sábado, 8 de septiembre de 2012

Celia Clara Fischer


Celia Clara Fischer
EN OTRA PARTE
 Amo en la noche los bolsillos del tiempo
el silencio consternado por predicciones indecisas
ese olor lascivo del vino mientras llueve
        y a mi cuerpo hablando
                       su fuego insolente
con los grandes secretos del río

amo en la noche las voces que anuncian la noche
el resplandor de una guitarra en el desierto
el peligro de la verdad de una mirada
mientras la música que espero avanza
bajando astral por crestas azules
hacia el paisaje abierto y mudo
                      de soledad en desmemoria

sobre todo en la noche amo la sed que no se apaga
y esta sensación de vastedad en alto
                      que me acompaña
demorando al sueño en su travesía
porque mi sangre se ha puesto lejos
                      a estremecer abrazos arrancados.






Ernesto Ramírez



Brecha generacional

La noche, pasada de tragos, trastabillaba bajo mis pies. Al llegar a la esquina los semáforos giraban y se giñaban unos a otros. Crucé la calle en zigzag y encorvado, como esquivando baches de ozono. Surgió el parque con las farolas encendidas. Me dispuse a atravesarlo. Nada más entrar apareció un señor. Rígido interceptó mi camino en mitad del paseo. No tuvo la gentileza de hacerse a un lado y di la cabeza contra su cuerpo robusto y macizo. Ni se inmutó. Me maree –más- y una brecha sangró en mi frente. Le recriminé su agresión pero no respondió. Exigí se explicase mas no habló. Solicité su ayuda y nada. La luna le iluminó el rostro y pude ver que era un enorme, indiferente, y lustroso anciano. La eterna falta de diálogo de las generaciones precedentes, atiné en pensar antes de desvanecerme.

Made in

En su rancho de los suburbios no existen estos festejos ni muchos otros. A sus ocho años no recuerda haber festejado ni siquiera el propio cumpleaños. Al primer descuido de esos niños arremete contra la gorda encendida y corre. ¡Reo, guacho de mierda! les oye gritar. Más tarde, acurrucado bajo el puente junto a un fuego que atora la noche de espectros crepitantes, observa la ciudad: las filas de autos, la nerviosa policromía de los semáforos, la fuente, la silueta de los árboles… En su barriga-alma, el espíritu naranja y sólido de la calabaza ahuyenta, por unas horas, al fantasma que a diario le atormenta.

sin lugar

se anegaron los sueños
del hombre sin lugar
el herrumbre y el frío del rancho
corroyeron la ilusión
y el agua verde del cordón
de putrefacción marginal
le inundó el alma
hasta hacerlo vomitar odio
desprecio por sus pares
y a pares de balas
se busca la vida cercenando iguales
desiguales en oportunidades
claro,
de civismo loable a la hora de tener
y deleznable avaricia a la de igualar
ciegos y obcecados patrocinadores
de seres sin nada que atesorar
porque el semen vacío
procrea vacuidad
turbas de niños sin lugar
futuros hombres:
desarraigados
desesperados
deshabitados
desdiosados
chuecos* corroídos por la miseria
de aprender vedados
sin nada que dar y a la vez
nada que perder
a la hora de aprehender.

*alusión al Chueco Maciel, marginado uruguayo famoso por repartir con los otros pobres de los rancheríos el importe de sus cobranzas sociales.


insumo

pobre pobre,
pobre vive, sueña pobre
enfangado de indigencia avanza
por debajo de la línea trazada por samaritanos hartos,
carga destempladamente la miseria
de su muerte cotidiana
atragantado con su fario indigesto
no, no importunes con demandas
el silencio es tu alimento
no, no indignes reclamando dignidad
dobla la espalda y prosigue
que adelante se abre un bello y abismal futuro
-bello futuro sin vos y abismo sólo tuyo-
un basural de optimismo
una perenne y lodosa hondonada
donde florece la muerte sus flores de alivio
en tanto haciendo arcadas rezamos por tu alma impenitente
piadosos los bien comidos
pobre, dócil e indefectible mastodonte
millonésimamente celular, vascular, genital
frugal por antonomasia
escollo condenado a no descollar
de idiosincrasia resistente
persistente en el designio de tu génesis
y en enturbiar las estadísticas:
puntilla marginal de las periferias urbanas
puntos de hambruna en los planisferios
manchas de negras epidemias
pobre de sino pobre
pobre insumo desechable
pobre tu estirpe ramificándose por simas sin sales
pariendo yuyos adictos a las suelas
no puedes proceder del simio pues la evolución te ignora
ni del señor pues lo creado dicen no desampara
haz de ser obra de un creador paralelo
mas de seguro pusilánime
que un paraíso misérrimo reserva al buen indigente
y a falta de combustible un infierno gélido
al pobre que en la miseria falte,
los querubines que te esperan, pobre, reptan no son alados
y el demonio –el peor- opíparamente humano
y tu tumba, pobre, mísera y honda
profunda cual tu destino
ninguneada
como tu historia. 

Amelia Arellano



DULCE PALPITAR DEL  NO OLVIDO-

“el olvido está tan lleno de memoria/ que a veces no caben las remembranzas / y hay que tirar rencores por la borda…” MARIO BENEDEETTI

Viene rugiendo el león de dos cabezas.
Lo siento en el palpitar de mi rosa.
En la huída de los latidos del corcel.
En el miedo  aprendido en catecismos apócrifos.

Viene de lejos.
De una jungla colorada y una niña triste.
Se va, a veces se va, pero siempre vuelve.
Hoy, en la cornisa del temor lo espero.
Quiero saber si es fantasma, humo, viento.
Si teme, como yo; si ama.
Si sabe que estoy hecha de lodo.

Necesito saber si pronuncia mi nombre.
Saber, si en él está mi morada final.
Me tiendo sobre la pura frente de una lápida.
Y espero.
El león de dos cabezas llega.
Se tiende a mi lado, vacilante.
Ronronea. Las palomas se escapan de sus ojos.
Dulce palpitar del no olvido.
Los íconos, rotos, caen, amamantados.
Por donde el niño ha besado los pechos.


Susana Macció



SILLA ANCESTRAL

Alberga en su regazo
dolores inclemencias risas
de sucesivas generaciones.

Mi abuelo la encontró
en la ilación de la madera
le esculpió un corazón
de pura madre
talló sus formas
de mujer ignorada
de utensilio incrustado
en los rincones de la casa.

En tardes
de mansos silencios
la silla narra
la viva historia familiar.


 LA CASA

Alberga vida en sus paredes
en los hilvanes del aire.
Viejas lágrimas condensadas
en el humo sumiso
de sus colaciones.

Impasible
el gusano de seda del tiempo
tejió llantos rezos relatos.

Los gritos las palabras
los sueños los desvelos
el estertor de sus muertos
entre silenciosos escombros
se sorprenden se entremezclan
se reencuentran.

La higuera custodia la casa
como una anciana
ama de casa.

Jacobo Fijman





EL CANTO DEL CISNE

Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!


ALDEA

Mi blanca soledad-
aldea abandonada.

Revuelo de perezas
sobre la torre de un anhelo
que tañe sus horizontes.

Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.

Se ha sentado el dolor como un cacique
en el banquillo de mi corazón.

Las lluvias estancadas de mis sueños
se han cubierto de musgo.

En el horno apagado del silencio
mis frutos maduraron
estérilmente.

Perdí mi itinerario en el desierto.

¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!

En una pradería de cansancios
balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
las calles andariegas
beatas de mi ser
son manos
contemplativas
que van perdiendo soles...


BARRIO

Barrio apartado;
bandada de colores
de las ventanas de las casas.

Silencio cruzado de brazos
ante la luna.

Sobre los árboles
embalsamados de cordialidad,
aromadas de estrellas
se trepan las callejas.
¡Dulzura!

Nada interroga.
Se está y no se está en sí mismo
muy limpio y ancho.

¡Y todo es tan lejano y puro
que una nueva inocencia nos consuela!

¿He salido a buscar
juguetes
para los niños?

Barrio apartado:
paisaje de estampas y estrellas.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Silvia Palferro




La medianoche del párpado
cayó hasta el final.
Es allí donde el hombre se hace otro
y en ese no saberse pierde el rostro.
Desde alguna luz de inciertos
detrás del tiempo estrellándose
el hombre es posible
que recuerde o nunca
pero su voz tuvo la edad
de todos los silencioos
y cada paso se detuvo en uno.
Sin embargo después otra geografía
adoquinada al cuerpo comienza
a rodar como luna querendona.
Acaso de la vida pueda ser el misterio
este reparto de historias sin ángeles
que burlaron los balcones de la noche,
cuando la verdad quién sabe
si allguna vez despierte
sobre los días, quién sabe. 

Cristina Villanueva




La hora de las palabras*
La lectura es un puerto de partida, un viaje, una aventura, una ventana, un horizonte. Los libros nos hacen por dentro, aún los que no leímos forman parte de nuestra subjetividad. Se derraman en adjetivos en nuestras charlas: quijotesco, dantesco, kafkiano. Se entrelazan con las imágenes del cine y con los cuentos que nos narraron. Se hacen amigos nuestros que comparten el hastío de la espera. Descubrimos que hay autores, personajes que pensaron y sintieron como nosotros y pueblan nuestra soledad. Nos vuelven detectives que buscan lo escondido del iceberg. La literatura tiene muchas formas de nombrar y contar los pocos temas elementales. Los libros son escaleras para escaparse de la banalidad. Instrumentos para reflexionar. Maneras de salir de un mensaje único que la sociedad de masas (a través de los medios de comunicación) tiene preparado para nosotros. El sentido de la vida puede estar en la línea de un libro, o quizás el sentido sea su búsqueda. Ese viaje nos dará el placer de encontrar fulgores dormidos en sus páginas que algunas veces se despiertan con nuestra mirada. 


Cristina Villanueva