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domingo, 8 de abril de 2012

Griselda García




Nació en Buenos Aires en 1979. Publicó en narrativa Sandra (1999) y Todo es extraño a mis ojos (1999), y en poesía, Alucinaciones en la Alfalfa (2000) y El arte de caer (Alicia Gallegos Editora, 2001). Es secretaria de redacción de la revista de poesía La Guacha. Dirige junto a Santiago Espel la editorial de poesía La Carta de Oliver. 


No entiendo pero igual me subo
transpiro mucho pero cuando empieza a moverse
el viento me refresca lo mojado
incluso el espacio entre las tetas.

El celso ayala convierte un gol de mediocampo
mientras se precipita el orgasmar.

Temo por mi corazón
ahora que estoy rebotando tanto
nunca dejaré de hacerle caso a mi padre
ahora que está muerto.

Asisto al tornarse resbaladizo de los cuerpos,
tus humores condimentando mis pasteles.

No importa si no respiramos por un rato
así tal vez recobremos
la antigua levedad que nos caracterizaba.

Somos serios gusanos ciegos retozando en la brea.



Polinízame susurrante ave de la noche
somos hijos de largos viajes
por océanos con peces de diamante.

Duerme, duerme desnudo en hotel de pasajeros
con botellas rotas en los pasillos
y besos en el cuello de comadronas contentas.
Bebemos vino de amapolas
el polen riega miradas de sonrisas sangrantes.

Debo cerrar los ojos.

La euforia inicial ha dado paso
a esta suave dispersión de la memoria
a este mar de calma superficie
y animales peligrosos debajo.

Sello los huecos de mi bote con cera tibia
arañamos la fruta pero nunca la mordemos.

Un movimiento en falso
te hace retroceder terreno enseguida
y avanzo sin dudarlo.

Cuando volvemos a movernos
los aparatos de medir están rotos.

La intuición guiará almas en vastas extensiones de agua salada.

de Alucinaciones en la Alfalfa 
(2000)

. . . . .

Hay en estas hondonadas de Eurasia
una nube de insectos que dicen ser mis amigos
los últimos rayos inundan los ojos
y el placer hace arquear la espalda
las larvas me nombran su esclava
y un pequeñísimo ángel exterminador
se sienta a mi lado
con alambres de púas en lugar de ojos
y certeras formas de causar dolor.

. . . . .

La tarde cae sobre los restos del té

los chinos de las tazas
se escaparon

dejándonos a nosotras
las mujeres

sus pequeñas moradas blancas
para lavar.
de El Arte de Caer (Alicia Gallegos Editora, 2001)

viernes, 4 de noviembre de 2011

GRISELDA GARCÍA





Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Publicó en poesía, Alucinaciones en la Alfalfa (2000), El Arte de Caer (Alicia Gallegos Editora, 2001) y La Ruta de las Arañas (Ediciones del Dock, 2005).


Liniers-Bolivia


los micros salen a toda hora,
el puente se enguirnalda en galas plateadas, 
el ventanal es pantalla cóncava y desfile 
de peces vueltos del revés en un acuario seco
pasando bajo los toldos de La Farola, 
oscuros peces borrachos como esponjas 
porque el sábado Liniers es fiesta boliviana, 
hasta que el hígado aguante y las piernas sostengan, 
caen los párpados del machoesponja que se la quiere llevar, 
vamos, vamos para allá, pero no, 
yo contigo no quiero nada, me has deshonrado; 
los vómitos son estrellas caídas en las veredas, 
orladas por pedazos rojos y el alto tránsito 
de mocasines blancos y tacazos de charol; 
desde el papel pegado en la vidriera una bic azul grita: 
se pide verdulera sexo femenino, exclusivamente boliviana, 
la salteña de pollo sale a toda hora, 
así son las norteñas, 
doraditas por fuera, jugositas por dentro, Samuel dice
y ríe y muestra el oro en los dientes, 
porque sabe que a los seis días de trabajo los borra la chicha, 
que el Gran Cochabamba tiene siempre chicas distintas, 
se cansan de que les peguen, dice 
y muestra los dientes de oro aunque no ría; 
el esponja queda solo agonizando en espasmos, 
ven, ven que quiero hacerte un hijo, Isabel,
murmura y sigue sacudiendo.

zona norte


rendido a las delicias del sexo obrero
pesan las catorce horas de trabajo
liturgias del vino en bares de paso
en trenes romper el hervor
en zonas de tránsito todo es efímero
Liniers Once Retiro
ojos de uva, el vino cose la boca
sube hacia el norte sentado siempre
en el primer asiento
acariciado por un sol de ensueño
casa en que dos hombres duermen
uno de ellos se deja las medias para amar
lirios lilas alivio de la luz
muchachas de grandes pechos 
se mueven pesadas entre peñascos

el sol te hace bello
el placer deja nieve en tu punto más austral
el verano se te adelanta

dragón negro, deshonra de la luz
niño del árbol, niño del árbol
quedate arriba
verte sentado siempre
cerca del piano
tocá con tus dedos húmedos de mí
una canción que no termine nunca.

ººººººººººººººº