicidan en caída libre.
La pareja a contraluz semeja una escultura con las manos en un lazo, atados a la mesa, único gesto posible, única instancia de apropiación.
Suenan las campanas lejanas de alguna iglesia, suena una música entre celestial y oculta. La ventana muestra allá lejos, el Bósforo.
Un tren y su locomotora se hunden en la oscuridad de un túnel, sobrevuelan el aire hasta llegar a su boca y mueren en el vacío hueco.
Las llaves de la habitación son de hierro. Navegan tules como alas blancas desde las ventanas abiertas, allá arriba la luna, allá abajo, muy abajo el Bósforo se desentiende, rueda.
                         Marta Comelli


lunes, 17 de febrero de 2014

Marta Comelli



NAUFRAGIO

‘’…o crear un mundo
para saber si existe Dios.’'
Roberto Juarroz

Poema I

Un caballo azul avanza sobre la costa
de los naufragados.
Se amapola su cuerpo en la carrera,
nutre de mariposas su lomo, lagartijas se enroscan en sus patas.
Quién te nombrará caballo
cuando el agua baje
el cielo claro anuncie el regreso del despojo a los inundados.

¿Quién nombrará lo que reste,
la impotencia sometida,  de los náufragos?

Poema II

Ya no más  pájaros azules
sobre el caparazón barrunto, cuarteado,
  que deja el agua.
Sobre los árboles putrefactos ramas secas y claveles del aire
únicos sobrevivientes.

Hasta las mariposas huyen
cuando ven esas lágrimas
bajando de tus ojos y que secas con la manga de la blusa blanca.

Los pájaros, las mariposas han desertado.
Todo es silencio
soledad
la nada.
Sólo un brote de un  árbol nuevo
se exige a si mismo,
bajo el agua.

Poema III

La naturaleza es
Cruel
 a tiempos,
destructiva,
mortal.

El hombre
Insiste,
  hasta la monstruosidad.

Poema IV

Después necesitamos estimular, abroquelar
los restos de luz,
inventar pájaros y así comprobar la existencia del aire,
el vuelo, 
el posible despliegue azul de alas.
Insistir,  en  ponernos zapatos para atesorar la fortaleza de la tierra.

Fue inútil.
Un naufragio deja débiles seres, desparejo el pisar
a pesar del suelo sólido,
(el agua siempre ante los ojos, casi ciegos)
Y  precavido del humano, tu igual,
que arrasa sueños,
pertenencias ajenas, a pesar de la tragedia.
El miedo lo absorbe todo.
Al mirar, al desplazarte, al tacto,
sentirás: frente a tus ojos, agua,
bajo los pies, agua,
al acariciar una mejilla, agua.

Naveguemos entonces mi amor 
    como podamos.

Marta Comelli, año 2013.


viernes, 30 de agosto de 2013

Marta Comelli


BICHO

Ese
bicho negro
hurga
insaciable.
Inhóspito
te deja.
Acribilla
ojos
manos
espalda.
Ese
inmenso
azul verdoso
cáscara putrefacta de limones
contienda silenciosa con los carriers que recorren tu cuerpo
tu cerebro.
Aceleran el impulso de perforar  lo interno.
Bocanada ahogándote.
Ese hueco inevitable que no te deja
si la adoptas y te habita, y se arraiga, se niega a olvidarte.

La nostalgia.

sábado, 6 de julio de 2013

MARTA COMELLI




BICHO

Ese
bicho negro
hurga
insaciable.
Inhóspito
te deja.
Acribilla
ojos
manos
espalda.
Ese
inmenso
azul verdoso
cáscara putrefacta de limones
contienda silenciosa con los carriers que recorren tu cuerpo
tu cerebro.
Aceleran el impulso de perforar  lo interno.
Bocanada ahogándote.
Ese hueco inevitable que no te deja
si la adoptas y te habita, y se arraiga, se niega a olvidarte.
La nostalgia.

viernes, 14 de junio de 2013

Marta Comelli

Marta Comelli






CORONA DE AVIÓN

Hundidas en el barrunto mar las barcazas son sospecha de definitiva pérdida, sus navegantes seres traslúcidos de mar adentro, ahora lejanos a la costa, hurgan con manos y cañas ese inmenso suelo marino que la marea dejó libre a sus delirios de  pesca irrefrenable. Cargan cangrejos y otras especies de mar,  de todas las maneras posibles en las barcas multicolores y se movilizan hombres y mujeres, como animales transparentes  atravesados por el sol. Ellos esperan el agua después del fruto para desenterrar sus barcas y volver a la costa, al mercado, al hogar.
En la otra orilla se divisa una figura de mujer alta y cristalina, tan azul como las aguas de este mar que se acerca, se aleja y moja sus pies y vuelve a su interior blanquecino, espumoso. Y se acerca, se aleja y moja nuestros pies  y vuelve, retrocede y vuelve. El mar juega con la isla. La isla espera. La isla  despojada, incierta de tiempos.

Mientras, en el centro de su pequeñez, ella mantiene su cuerpo solitario y erguido por obra de las mareas que  la arrasarán  cuando la hora llegue. Allí, solitarios y maravillados por ambas imágenes una de cada lado de nuestro increíble espacio terrenal, saboteamos peces de colores, abrazamos estrellas de mar y pisoteamos su suelo blanco, arena harinosa,  polvo para pieles sensibles. Habrá un momento en el que el agua suba y desaparecerá  debajo de nuestros pies. Se erguirán las barcas y sus felices pescadores, cantando desconocidas canciones  encantadoras de cangrejos, langostas, tal vez alguna sirena y regresarán con el agua empujándolos a sus costas reales, nosotros con el compromiso de unos navegantes conocidos por su irregularidad horaria, apenas nos sostendremos sobre un resto del islote cuando ellos arriben en nuestra búsqueda.
Cercanos a la costa aún podemos disfrutar del hundimiento definitivo por hoy, de la isla, igual el sol y desde la precaria barca,  las traslúcidas imágenes de los guerreros del pan, en una costa y en la otra la transparente luminosidad de un cuerpo de mujer, tan débil como incierto a medida que la distancia se acorta. Es posible imaginar, desaparecerá del escenario cuando pisemos  arenas nuevamente.
Ayudados a bajar insistimos en ver la ’Corona de Avión’ hundiéndose en el mar, pero  él ya ha cumplido con su tarea diaria de alojarla en su interior hasta mañana. Al volvernos vemos alejarse  una silueta inigualablemente azul, aleteando un pañuelo como si fuera un ala.  El día cierra un circuito natural indescriptible y con certeza no en un todo apreciable al ojo humano.                                                                            

Marta Comelli

lunes, 1 de abril de 2013

Marta Comelli






CORDERO DE DIOS


‘’ Por eso te escribo en un idioma que no conoces.
 Nunca me leerás y nunca sabrás de mi amor’’
 Alejandra Pizarnik


El dolor en las manos es más y más intolerable. Y el muy artero, el de las manos de seda, llega un día.
Así casi sin que se dé cuenta ingresa, sutil, diría disipándose en el aire y juega aureolas con las manos, aureolas órdenes. Simples, lacias manos acariciando casi, en su dar órdenes.
Roza con manos y  miradas. Y no deja de acariciar. Y  no deja de mirar.
Duelen las manos, tanto, y siente miedo por ella, por ellas.  Que no sirvan más para dar  vuelta la página, para escribir, ¿artrosis, artritis?
Él, muy sutil, sigue su juego. Juega bien, sabe lo que hace, apunta justo. Da allí donde falta.
 ¿Cómo sabe disipar el velo si recién ingresa? Se aproxima y respira cerca del oído. Un aire tibio respira, un aire nuevo, desconocido, susurra apenas y posa las manos para observación.  ¿Quién evitaría mirarlas?, blancas, delicadas pero sólidas, manos para acariciar mientras circulan el aire, instruyen.
¿Qué es más doloroso, artrosis o artritis? se pregunta; ¿hasta dónde llegaran ambas, hasta dónde llegarán las pobres manos desahuciadas?
Las suyas bellas, estalladas, planas, abiertas, limpias, tibias, la tocan lo presiente. Es solo sensación de caricia, sueño. Susurran al oído un aire tibio que lo invade todo al aureolarse y entonces, él, como sin querer se vuelve, mira, sonríe. Acarician sus sonrisas.
Pero las manos,… son las manos las que sonríen en el aire y se posan como mariposas en su espalda, la recorren. La sangre grita, ella reza. ’’ Misericordia, piedad, Cordero de Dios que quitas los pecados de este,  Mi  Mundo’’.
Tanta bestia dando vueltas  alrededor, tanta ausencia, tanto darse cuenta dónde hace falta, dónde duele más. Y entonces el aire tibio en el oído, y la mano sutil tomando el brazo para sugerir un algo, y ya no es lo cotidiano, él es otro y ella.
Duelen las manos, y el corazón.
El corazón acata la orden y él, el de las manos de seda dice ‘’bésame’’ y lo besa, lo besa para siempre.
‘’Cordero de Dios que quitas los pecados de este, Mi Mundo, bestiario terráqueo amenazado, amenazante, amenazándome. Protégeme’’.
Y lo besa, y duelen terriblemente las manos.
Lo besa para siempre.        
 
  Marta Comelli,   5.1.2013