Don Tobías prepara la yerba, retira el agua antes del hervor. Algo de azúcar quemada.
Busca la mecedora -¿dónde está?- Se apoya en el bastón y trae el mate listo para que le respondan con una sonrisa.
La siesta calcina los yuyos, el mate espera; sin embargo el hijo le aseguró...
A la noche, don Tobías tiene el corazón liviano como un pájaro.
Algo se desprende del viejo Tobías y remonta buscando altura.
Un barrilete cayó, pesadamente, sobre el viejo mate.
Betty Badaui