sábado, 11 de agosto de 2012

JÜRI TALVET



 nació el 17 de diciembre de 1945 en Pärnu (Estonia). Licenciado por la Universidad de Tartu en Filología Inglesa (1972) y Doctor en Literaturas Occidentales por la Universidad de Leningrado (San Petersburgo) en 1981 con una tesis sobre la novela picaresca española del Siglo de Oro, ha impartido cursos de historia de la literatura occidental en la Universidad de Tartu desde 1974 (desde 1992, es Catedrático de dicha especialidad). Ha sido también el fundador de los Estudios Hispánicos en su universidad (en el curso 1992-1993), que continúa dirigiendo. Desde 1994 preside la Asociación Estonia de Literatura Comparada y desde 1996 es director del anuario internacional de la misma Asociación, Interlitteraria. Ha traducido al estonio numerosas obras de las literaturas hispánicas  (el Lazarillo de Tormes, poemas de Quevedo,  el Oráculo manual de Gracián, La vida es sueño y El gran teatro del mundo de Calderón, El burlador de Sevilla y convidado de piedra de Tirso de Molina,  Los cachorros, de M.Vargas Llosa, los cuentos de G. García Márquez, poemas de S. Espriu, etc.). Como investigador y crítico, ha publicadoHispaania vaim (1995), Tõrjumatu äär (2005), así como más de cien  ensayos y artículos sobre literatura y cultura en revistas de Estonia, Rusia, España y Estados Unidos. Ha sido galardonado con el Premio Anual de la Literatura Estonia (1986), el premio Juhan Liiv de Poesía (1997) y el premio Memorial Ivar Ivask, de poesía y ensayo (2002).
 Obras. Poesía: Äratused (‘Despertares’, 1981), Ambur ja karje (‘El sagitario y el grito’, 1986), Hinge kulg ja kliima üllatused (‘El progreso del alma y sorpresas climáticas’, 1990), Eesti eleegia ja teisi luuletusi (‘Elegía estonia y otros poemas’, 1997), Kas sul viinamarju ka on? (‘¿También tienes uvas?’, 2001), Unest, lumest (‘Del sueño, de la nieve’, 2005), Silmad peksavad une seinu (‘Ojos golpean las paredes del sueño’, 2008); Elegía estonia y otros poemas (Valencia, 2002, selección de sus poemas traducidos al español por A. Lázaro-Tinaut), Estonian Elegy. Selected Poems(Toronto, 2008, selección de sus poemas en inglés, trad. H. L. Hix). Ensayos: Teekond Hispaaniasse (‘Un viaje a España’, 1985),Hispaaniast Ameerikasse (‘De España a América’, 1992), Hispaania vaim (‘El espíritu español’, 1995), Ameerika märkmed ehk Kaemusi Eestist (‘Apuntes americanos y contemplaciones de Estonia’, 2000),Sümbiootiline kultuur (‘La cultura simbiótica’, 2005), Tõrjumatu äär(‘El borde irrefutable’, 2005); A Call for Cultural Symbiosis (Toronto, 2005, trad. H. L.Hix).

Recuerdos de Leiden

Meditación en un país bajo
¿Era de verdad necesario llegar hasta el agua
del canal quedo y mecedor de Herengracht
para saber que todos los holandeses son lonchas
cortadas de ese queso que se suele llamar holandés?
¿Tenía que extraviarme de nuevo (esto no fue,
pues, un error), perderte a ti, yacer en un sueño
sin sueño como un cuerpo muerto, dócil,
para reconocerte y amarte de nuevo?  
Ayer oí: 
women’s language is a simultaneous
translation between the language
and the body
Oh, ¿quién les mintió?, ¿quién inventó
esta horrenda patraña?
Esos panes de queso holandés no pasarían raudos
en bicicleta, como ráfagas súbitas y mudas de viento,
aunque fueran panes auténticos hechos de centeno,
y mi cuerpo sería desde hace mucho tiempo tierra negra y obediente,
rendida a los pies de cualquiera, y yo nunca habría escrito
este poema si la traducción simultánea de la que usted habla,
sesuda doctora, se hiciera, como dice,
del cuerpo a la lengua, de la lengua al cuerpo, del cuerpo a la lengua,
o vertiendo lo mismo a una lengua más simple, la de un país bajo,
próximo a la tierra:
del cuerpo al cuerpo del cuerpo al cuerpo del cuerpo al cuerpo

¿También tienes uvas?  

En la madraza de la ciudad que huele a morería, 
bajo arabescos que se recortan y se retuercen,
los críticos académicos explican la revelación:
fluyen las significaciones como la vida misma,
el lenguaje sirve para llegar a acuerdos sin impedir
que cada cual mantenga su criterio; es la que sirvió 
para que un anciano enfermo que perdió una pierna, 
con el rostro cruzado de cicatrices siberianas, tras 
los barrotes, bajo el cielo de su patria, desde la penumbra 
de su gargantuesca máscara, pudiera 
confundir las mentes de los papagayos de París.
Y así quedaron los críticos, intercambiándose alabanzas
y dándose palmaditas en la espalda, pero con sus puñales
andaluces prestos en el bolsillo. Me fui.
No porque yo fuera mejor ni más sabio que los otros.
Ya había pasado otras veces por lo mismo.
En el principio de los siglos, aun antes de que
naciera aquel que recomendara ofrecer la otra mejilla,
el sabio cobijado bajo el tejado de la pagoda
había sentenciado: “Todo fluye. Nada podrá
contra ello la espada ni la palabra”.
Lo supe de otro modo. Lo intuí
cuando una mujer joven, con su mirada
tierna trenzada en la corcova, se inclinó 
ayer sobre sus hijos sanos, concebidos
con su marido jorobado; y hoy lo intuyo
a través de la vocecita tenue de mi hija 
de dos años que me ha preguntado por teléfono: 
“¿También tienes uvas?”.
Sin saber qué hay más allá de los países y los mares,
sin saber que hay diferencia entre un día y un año,
mas que en realidad no hay diferencia alguna.

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