ESTAS SON LAS FOTOS QUE PUDE ENCON TRAR Y COPIAR, SOLO RECUERDOS!!!! LA FFOTO EN BLANCO Y NEGRO ES DE ANDR]ES CON DOS AMIGOS EN SU ADOLESCENCIA, VEREMOS SI LO RECONOCEN.....
sábado, 14 de marzo de 2020
CARLOS ARTURO TRINELLI - ÉPICA
UN HOMBRE LLAMADO ANDRÉS
ALDAO
Querido amigo, tuve el honor de haberte conocido y compartido
con vos las más variadas conversaciones. De cada una de ellas salí mejor que
antes de comenzarla. Hemos polemizado con respeto y de tu punto de vista
siempre aprendí algo. He buceado en la intimidad de tus cartas en los años de
prisión, allí leí las páginas de amor para tu compañera, verdaderas sinfonías
maestras de literatura en estado puro.
Te has preocupado por
mi como un hermano, así me llamabas, has sido generoso conmigo en la difusión
de mis escritos incluso en tu blog personal.
Cada persona tiene un chip en el bocho, en el mío está
grabado que cuando uno parte de este mundo marcha a un sitio donde se encuentra con sus afectos, sé que allí me
estarás esperando.
Solía firmar que eras, la sombra envejecida…nunca quise debatir
la frase, ahora te digo, fuiste un ser luminoso, luz alimentada con bonhomía,
solidaridad, humor, sapiencia, te vamos a extrañar, te extraño.
ÉPICA
Para Andrés
Arrojó una hormiga a las brasas
y se sintió un pelotudo importante. En tanto la hormiga, culona y negra,
evitaba morir, él la empujaba con el atizador hasta sepultarla entre las
cenizas de las que renacía como la famosa ave
fénix. Qué joder, lucha por su vida,
pero de qué sirve a la Naturaleza una hormiga renga, pensó y enseguida la
hizo crepitar en el fuego.
Dio vuelta la carne. El día
estaba ventoso y resultaba reparador estar parado ante la parrilla. Se sirvió
un vaso de vino y cerró el primer trago con un chasquido de los labios. Podía
esperar adentro, en el calor de la cocina pero pensó en la épica, un término
que aplicaba, no sin ciertas dudas, a todas sus acciones ¿qué significaría asar
sin un contenido épico? Estar allí, a la intemperie resistiendo el frío, ir
comiendo los trozos de carne jugosos con el único acompañamiento de un pan y
beber ese tinto barato que le raspaba la garganta ¡la épica¡ Al fin la vida
transcurre en una sucesión de repeticiones, entre ellas, comer, dormir y
esperar que suceda algo que nunca ocurre. No, no es fácil la vida como una
recta del tiempo. Es una serie de cosas sin ton ni son. Cosas que no siempre
encajan y cuyo único punto en común es haber sucedido, entonces, si se le puede
agregar una épica mejor. Mejor como la épica de la soledad, se nace y se muere
solo en esa vida que se vive a sí misma.
Cuántos secretos creía poseer,
sabía que al menos uno, intrasmisible, era el sino de su fortuna y que no se atrevía siquiera a pensarlo por
miedo a ser descubierto. Ese secreto era el de haber descubierto que no deseaba
ser diferente que se conformaba con lo que significaba para él mismo y los
demás. Se había resignado a que sus deseos no tuvieran repercusión, había
soportado la traición, la infidelidad y lo peor, supo reconocer que existían
personas superiores a él. Como flores de aromas agobiantes la soledad lo
llevaba por éstas ensoñaciones mezcla de sueño y recuerdo, vida y velorio.
El abrazo de su hija cuando lo
abandonaron, ella y su esposa, resultó un hecho singular. Un hecho destinado a
perdurar en la memoria. Un recuerdo que en el tiempo sería un sueño. El único
sueño en común entre él y su hija. Él se quedó medio de costado y ella lo
aferró con los dos brazos y descansó la cabeza en el hombro de él que sintió el
apriete y no lo respondió, solo pasó una de las manos por la espalda de ella
como quien sacude el polvo. Eso sí, le besó la cabeza y sintió el olor de pelo
recién lavado mezclado con el aroma de la juventud. El recuerdo fresco seguía
enterneciéndolo. Si solo pudiera decirlo conseguiría cerrar las grietas del
silencio. La épica estaba en su sempiterno silencio y no podía abandonarlo.
Abandonar es fácil. Lo difícil es no ceder.
Llegaría un día inevitable en
que debería hacerlo ante la mirada de aquella a la que nadie se niega, doña
muerte y esperaba que para ello sobrara tiempo.
Una nube se interpuso entre él y
un trozo de carne hacia la boca. Alzó la vista hacia el cielo y comprobó que
detrás de aquella se unían otras y pensó que si llovía la épica se iría a la
mierda y tendría que entrar al resguardo de la cocina. Así de frágil son los
equilibrios de la existencia pero por suerte, siguió pensando, la culpa estaría
lejos tan lejos como aquel cielo distante. Una culpa exógena y ajena ¡mejor
imposible! Así somos los humanos, se conformó, no podemos ver las culpas cerca.
La panza llena, el vino y la
siesta van de la mano. No lo pensó dos veces y se fue a la cama. Se tiró
vestido y en diagonal con el placer de saber que la cama era toda suya.
AMELIA ARELLANO - ANDRÉS ALDAO EL PIBITO
|
ANDRES ALDAO, el pibito.
Ingresar en la obra de Andrés Aldao es como entrar
en un laberinto de espejos. Enfrentar con osadía nuestros propios reflejos y
las metamorfosis.
Se sabe por dónde entrar pero nunca por donde
se sale .La luz de los espejos toma matices, clara como la mirada de un niño:
Ese fue el sutil hilo que nos unió.
La infancia y la devastación de la Dictadura
Militar.
Conocía y creo que miraba con condescendencia mis
orígenes campesinos. Lo llamaba Pibito y creo recordar a la distancia su
sonrisa. También sabía que yo era oscura como los rostros del olvido.
“Entonces
entraron esos hombres y rompieron los muebles y le pegaron a mi papá y a mi
mamá que gritaba no se por qué ¡socorro, suéltenme por Dios! la tiraron al
suelo y la pateaban y yo y mis hermanitos nos pusimos a llorar y se los
llevaron y no los vimos nunca más a mi mamá y a mi papi…”
No nos conocimos personalmente ni hablábamos de
cosas personales. Nos instaba a escribir y a decir.
Al lector: estos cuentos y relatos fueron
escritos por mí en diversas épocas. Escribir no es una competencia
cuantitativa. Escribía y escribo cuando tengo qué decir, vivencias para
compartir con los lectores. A.A.
Solo hay un secreto. Dejarse apoderar por las
emociones que la palabra despierta.
Permitirse desestructurar para estructurarse de
nuevo y así seguir en un gloriosa espiral dialéctica sabiendo igual que él que
“la palabra” su gran búsqueda es escurridiza y cuasi imposible de alcanzar.
No solo era un era un gran humanista y profundo
filósofo, es a decir de Esteban Agüero “un obrero”de la palabra
consecuente, PERSEVERANTE al oficio y a la palabra.
Es un buscador, incansable de la Paz.
La palabra del Poeta tiene una potestad tan
conmovedora que casi podríamos decir alarmante, indudablemente es asomarse al
mundo de la utopías.
Es un buscador incansable de la Paz.
Le escribí un poema, no sabía que con el le estaba
diciendo chau.
Dedicado a Andrés Aldao y al
recuerdo de su máquina Singer
COSTURAS
“Hay en tus ojeras luna
diluida y olor a jazmines
y triste cantar...” CONCHA
URQUIZA
Mujer que borda
silenciosamente un grito.
Grandes costurones en su alma.
No hay cura para el rostro del
hambre.
Caen hilachas de estaciones en
blanco.
Inclinado rostro .Inclinada su
mirada baja.
Tiempos inconclusos,
puntos y suturas.
¿Será Ariadna en el laberinto
de Creta?
¿La costurerita que dio un mal
paso?
¿Penélope que desteje
mortajas?
¿María Nadie que remienda sus
retazos de vida?
Se ve tan resignada, tan
mansa. Tan espera quieta.
Manos nudosas con callos
de denuncia.
Poco se sabe de ella. Solo que
cose y piensa.
¿También le habrán cosido la
boca?
¿Los oídos, las entrañas? ¿Las
mieses y los frutos?
Muy lejos...no tanto, el
paraíso arde... o el infierno.
-No hay costuras en las ropas
de Cristo-
Mientras tanto, las rosas no
quieren ser cómplices del miedo.
Escapan por la ventana en
sepia.
Un objeto torcido de deseo
oscuro la vigila.
Ella no mira, no vive.
Devana lentamente el ovillo.
¿O el ovillo la devana a ella?
Encadena en punto cruz sus
penas.
Ensarta uno a uno sus pesares.
Tira la aguja, el ovillo
y el miedo.
Se suelta el pelo. Sale del
cuadro.
Salgo y me queda tu recuerdo y
enseñazas, Andrés Aldao , para mi , siempre el Pibito.
lunes, 9 de marzo de 2020
Marta Zabaleta- El cafetín de Devoto
El cafetín de Devoto
A las víctimas de la Operación Cóndor en Argentina,a mis hijos Tomás Alejo y Yanina Andrea Hinrichsen
“Traful, recuerdo con una quizás indebida alegría el año entero que
pasamos enjaulados en un coqueto ambiente de 1, 5 x 1,80, con todos los
adelantes (inodoro, piletita, lampazo). Leíamos desde las 6 a.m. hasta las
9am, hora de ir al recreo. En la tarde, después del recreo vespertino
cantábamos a dos voces y los otros "internos" creían -promoviendo
nuestra más sincera vanidad- que había una radio en el pabellón. Los
dos 1 de septiembre en que convivimos canté para vos "Le temps des
cérises". Un primero de febrero vos me cantaste un estilo de Gardel. A la
noche, inventamos una ceremonia muy graciosa (para nosotros) con el
objeto de preparar los catres. Podíamos a veces pasarla muy mal, pero
éramos -¿lo diré?- felices. Nos fortalecían la esperanza, los ideales, las
canciones, las lecturas y el sentido del humor. Y tu inmensa bondad
solidaria”.
Emilio de Ípola *.
9/5/2009
Devoto tenía ese que sé yo, ¿viste?
Y detrás de ningún árbol se me aparecía él.
Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte a la luna
que no andaba por la larga calle de la cárcel. Calle sin árboles.
Piantados y piantadas había, pero estaban adentro. Presas. Presos.
Y enfrente el cafetín de sin mesas, abierto todo el d҉a,
como con bronca y coraje.
Mañanitas de Devoto con madres de los socialistas chilenos,
presos y presas de antes del golpe.
Acampadas durante la noche en la calle de la calle. Con un número que
me guardaban,
porque yo tenía una hijita. Por eso llegaba tarde,
tipo siete de la mañana, al lugar de las chilenas,
que ya estaban bien adelante en la cola.
Llegaba, sí, pero ya estaba agotada. Y muy nerviosa.
Porque las dos nos acostábamos a las tres de la mañana
siempre vestidas, como esperando, la nena y yo.
Por si nos secuestraban de madrugada.
Ella pensaba defenderse
con el palo del rastrillo de la playa
que todavía guarda bajo su cama.
La dejaba durmiendo, con su nanita Silvia Ibalde
recién llegada. Salía a escondidas, si podía
sin saludar al portero, y caminaba
y caminaba y caminaba
a riesgo de extenuarme. Ingenuamente,
creía que así nadie sabría
de que casa departamento había partido.
Siempre encontré complicado eso de pedirle al tachero que me llevara.
Por más que caminara, cuadras y cuadras, poder pasar anónima
en Buenos Aires, no era sencillo: decir Cárcel de Villa Devoto y
azorocharme. Vendrían luego los cuentos, consejos, retos con amenazas,
y hasta alguno que otro requiebro, quejas del alma. Mi marido chileno,
el preso Alberto, hubiera dicho
que todo era más simple, 'los encontrabas
porque les hablabas, y te seguirían todo el tiempo
desde antes de caer yo en cana…'
Desde Belgrano R hasta la cárcel, de un de repente, yo descansaba,
revisando en la mente
si llevaba el dinero que debía depositarle en la cuenta
Banco Nación sucursal de la cárcel, para que le dieran
pan y mate cocido. Palos. El resto, hambre.
Por meses, no le entraron ropa. Después los utensilios de tocador,
entregados desde la cola por mi padre, sin poder verlo. Y las requisas.
Y dejarlo sin visitas. Estaban suspendidas ¿habría traslados?
Sangre y terror, sin lágrimas. ¿Quién moriría?...
Aserrín aserrán
los maderos de San Juan
piden pan, no les dan,
piden queso, les dan hueso
y les cortan el pescuezo
Esas mañanitas de Buenos Aires
donde en la cola estaba
una de las hermanas del Che Guevara.
Parada por horas, reclamando
el derecho de los presos de querer ser mirados.
Y una media atontada, agonizaba primero
en esa barcito ubicado justo enfrente de la puerta de la cárcel.
No tenían medialunas, ni milanesas:
compañeras nerviosas, madres llorando, hermanas tristes, esposas una
que otra , y hasta un hermano, dos padres, harto humo, café y miedo.
Mucho miedo; pero nunca un tango.
Y muy importante, había un servicio.
Después, pasar y adentro, humillación y espanto.
La cola: hijas, hijos, de pocos años
un día
llevándole un clavel y una rosa por el cumpleaños
a su madre.
Sería la hora en que los esbirros
comenzaban a tomar el mate amargo, que escupían a tu paso.
También la del primer güisqui mío del día, en ayunas, sin hielo ni soda
para darme coraje, desasustarme.
Paren las bembas.
Tómense un trago, que ya lo’vamos.
Barcito que no tenías wisky ni bombones,
como aquel bar bienudo adonde a pocos selectos
les tocaba con sexteto el gran Piazzola.
Un dia charlando le pedí que tocara en el Luna Park
para mandarle fondos a los presos en Chile,
¿En el Luna Park? repitió en un murmullo Se sonrió con tristeza, y
comentó: ‘...Pero son tantos…’
Y yo que digo :claro, che, hay que hacer algo, por eso…
‘…¿Quién va a pagar por escucharme, Marta?’
Miraba con ironía, tal vez con cierta tristeza,
en aquella nochecita loca de Buenos Aires.
Tardecitas que a veces
tienen ese algo, un no sé qué, que te hace sentir tan sola
cuando hacés cola. Por un númerito, para irte al exilio,
por una sopa, o en un avión a la muerte en El Plata…
Aunque no nos quede pan, siempre les sobran balas.
Como olvidarte en esta queja
cafetín de Buenos Aires
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.
*Horacio Traful Baldomero Alvarez Grunnman, chileno-argentino, fue
secuestrado en Buenos Aires el 7 de abril de 1976. Apareció más tarde en la cárcel
de Devoto y luego de la inspección de Amnisty Internacional, fue trasladado a la
cárcel de Alta Seguridad de La Plata, Unidad 9, a cuya celda hace referencia su
colega y amigo Emilio de Ipola, autor de este epitafio que escribió en la webpage
de Traful (http://www.trafulalvarez.com.ar/ppal.htm), dos años después de la
inesperada muerte de la muerte de Traful en el exilio en Francia, 2007.
.
Marta Zabaleta ©, Londres, 11 de marzo 2010, día en que en Chile asume el gobierno
el pinochetismo, movimiento político que nunca dejó realmente el poder. Sólo el
gobierno.
Capítulo de Dulce de Leche, libro de mis seudo memorias (sin publicar)
ALEJO URDANETA - El esperado día en el otoño
Te envío un cuento no publicado y sujeto todavía a revisión. Imaginé que Andrés se paseaba en otoño y se quedaba en el El Ateneo viendo a los visitantes.
Es muy posible que así fuese el paseo en otoño que hace Andrés.
Lo dejo en tus manos y recordaremos a nuestro amigo.
Un abrazo.
EL
ESPERADO DÍA EN EL OTOÑO
Como
siempre, llegó a la Plaza de los Ateneos; como siempre, están los visitantes
del domingo en las más variadas fragancias de la calle: salsa derretida,
castañas de bronce, perfumadas. Le gusta venir porque siente que está en una
sala de teatro y él es actor y espectador. Y hoy más que nunca: podrá decirle
una palabra a la mujer que le ha sonreído el otro día, otro domingo anterior, y
tomar de los estantes viejos un libro siempre buscado, para brindárselo. Hay un
contador de historias agazapado en la figura de un joven que se viste al
descuido, y está el policía que habla de amores a su amiga de los domingos.
Dicen sus historias pero parecen estampas
fijas en un lienzo: perros y sombras, bombillos apagados de lluvia, gestos detenidos
en el aire, y hasta una sonrisa. Todo eso lo ve en la plaza y en la revista que ha encontrado en la calle, en
las plateas de la rotonda abierta al bullicio de una tarde que ya casi es
lunes, en los recuerdos que se forman sin querer, como algodón de feria.
Esta
lluvia transforma los deseos, o los activa; derrama bondades en la sequía de la
tristeza o empapa hasta la saciedad lo cotidiano. Pero siempre nos hace huir
para hallar portales y estampas de viaje en el reflejo de las calles del
domingo. Cuántas pisadas sobre huellas viejas, sobre charcos de vidrio que nos
dan la presencia del contador de historias que le dice que esta mañana hace
buen tiempo y le ofrece en un cucurucho de papel golosinas de colores.
Empezaba el día y llegó a tiempo para esperar
el murmullo de los paseantes. Tomó asiento en la silleta de hierro que utilizan
los músicos en sus atriles y contempló las guirnaldas en los postes de luz; se
hizo plena la mañana. Veía llegar a la gente que se agrupaba bajo los árboles,
escuchaba el reclamo de los niños. Todo está allí y no echa de menos ningún
triunfo. Ha encontrado un sitio al lado de la brizna seca que arrastra la
acequia, y no hay conciliación con el paso de las horas hacia la tarde que
pronto vendrá para silenciar el bullicio de la plaza.
Todo
fue sorpresa, desde el domingo último hasta este otro que le devuelve fuerzas y
hace resplandecer la poca luz otoñal en el cuarto abierto a una ventana de
chimeneas. El sórdido ambiente resuena, mira siempre la huella destemplada de
las paredes, lo agobia la sensación de inutilidad. Todo ocurre y pasa como si
nunca hubiera ocurrido: el golpe que da a la puerta al salir de su templo gris
y frío, la búsqueda desesperada de los bulevares amplios y silenciosos en el
domingo.
Está
en la calle, quebrado el sosiego, para buscar en otro lugar el brillo de las
voces amarillas, frente a la incomprensión, el reto del tiempo, el reclamo del
invierno inevitable, porque no hay más convivencia en ese aposento de paredes
desconchadas. Pero tiene la esperanza de alguna alegría.
Venía en su memoria, paseante distraído hacia el destino de cada fin de semana, el
encuentro del domingo anterior, luz de suave dorado que buscará hoy en la Plaza
de los Ateneos. Fue bálsamo de su soledad la mirada de aquella mujer que luego
desapareció entre la gente.
Atrás quedaron la cama sin hacer y el moblaje
sin color, quedó el plato con los restos de un desayuno incompleto, y sólo trae
emoción ante la expectativa del hallazgo de este domingo que lo rejuvenecerá en
su otoño de oro triste, nada apaciguador. Su exaltación le hace olvidar la
miseria del amanecer, el desprecio de una soledad acerba que ha dejado
recuerdos para cambiarlos por olvido. El grito destemplado, el golpe como de
una enorme puerta de santuario abandonado, las escaleras del cansancio que lo
dejan en la acera de la calle casi silenciosa en domingo, ágora de ilusiones
del jornalero, del hombre aquel, para buscar la mirada y la sonrisa que
suavizará el otoño desvanecido en la niebla.
La
exaltación es verde de hojas y las voces de la calle son susurro que apenas
distingue de las imágenes de su memoria devota: Está fija en el recuerdo una
palabra de alivio que le dijo una semana atrás: te espero el domingo. Plaza de los Ateneos. Te espero para abolir la
tristeza de tu rostro marcado de silencios, conmovedor como puñal adolescente.
Se
conmueve ante la espera, y todos concurren contigo a la cita con las fragancias
de los frutos y la búsqueda de cada domingo.
Y
llega así al parque y no hay rostro conocido, sólo el mismo ambiente pero sin
rostro. Parecen iguales a los del domingo anterior. Está perdido en la memoria
de las paredes de su aposento y siente que están en la plaza los mismos que ha
visto siempre, cada domingo, en su distraído paseo. Quizá ella ha llegado a la
cita; pasa una mujer que suscita un recuerdo, y cree escuchar que dice «el domingo próximo... Otoño restañado»;
pero no es ella, a pesar de la sonrisa. Y entonces finge sosiego cuando saluda
y saca del bolsillo unas pocas monedas para comprar castañas de este tiempo:
sólo fingimiento de oro triste que no se sosiega. Y espera de nuevo el
encuentro que le devolverá la exaltación verde de las hojas, el chirrido del
sol y los aparejos del barco de un niño en la fuente del verano.
Es distinto este domingo que ya casi termina
para abandonarlo en la rutina de mañana y llevarlo de nuevo al aposento del
cansancio invencible. Hoy desea apropiarse de cada color, de la conversación de
las hojas, y puede escucharse a sí mismo en un grito: cuando te vi me hice
diferente, me salvarás de la ingrata desventura que quedó en un cuarto al borde
de chimeneas que alborotan la negrura. Sólo quiero verte otra vez en este mismo
lugar, con el verdor de mi violenta inquietud.
Y
espera todavía más y nadie llega. Otros rostros, otras frases que quiere
apresar mientras el paseo continúa y la tarde se obscurece porque es otoño y el
oro triste ya no es exaltante. Quizás
sea ella pero no lo recuerda; tampoco ella lo recordará. Muchos otros saludos
de verano en este otoño y el de la plaza toda se le ofrecen, y él no responde,
abrumado con el batir de las horas y el paso del día.
Ya no está el cuentacuentos, ni el policía
hablando de amores, y el algodón de la tarde es más espeso, y no bogará en la
fuente el barco del niño. En el estante, los libros hablan de desencuentro y la
tarde avanza y ya no es dorada.
Ella ha venido pero él no estaba y tampoco
vendrá a la cita. El aire de Plaza de los Ateneos volverá a ser lunes.
miércoles, 4 de marzo de 2020
XAFIER LEIB°s Recuerdos de Andrés
Recuerdos de Andrés
Hace muchos años, aun viviendo en Buenos Aires Andrés Aldao me
rebautizó "Xafier Leib's". Ese seudónimo me acompañó durante
años.
Bajo el mismo publiqué mi primer
libro en Argentina y tuve un blog durante
un largo tiempo. Hoy, años más
tarde, una noche de invierno francés que no es
tan crudo, aquí estoy escribiendo
este último texto para Artesanías Literarias,
mirando el Sena desde la ventana de mi living en un suburbio parisino.
Vivir frente a un río tiene algo muy especial. No es lo mismo que vivir
frente al mar.
El rio fluye, pasa de largo constantemente. Miras por la ventana y ves
agua corriendo.
Como un recordatorio permanente.
Años atrás, cuando Andrés me llamaba Xafier, yo estaba recién empezando
a creer
en mi propia escritura. Él fue una de las primeras personas que me
apoyaron y me
alentaron para que siguiera escribiendo y sobre todo, para que me lo
tomara en serio. Recuerdo muy bien cómo me explicó una vez, en muy pocas
frases, el arte de releer
tu propio texto. De dejarlo un
tiempo y retomarlo, cortar, cambiar, pulir. Cosa curiosa y poderosa - casi
noble - que tiene la palabra escrita contrariamente a la palabra dicha.
Recuerdo haber leído "Cuentos desde lejos" el primer libro de
Andrés. Siempre quise
saber qué parte de esos relatos
era verídica. Calculo que nunca lo sabré y tal vez mejor
así. En este mundo en el cual toda respuesta se encuentra en menos de un
segundo,
hace bien sentir que aún quedan
algunos misterios.
De alguna manera entiendo ahora. Aquellos "Cuentos desde
lejos", o mejor dicho
ese "lejos". Andrés
tuvo que irse de su país, de la Argentina. El exilio, impuesto o elegido,
es una experiencia muy fuerte.
Por un lado te crea un desarraigo incurable y por el otro te
da una fuerza y una confianza que dudo se puedan sentir de otra manera.
La distancia, bien manejada, te da un enorme regalo: el desapego. La capacidad
de recordar que uno
siempre puede dar unos pasos
hacia atrás y salirse del rebaño. Así lo recuerdo a Andrés.
La vida nos pone siempre en el camino personas y experiencias que nos
dejan lo que más necesitamos en cada momento. Hoy puedo decir que la escritura
y el anhelo de independencia los aprendí de él.
En este último número de Artesanías Literarias publico mi último texto
como "Xafier Leib's".
Que tengas un buen viaje querido Andrés.
MARIA GABRIELA SARTORI - REMANDO EN LA LAGUNA SUR
“CUENTO BREVE: “REMANDO EN LA LAGUNA SUD.”
VENECIA .” Marzo 2018.
Este cuento se podría llamar también “Las dos vidas de MG”. Me presento: soy ítalo argentina.
Psicóloga .Yo soy la provin- (se llama así a la persona que rema en la proa, esto es adelante en la
Voga Veneta) y G.L . es el popier ( en la popa) va atrás –Estamos los dos en una canoa, sándalo
para dos /4 personas .
Hablamos de todo un poco. Sale el tema de mi viaje: de Treviso a Venecia donde G.L. vive con la
esposa, a pocos minutos a pie de la Bucintoro, la sociedad que lleva el nombre de la nave de los
“Dogi” en la época de esplendor veneciano.
Son dos jubilados, franceses ex dependientes de organismos internacionales. Linda casa a Venecia,
y buena gente, ella más que él…
(Es algo rayado). Le da pelear y provocarme, (¿un modo de esconder su fragilidad?)
-Sos una “feminista años 70”me dice siempre, y no es un “piropo” (dice mi controtransfert ..)
-¿Es “un delito, pienso yo?”
Me pregunta: ¿cómo es el viaje en tren, de Treviso a Venecia?...? ¿Se encuentra asiento?...
Yo le respondo que siempre encuentro lugar, si bien el tren esta casi siempre lleno, pero se vacía a
Treviso y se llena de nuevo,…etc, etc.-
G.L:- si te puedes sentar, lees un libro, un diario... (Yo no lo había entendido sola)…
Yo: -también se puede dialogar con la gente, hacer encuentros… me acuerdo de Buenos Aires,
encuentro a mi primer novio en el tren íbamos los dos a la Universidad, --- y de “feminismo
hablando” le digo que nos dejamos luego de un intenso romance, si bien el me quería mucho, (yo
era el “centro” de su mundo…pero ¿ que paso? yo estaba leyendo un libro, de Christiane
Rochefort , EL REPOSO DEL GUERRERO, un best seller de entonces, y me prohibió leerlo, así
que lo forré, y seguí leyendo de escondido- ( imprimátur, hice la escuela católica, jajája)
Y luego me prohibió seguir en al UNBA. Por ello, decido que lo dejo a él; elijo la autonomía
mental y la independencia económica-.! Me costó dos años de duelo!
G.L:- Si éstos eran los presupuestos de una relación, no se puede ir adelante, es imposible.
( Me parece un comentario de un hombre “mentalmente “abierto.)
Dos horas después, fin de la Voga vamos a tomar un drink, con mi hijo que se había añadido.
Caminando por la calle le digo ¿“sabes que los ingleses bombardearon a un submarino argentino?”
EL: -¿ Como sabes esa noticia ?! (¡Alerta, en seguida ¡¡)
Yo:- Tengo a mis amigos periodistas argentinos. Estoy informada .
G.L: -No debes leer esas cosas! Son FAKES. Yo leo todos los días el New York Times y Le
Monde, No dijeron nada de eso…(El es el “abierto, él es el que no “prohíbe”)
[Me está prohibiendo de leer cualquier cosa que no sea lo que EL lee”!]
Pues, si no lo dice el NYT y Le Monde, es FAKE. …
Yo le respondo con esta pregunta- ¿Que dice Le Monde de la destrucción de la LIBIA?...(se sabe
bien que fueron los franceses, petróleo…y armas)
G.L: -No cambies argumento,
YO: Tu lo cambiaste, estás hablando de los Medios de Comunicación, Los serios y Los No serios, .
Nota Final: ¿ Que diferencia con mi ex novio de los 18 años? ¡Pasaron cincuenta años!
Minutos antes me había dicho: el mundo está cambiando, refiriéndose al tema, opresión de la mujer.
¡Cuánto camino aun … cuanto queda por hacer… ¡
FIN: Autora . MGS. Psicologa . Psicoterapeuta. Italo/argentina.
VENECIA .” Marzo 2018.
Este cuento se podría llamar también “Las dos vidas de MG”. Me presento: soy ítalo argentina.
Psicóloga .Yo soy la provin- (se llama así a la persona que rema en la proa, esto es adelante en la
Voga Veneta) y G.L . es el popier ( en la popa) va atrás –Estamos los dos en una canoa, sándalo
para dos /4 personas .
Hablamos de todo un poco. Sale el tema de mi viaje: de Treviso a Venecia donde G.L. vive con la
esposa, a pocos minutos a pie de la Bucintoro, la sociedad que lleva el nombre de la nave de los
“Dogi” en la época de esplendor veneciano.
Son dos jubilados, franceses ex dependientes de organismos internacionales. Linda casa a Venecia,
y buena gente, ella más que él…
(Es algo rayado). Le da pelear y provocarme, (¿un modo de esconder su fragilidad?)
-Sos una “feminista años 70”me dice siempre, y no es un “piropo” (dice mi controtransfert ..)
-¿Es “un delito, pienso yo?”
Me pregunta: ¿cómo es el viaje en tren, de Treviso a Venecia?...? ¿Se encuentra asiento?...
Yo le respondo que siempre encuentro lugar, si bien el tren esta casi siempre lleno, pero se vacía a
Treviso y se llena de nuevo,…etc, etc.-
G.L:- si te puedes sentar, lees un libro, un diario... (Yo no lo había entendido sola)…
Yo: -también se puede dialogar con la gente, hacer encuentros… me acuerdo de Buenos Aires,
encuentro a mi primer novio en el tren íbamos los dos a la Universidad, --- y de “feminismo
hablando” le digo que nos dejamos luego de un intenso romance, si bien el me quería mucho, (yo
era el “centro” de su mundo…pero ¿ que paso? yo estaba leyendo un libro, de Christiane
Rochefort , EL REPOSO DEL GUERRERO, un best seller de entonces, y me prohibió leerlo, así
que lo forré, y seguí leyendo de escondido- ( imprimátur, hice la escuela católica, jajája)
Y luego me prohibió seguir en al UNBA. Por ello, decido que lo dejo a él; elijo la autonomía
mental y la independencia económica-.! Me costó dos años de duelo!
G.L:- Si éstos eran los presupuestos de una relación, no se puede ir adelante, es imposible.
( Me parece un comentario de un hombre “mentalmente “abierto.)
Dos horas después, fin de la Voga vamos a tomar un drink, con mi hijo que se había añadido.
Caminando por la calle le digo ¿“sabes que los ingleses bombardearon a un submarino argentino?”
EL: -¿ Como sabes esa noticia ?! (¡Alerta, en seguida ¡¡)
Yo:- Tengo a mis amigos periodistas argentinos. Estoy informada .
G.L: -No debes leer esas cosas! Son FAKES. Yo leo todos los días el New York Times y Le
Monde, No dijeron nada de eso…(El es el “abierto, él es el que no “prohíbe”)
[Me está prohibiendo de leer cualquier cosa que no sea lo que EL lee”!]
Pues, si no lo dice el NYT y Le Monde, es FAKE. …
Yo le respondo con esta pregunta- ¿Que dice Le Monde de la destrucción de la LIBIA?...(se sabe
bien que fueron los franceses, petróleo…y armas)
G.L: -No cambies argumento,
YO: Tu lo cambiaste, estás hablando de los Medios de Comunicación, Los serios y Los No serios, .
Nota Final: ¿ Que diferencia con mi ex novio de los 18 años? ¡Pasaron cincuenta años!
Minutos antes me había dicho: el mundo está cambiando, refiriéndose al tema, opresión de la mujer.
¡Cuánto camino aun … cuanto queda por hacer… ¡
FIN: Autora . MGS. Psicologa . Psicoterapeuta. Italo/argentina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















