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sábado, 19 de octubre de 2013

Juana Rosa Schuster


DIARIO DE UNA MUJER GOLPEADA  

SABADO 4: Hoy fue la primera vez, y seguramente la única.
Carlos se descontroló. Los caballos también se desbocan. Me duele la bofetada.
Mi madre quiere que hable con el juez de la comuna. No va a ser necesario. Fue siempre exagerada.
Estaba nervioso porque los niños del vecindario habían robado naranjas otra vez. Estos pillos trepan y se llenan los bolsillos. Está claro que esto lo desequilibró. Estábamos comiendo cuando los insultaba.
Se me volcó la jarra de vino. Como una mancha de sangre, se extendió por el mantel. Lo había bordado su madre. Hay que entenderlo. El pobre pensó en ella. 

DOMINGO 5: No acudí a misa. La mejilla se puso violeta. Me habrá extrañado el  Padre Plácido.
Carlos me pidió disculpas.
Mi madre vive con temores. No hay por qué magnificar las cosas.
La vida nos trae alegrías y sufrimientos.

LUNES 6: No quiero que me vea ella.
Cuando él notó que no había más bacalao, me golpeó en un ojo. Caí. Desde el suelo le supliqué perdón.
 Se fue después de un portazo. Seguro que está en la taberna. Allí es donde aprende malos hábitos.
No veo bien. Me puse compresas frías.
Tocó el timbre mi madre, no salí. La pobre fue a preguntarles a las vecinas.

MARTES 7: Ayer por la noche me pidió que lo perdonase. Dijo que me amaba.
Es que está irritable. No se vendió bien el ganado. Hay que comprenderlo.
 Tiene dificultades porque trabaja. Si fuese un perezoso, no habría inconvenientes.
No sé qué hacer con el ojo. Está muy congestionado.
No puedo ir a ver a Trinidad, la que me vende los yuyos. Lo contaría en el pueblo.
¿Qué dirían sus amigos? ¿Qué pensaría el alcalde? Tengo que ocultar todo.
El conflicto es mi madre.

MIERCOLES 8: -Ábreme o tiro la puerta abajo.
Parecía que hubiese visto una víbora. Lanzó un grito que espantó a las palomas.
-Nadie pega a una hija mía! -Hablaré con el juez.
Le rogué que no lo hiciese. El escándalo nos sacudiría y él va a cambiar. Esto es pasajero.
No me hizo caso. Salió decidida a todo.

JUEVES 9: Estamos de velorio. Mi madre falleció.
Que se cruzó delante de un coche, que se cayó al cruzar los campos, que tuvo un ataque.
Me puse anteojos negros. Luego me pinté para su sepelio. Esto le pasó por precipitarse.   
 -Tiempo al tiempo-, le decía yo.

VIERNES 10: No sé qué papeles tiré. No entiendo sobre qué hablaba. Sacudí el polvo de la cómoda.
Comenzó a castigarme. Quedé tendida en el piso.
Mi padre ya me decía que era muy descuidada. Tengo que corregir mis defectos.
Duele todo el cuerpo.
 -¿Dónde está él? Seguro que en la cantina. Bebe mucho. Quiere olvidar las penas.
Necesito hablar con Trinidad. Me sabrá dar lo que corresponde.

SABADO11: Fui a la curandera. Se asustó por los moretones. Me entregó una bolsita con hierbas que crecen junto al Duero. Debo hacerle un té para calmarlo. Me puso unos emplastos. Quiere que la mantenga informada.
Dice que los hombres pegan porque tienen miedo que la mujer se fugue con un amante. Debo ser cariñosa. Cierto es que apenas puedo caminar.

DOMINGO 12: Esta mañana lloró. Hizo promesas. Me lo juró por su madre. Un hombre siempre cumple.
No pude hacerle el té. No lo bebería.
Desayunamos juntos. De pronto, su mirada cambió. Me dijo que esa blusa era provocativa.    No era así. Se lo dije. Se quitó el cinturón. Apenas pude empujarlo con los pies mientras continuaba castigándome.
Lo sorprendí con un puntapié, con tan mala suerte, que rodó por las escaleras.

LUNES13: Estoy en una celda. Hay otras reclusas conmigo.
Dicen que tengo derecho a un abogado.
Me informan que me pueden condenar a veinte años. Estoy acusada de haber matado a mi marido intencionalmente.
La celadora dice que esto pasa cuando una es desagradecida.
-Usted  no lo supo cuidar.

                                                                                                      




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viernes, 9 de marzo de 2012

Juana Rosa Schuster



        
 Juana Rosa Schuster es escritora y dirige un taller literario. El año pasado obtuvo por  su cuento Diario de Una Mujer Golpeada un premio de la Editorial Dunken, que consistió en su publicación. También recibió otras distinciones, correspondientes a distintas entidades. Es colaboradora de “Redes de Papel”.


Desencuentros  P1010010.JPG


rosario: Ayer ha muerto mi padre.
No es que no lo quisiera. No nos llevábamos bien.
-Quiero ser azafata.
-El ambiente no es bueno.
-Soy una mujer honrada.
.-Así te hemos educado.
-Déjame seguir mi vocación.
.-Te acosarán. Estarás ausente de la casa.
Me encerraba a llorar en mi cuarto.
Estudié corte y confección. Tengo alumnas en casa. No estoy satisfecha.
Además, prefería a Milagros. Ella fue siempre la dilecta.

pilar: Ha fallecido papá. Vino mucha gente al velatorio. Los amigos de Asturias estaban casi todos.
No teníamos una buena relación.
-Voy a estudiar medicina.
-Ni lo pienses.
- ¿Por qué?
-No es una carrera de mujer. Tendrás que hacer guardias nocturnas.
-No importa.
-Por la noche quiero a mis hijas en casa, como corresponde.
Me dediqué a estudiar piano. Doy clases en un conservatorio. Me siento frustrada.
 Siempre quiso a Rosario. Nunca hubo un mimo para mí.

milagros: Mi padre no está con nosotros fue muy trabajador como todos los inmigrantes.
Cierto es que discutíamos mucho.
-Seré arquitecta en el futuro.
-De ninguna manera.
-Qué razón tienes.
-No te puedo pagar esa carrera.
-Lo puedo intentar trabajando.
- ¿Dónde?
-En la fábrica de tejidos piden una ayudante.
-No permitiré que exploten a una hija.
Acabé en un curso de mecanografía que no me sirvió cuando llegó la computadora.
Lo que más duele, es que su  favorita era Pilar. Se desvivía por ella.

la esposa: Manuel ha partido. Dios lo tenga en la gloria.
Fue un buen compañero a pesar de su carácter. Tenía la sartén por el mango, como debe ser.
Le enseñé a las muchachas a no enfadarlo.
Él siempre decía: -La mujer honrada, la pierna quebrada y en casa-.
Hay algo que me mortifica. Siempre quedé a un lado. Sus caricias eran para las tres. Vivió sólo para éllas.  ■