sábado, 19 de octubre de 2013

Ernesto Ramírez


Veni, vidi, vici

se arrastra la sangre
tras los intentos desmemoriados de ser feliz
se inhibe la sombra
evitando las ruinas que ya no serán hombre
copula el azar con el sino quebrado
que sólo goza cuando el espejo estalla en ira inútil
hay un vendaval asonando los miedos y un ejército de miradas canallas
una jauría con traje de hombre y el hombre aperrado en la calle
en cada esquina se venden retazos de vida
en cada cuadra se hunde la inocencia en la mierda
a cada instante somos menos simios pero más nimios
y en cada momento menos nos queda a rescatar
vacíos nos revolcamos tanto en la opulencia como en la miseria
enfermos de histrionismo y locura buscamos una catarsis que nunca llega;
somos apenas una infantería de soldaditos de mazapán
aplastados por el peso brutal del sin sentido
la historia es un libro demasiado grueso del que nadie quiere aprender nada
y el futuro un mercado libre lleno de liebres desenfrenadas,
¡mas no desesperar! aún nos queda prisa para arrollar la cordura
risas tontas para someter al llanto
bisturíes y falsedades con que desfigurar lo auténtico
¡nos queda y cuanta! hipocresía para conquistar el cielo
santuarios de vanidades
oleadas de indiferencia
en la cresta del goce unos pocos equilibran delirando de placer
mientras el resto surfea en la ola invertida
el hombre al que creímos libre nace engrillado
y si logra liberarse lo detestamos,
cual dioses inclementes de un paraíso profano
con lengua afilada amputamos alas a las vírgenes y el himen a los ángeles
esnifamos poder y fumamos alquimia para huir de nosotros mismos
y cuando por error nos reconocemos, ateridos de horror y auto desprecio,
simplemente nos perdonamos por ser imperfectos
somos el eslabón hallado de la estupidez, el Pi de un círculo flácido y sin eje
entregados al absurdo agitamos banderines de viveza
como diminutos estandartes del privilegio
y sí, pertenecemos al mástil que enarbola la superioridad
sólo que hipotecamos la brisa
y la ilusión se hundió en la desesperanza de una especie a media asta
mas seguimos andando sin miramientos
enceguecidos por la incandescencia del basural de lo superfluo
aferrados los escépticos al poder divino… del alcohol
mientras esperamos, irredentos y torpes,
que al próximo brindis adosen cicuta.

                                                                Ernesto Ramírez 

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