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martes, 22 de marzo de 2011

KRYSTYNA RODOWSKA, poeta polaca


KRYSTYNA RODOWSKA

Poeta polaca y traductora de literatura hispanoamericana y francesa, ejerce también crítica literaria y periodismo cultural. Es autora de seis libros de poemas. Sus poemas han sido traducidos al francés, español, checo, sueco, lituano, rumano y eslovaco. Con motivo de la publicación de los poemas escogidos de Octavio Paz Wciąż te same widzenia (Siempre las mismas vistas) en 1991 recibió el premio de la revista Literatura en el Mundo por la totalidad de sus traducciones de la poesía latinoamericana, entre cuyos autores ha traducido a Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Roberto Juarroz, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, José Emilio Pacheco y otros. Ha publicado también traducciones de poetas contemporáneos polacos y ensayos sobre la poesía polaca en México y en España. En 2005 recibió el Gran Premio de la ZAIKS (Sociedad de Autores y Compositores Polacos) por la totalidad de su obra de traducción.

Exilio


(fragmento del poemario autobiográfico El gran viaje)


La ciudad donde nací
ya no existe
pero seguirás encontrándola
en el mapa de Europa del Este

Exiliada de la realidad
de varios siglos de su historia
no es más que un montón de muros
y fachadas sin alma

Sus actuales habitantes no están conscientes
de la carga de nostalgias que miran sus ojos
sin admiración sin horror
Para ellos la ciudad no hizo
sino cambiar de piel

Sus leones míticos ya no protegen la memoria
de tantos pueblos e idiomas
Aún les sangra la espalda
bajo el látigo del Domador

La casa de la que me arrancaron
aún sobrevive —según me cuentan

visitada por sus fieles muertos


*
Largos años recordaba
el olor de aquella calle
que hasta hoy sigue guardando
en su cofre de piedra tapado con la bóveda
del mismísimo cielo
cuatro embarazos de mi abuela materna,
sus llantos al oído del confesor,
sus anillos de oro su mano de hierro
conocida bien por los domésticos y los hijos,
visitas de las cuñadas solteronas que llegaban de Viena,
postales amarillentas del frente de la guerra
inconsciente de su vocación de la primera,
rondas de mi futuro padre un pobre estudiante
de medicina alrededor del “castillo fuerte”:
de gente acomodada donde una doncella
nostálgica lo seguía de ojos
desde su ventanilla



(una versión más de la historia de Romeo y Julieta)