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lunes, 26 de septiembre de 2011

Otra resistencia alemana


Otra resistencia alemana




CECILIA DREYMÜLLER 30/07/2011

Narrativa. No hay en el siglo XX en la historia de Alemania una época más trascendente y fascinante que la de entreguerras. Las repercusiones de los "dorados años veinte", con sus terribles convulsiones políticas y sociales -cuando se establece y malogra trágicamente la República de Weimar, y se combaten a muerte comunistas, socialistas y nacionalsocialistas-, llegan hasta nuestros días. Pero mientras las nefastas consecuencias del fracaso democrático de los alemanes son de sobra conocidas, lo es menos un personaje clave que tal vez podría haberlas evitado: Kurt von Hammerstein, el jefe del Estado Mayor del Ejército alemán entre 1930 y 1933, y uno de los militares más influyentes de la joven República de Weimar. Pero Hammerstein (y su muy activa familia) consiguieron tan bien mantenerse en un segundo plano que ni siquiera los historiadores se han fijado en él. Ha tenido que venir Hans Magnus Enzensberger para sacarlo de la penumbra de la historia y encararle a él y a sus hijos en "conversaciones póstumas" a las preguntas de la posterioridad. ¿Qué habría sido si Hammerstein convence al presidente Hindenburg del grave error de nombrar a Hitler canciller del Reich? ¿Cómo habría terminado la jugada si el general actúa contra Hitler en la reunión secreta, en 1933, donde éste le reveló sus planes? ¿Cuándo podría haber terminado la guerra si logra su plan de arrestar al Führer en 1939 en una visita al frente occidental? Son preguntas que surgen tras la lectura de este excitante libro, que mezcla elementos reales y ficticios en una crónica familiar, en la que las dos hijas comunistas y los dos hijos partícipes del atentado de Stauffenberg juegan importantes papeles secundarios. El máximo mérito de Hammerstein o el tesón consiste tal vez en perfilar con nitidez las contradicciones de esta época de violentas crisis. Pues Hammerstein, un hombre moralmente intachable, un demócrata convencido y un militar racionalista, mantiene desde el principio una distancia irónica hacia el nacionalsocialismo. "En Múnich un cabo Hitler se ha vuelto loco" es su único comentario al Putsch de 1923. Considerado unánimemente por sus contemporáneos un analista político tan perspicaz como franco -"el noventa y ocho por ciento del pueblo alemán está borracho", se atrevió a decir en una reunión de oficiales tras la toma de poder de Hitler-, tuvo que plegarse al hecho de que el Ejército iba perdiendo fuerza como factor político autónomo. "No se observa ninguna corriente política activa entre los oficiales competentes. En lo tocante a su posición respecto al régimen, ellos también son completamente pasivos". Al darse cuenta de la situación, Hammerstein, relegado del mando del Estado Mayor en 1934, se retira de la vida pública y se va a cazar con sus amigos aristócratas. No obstante, no deja de expresar abiertamente su desprecio por los "farsantes y bandidos", nunca abandona su resistencia pasiva. Y a pesar, o tal vez a causa de su oposición inquebrantable, Hammerstein, y su familia, sobreviven. Es esto lo que vuelve su caso especialmente significativo y lo que atrajo al autor, como confiesa en una charla póstuma con Helga von Hammerstein, hija del general: "La historia de su familia me interesa porque dice mucho sobre cómo alguien pudo soportar el Gobierno de Hitler sin capitular". Menos relevantes para este asunto resultan las farragosas excursiones en las intrigas mortales del partido comunista en las que Enzensberger se pierde a lo largo de medio centenar de páginas. También puede extrañar, en un autor de una bibliografía tan "izquierdista" como la suya, la poca consideración dispensada a la República de Weimar, cuando se dedica tanta atención a los detalles decorativos del mundillo exquisito de la nobleza alemana en el que se mueve la familia Hammerstein. Aun así, Hammerstein o el tesón se lee con palpitante interés, no como último cuando se explica por qué no es una novela, pues presenta a un antihéroe sumamente particular, quien hizo suyo el lema: "El miedo no es una visión del mundo". 

viernes, 9 de septiembre de 2011

HISTORIA: LOS IDUS DE JUNIO A SETIEMBRE DE 1955



DE JUNIO A SETIEMBRE DE 1955

La mañana del 16 de junio de 1955 fue el bautismo de fuego de los aviones de la aeronáutica contra el pueblo, aunque lo quieran negar. Operaron esos aviones aviadores argentinos, arrojando nueve toneladas y media de explosivos, según algunas fuentes, otras, catorce toneladas sobre la población civil inerme. Fijaron sus objetivos de ataque en los puntos del centro neurálgico de la Plaza de Mayo, la casa de gobierno, donde lanzaron sus bolas de fuego y muerte contra los trolebuses repletos de pasajeros, en su mayoría trabajadores que se desplazaban hacia sus tareas, o bien transeúntes distraídos que recorrían ese lugar histórico, mientras se escondían como podían ante la sorpresiva y violenta lluvia de bombas y metrallas. Eran aviones de la Fuerza Área y de la Marina de Guerra Argentina que actuaron con los mismos objetivos y la misma saña criminal.
Aquel 16 de junio, el capitán de fragata Néstor Noriega, de 39 años de edad, esperaba que el cielo se despejara, la escuadrilla formaba escalonada hacia arriba. A las 12,40 Noriega al mando de su Beechcraft descarga una bomba de 100 kilos que cae sobre la sede presidencial; a continuación los North American al mando del capitán de corbeta Santiago Sabarots descargan bombas de 50 kilos cada uno. La Plaza de Mayo era un incendio, quienes salían de las bocas del subte se encentraron con la nube de pólvora, los aviones rasantes sobre el casco porteño, la gritería, la desesperación, la gente intentando esconderse como podía, heridos, muertos, mutilados, así comienza la masacre del 16 de junio. En el trabajo por recuperar históricamente aquella masacre, realizado por Gonzalo Cháves, titulado la Masacre de Plaza de Mayo, pasa revista a los nombres de muertos y heridos, lugares donde fueron alojados y la cantidad de muertos NN que aparecen en el listado : Me sorprendió descubrir entre los protagonistas de la masacre del 16 de junio de 1955 a hombres y nombres que participaron en el golpe del 24 de marzo de 1976, como los dos secretarios del ministro de Marina Olivieri, que fueron Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, dos marinos importantes en el último golpe de Estado. Ellos estuvieron al tanto de lo que iba a pasar y no detuvieron la acción militar contra los civiles. El ministro Olivieri dio parte de enfermo y sólo regresó al despacho dos días más tarde del 16 de junio. Lo mismo hicieron “Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, sus jóvenes ayudantes”. De esa investigación se desprende que estuvieron involucrados activos participantes de la última dictadura militar como son: Carlos Suárez Mason y Osvaldo Cacciatore, intendente porteño durante la dictadura, el de las famosas autopistas, que integraba la escuadrilla de la aeronáutica que bombardeó la Plaza de Mayo. Otro de los personajes que estuvo en el bombardeo fue el hermano de Massera, Carlos Massera como piloto de la marina.
Hay un testigo incomparable, el camarógrafo de Sucesos Argentinos, Carlos de la Fuente, víctima del bombardeo, que a pesar de estar herido, no perdió la conciencia, llegó a contabilizar "pilas de muertos detrás de la Casa Rosada", con una etiqueta atada con un hilo en el dedo gordo del pie con los datos de cada una de las victimas. Dice lacónicamente: todo fue un pandemonium.
La masacre de junio de 1955 costó la vida aproximadamente a 350 ciudadanos, otras fuentes más precisas sostienen 367, y a más de dos millares de heridos, sin contar las profundas secuelas de terror que se instaló en gran parte de la población que vivió, asistió y sufrió aquellos bombardeos encabezados por los aviones de la marina y Aeronáutica, acción indudablemente repudiable.  



martes, 22 de junio de 2010

MANUEL BELGRANO (1770-1820)

…es uno de los revolucionarios de los más preciados y capaces que tuvo la historia argentina. Relegado por la historia oficial mitrista a ser recordado como el creador de la bandera, Belgrano fue uno de los combatientes por la libertad y partícipe de la corriente revolucionaria de Mayo de 1810 junto a Moreno, Castelli y todo el grupo que quería desprenderse de la dependencia de la corona de España. Hoy se cumple el 190º aniversario de su muerte, en la total pobreza y postergado por las élites que desgobernaban al país. La bandera fue creada el 27 de febrero de 1812 durante la expedición al Paraguay: cambiar la fecha del evento tuvo la intención de menoscabar su memoria... Andrés Aldao 

 Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de Junio de 1770. El joven Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y luego en la Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asume a los 23 años como primer secretario del Consulado. Desde el consulado se propuso fomentar la educación, capacitar a la gente para que aprenda oficios y pueda aplicarlos en beneficio del país. Creó Escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorpora a las milicias criollas para defender la ciudad. A partir de entonces compartirá su pasión por la política y la economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos. Cumple un rol protagónico en la Revolución de mayo y es nombrado vocal. Se le encomienda la expedición al Paraguay. En su transcurso crea la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego vendrán las derrotas de Vicapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14 -11-1813) y su retiro del ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán. El 20 de junio 1820 moría Manuel Belgrano en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia. 


Felipe Pigna