viernes, 11 de mayo de 2012

GIANNI SICCARDI


GIANNI SICCARDI 


GIANNI SICCARDI


La soledad habitada


15
Tarde de verano
¿Está fuera de sus cuerpos?
Llevan sus ojos fijos en sus pantallas
en la arbitrariedad de sus fantásticos guiones
con los millones de impresiones y diálogos
y cálculos y planes instantáneos
y viajes misteriosos
hacia países y siglos inexistentes
y ráfagas de miedo
de vergüenza y orgullo
y las iluminaciones repentinas
y los desasosiegos
y las miradas de horas perdidas y olvidadas
y el golpe exacto en el mentón del adversario
y los minúsculos tentáculos
del veneno semanal
con los ojos esterilizados
por el fermento de los pequeños odios inútiles
y la veloz respuesta precisa
y el agua contaminada de los remordirnientos
y los naufragios imperceptibles
y las excusas y los malentendidos
arrojados al viento.
¿Serán menos que nada en este instante?
¿Más que error?
¿Se sabe por qué ninguno se agacha para recoger las
migajas de esta tarde
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esta tarde de verano como otras
que transcurre majestuosamente?
No.
No se sabe.
No se sabe por qué.
IX
Y nadie hace caso
ni queda perplejo o admirado
por el ciego con sus anteojos negros
para ver de cerca
(¿y si fueran azules o blancos?)
que jamás pisa los charcos
ni vacila
ni tropieza por las baldosas rotas
sino que avanza siempre
concentrado en su trabajo
dirigiendo con su infalible bastón blanco
(¿y si fuera rojo o verde o arnarillo?)
la sinfonía de la calle
y se sobresalta y detiene la orquesta
a la más pequeña desafinación o desajuste.
No se sabe por qué
nadie queda sorprendido o pensativo
Tarde de verano

JACOBO FIJMAN


JACOBO FIJMAN

JACOBO FIJMAN

Antigüedad

Oh los gozos profundos, los inviolados gozos,
Agua de soledad
Que guardan los caminos!
Alma, corazón,
Danza en los anillos
Del día que llega.
Danza en sus huertos.
Goza de sus vinos.
Las albas nuevas
Rompiendo límites mojan la Nada;
Cantan los puentes en el universo.
En las albas más nuevas humedezco mis ojos;
¡En los soles más nuevos humedezco mi boca!
Suenan los vientos
Las zarabandas
De sus tambores
Asperos, fuertes,
Libres, salvajes
Y puros.
El alma del mundo es como un pájaro herido
Que sangra en el amar.
Antigüedad del mundo, desolación del mundo;
¡Danza en mi corazón la más roja lujuria,
La más roja alegría,
La más roja esperanza!
¡Danza las danzas
Más sueltas y alocadas!
Sálvate, mundo mío,
Desatando infinitos.
Apaga tus fríos
Y enciende tus arenas
En la primavera
Y en el sol.
Pon en mi soledad los pies ligeros
De tus dichas.
Gira tus estaciones
Sobre las nuevas eras.
Iniciadas en angustias, en dolor y en espanto
Abro mis manos rojas de semillas.
¡Puedo ser un gran sueño; puedo ser el gran sueño de una raza!
Oh música sagrada: sobre los nuevos puentes
Danza tus retornos.

Cena

Cenas de mi soledad en hosco abatimiento;
eterna como dios, profunda de universo,
¡He sido el más ausente: el juntador de formas!
Cenas de mi soledad...
El sudario más frío es uno mismo.
¡Buscar y qué buscar!
¿Encrucijadas puras donde zapatean los truenos
en un constante mediodía?
Cenas de mi soledad en hosco abatimiento.
Pan y sal. Lamentos.
Piernas que saltan; salidas del cortejo;
Vacilación de luz que viene abajo.
¡Extremaunción de un armonioso herrero!
Ir; pero no ir nunca;
en algodón de olvido sumir todos mis días.
Anuncios que se deslizan;
canción de gallos en la mañana azul de mi esperanza
continuación de tiempos fundamentados en dolor.
Fui un desaparecido, el más ausente:
el juntador de formas.
Amanecer desentonado...

de Hecho de estampas.

Luis Cernuda





Luis Cernuda

No Quiero, Triste Espíritu


No quiero, triste espíritu, volver
por los lugares que cruzó mi llanto,
  latir secreto entre los cuerpos vivos
como yo también fui.
No quiero recordar
  un instante feliz entre tormentos;
goce o pena es igual,
todo es triste al volver.
Aún va conmigo como una luz ajena
  aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.
No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.


Adolescente Fui

Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
  que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquel fui, aquel fui, aquel he sido…
era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia,
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire

Mahmud Darwish



Mahmud Darwish (1914-2008
     
Mahmud Darwish no sólo es uno de los más grandes poetas árabes contemporáneos sino también una leyenda viva: sus libros circulan a millares por todos los países árabes y los estadios se llenan para escuchar sus recitales poéticos, acontecimientos irrepetibles que nadie quiere perderse. Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni esté dispuesto a hacer concesiones humillantes. Una de sus mayores esperanzas fue revitalizar la literatura palestina, procurar a toda costa que los problemas políticos no la paralicen. Y para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina. No obstante, a pesar de haber alcanzado con creces las metas soñadas, el poeta, desde su actual residencia entre Jordania y Cisjordania, aspira a poder regresar algún día a su tierra natal, Galilea, donde nació el 13 de marzo de 1942. Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir. En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia –como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que  Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas. Tuvieron que instalarse en Dair Al Asad aunque de forma clandestina porque durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos, y los que no figuraban en los mismos, no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel.
Clandestino en su propio país y posteriormente ciudadano de segunda categoría en un Estado que le rechaza, el adolescente se refugia en los libros y plasma su identidad con lo único que le queda: el lenguaje. (María Luisa Prieto)


Pasajeros entre palabras fugaces

Pasajeros entre palabras fugaces:
cargad con vuestros nombres y marchaos,
quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,
tomad lo que queráis del azul de mar
y de la arena del recuerdo,
tomad todas las fotos que queráis para saber
lo que nunca sabréis:
cómo las piedras de nuestra tierra
construyen el techo del cielo.


Pasajeros entre palabras fugaces:
vosotros tenéis espadas, nosotros sangre,
vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne,
vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras,
vosotros tenéis gases lacrimógenos, nosotros lluvia,
pero el cielo y el aire
son los mismos para todos.
Tomad una porción de nuestra sangre y marchaos,
entrad a la fiesta, cenad, bailad...
luego marchaos
para que nosotros cuidemos las rosas de los mártires
y vivamos como queramos.


Pasajeros entre palabras fugaces:
como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero
no paséis entre nosotros cual insectos voladores
porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.
Tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos
y tenemos, aquí, lo que no os gusta:
piedras y pudor.
Llevad el pasado, si queréis, al mercado de antigüedades
y devolved el esqueleto a la abubilla
en un plato de porcelana.
Tenemos lo que no os gusta: el futuro
y lo que sembramos en nuestra tierra.
Pasajeros entre palabras fugaces:
amontonad vuestras fantasías en una fosa abandonada y marchaos,
devolded las manecillas del tiempo a la ley del becerro de oro
o al horario musical del revólver
porque aquí tenemos lo que no os gusta. Marchaos.
Y tenemos lo que no os pertenece:
una patria y un pueblo desangrándose,
un país útil para el olvido y para el recuerdo.
Pasajeros entre palabras fugaces:
es hora de que os marchéis.
Asentaos donde queráis, pero no entre nosotros.
Es hora de que os marchéis
a morir donde queráis, pero no entre nosotros
porque tenemos trabajo en nuestra tierra
y aquí tenemos el pasado,
la voz inicial de la vida,
y tenemos el presente y el futuro,
aquí tenemos esta vida y la otra.
Marchaos de nuestra tierra,
de nuestro suelo, de nuestro mar,
de nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,
de todo... marchaos
de los recuerdos de la memoria,
Pasajeros entre palabras fugaces.

(Traducción de María Luisa Prieto)

Poetas Chinos




Chung Tzu (de Poetas chinos)


Te ruego Chung Tzu,
no entres a mi casa,
no te abras camino entre los sauces que he plantado.
No es que me importen los sauces,
  sólo temo a mi padre y madre.
Te amo Chung Tzu, tiernamente,
  oh, pero temo, realmente temo lo que mi padre y madre dirán.
Te ruego Chung Tzu,
no saltes mi muro,
no te abras camino entre las moreras que he plantado.
No es que me importen las moreras,
  sólo temo a mis hermanos.
Te amo Chung Tzu, tiernamente,
oh, pero temo, realmente temo
lo que mis hermanos dirán.
Te ruego, Chung Tzu,
no entres por mi jardín,
no te abras paso a través del sándalo que he plantado.
No es que me importe el sándalo,
temo a la gente que habla.
Te amo Chung Tzu, tiernamente,
sólo temo, realmente temo
lo que la gente dirá.

* *

Canciones De Crisantemos


(para cantar bebiendo)
Construir una casa en el mundo de los hombres
y no oír el ruido del caballo y el carruaje,
¿cómo se puede lograr esto?
Cuando la mente está desapegada, el lugar es tranquilo.
Junto crisantemos bajo el seto del Este
y miro silenciosamente las montañas del Sur.
  El aire de la montaña es hermoso al crepúsculo,
y los pájaros en bandadas vuelven juntos a sus hogares.
En todas estas cosas hay un significado verdadero,
pero cuando quiero expresarlo, quedo perdido sin palabras.
* *



CELIA FISCHER

Su cuna fue el cosmos, adonde retornará.
Por eso no tiene marcas, es orejana

Nació en 1943, en Buenos Aires. Sus raíces alemanas se entrelazan con su patria espiritual, el noroeste argentino. Es licenciada en letras, con estudios en Ciencias Exactas. Actualmente dicta clase de las literaturas Rusa y Alemana.Ha publicado reseñas en revistas especializadas y ensayos en Actas correspondiente a su participación en Congresos de Literatura Alemana y de Narratología.En  1997 publicó el libro de ensayos literarios  La Soledad, una estética. Sus libros de poesía son: Samotracia (1997); De secretos y volcanes (2001); Fin de lo perdido (2007); Irrintzi  (2009); Detrás del hilo azul (2010).

VEN  A  MI  CASA

Ven a mi casa en otoño,
cuando apenas comiencen a cerrarse
las puertas que quedaron abiertas
al incierto fluir de los ángeles.
Puertas nacidas en luz de uvas consagradas,
destellando soles y lunas y extrañas visiones
que caminan lejos y solas,
un cansado amor perdido en telarañas
y ruido de tacuaras
golpeando siestas con frutos incendiados,
como ese aroma en el aire puesto a cautivar
cuerpos enloquecidos por el abrazo
devorado con ansias hasta el abismo.

Ven a mi casa cuando las hojas
se duerman despacio en la mirada,
cuando poco a poco se vuelva incierto
el íntimo palpitar del pecho
y noches intactas en sus brasas
oyen como el viento desmigaja horas,
que pudiendo tributar su fuego al día,
se quedaron dobladas en despedida.
Ven cuando ya no tengas un lugar adónde ir,
cuando hablando solo me llames
y se encierre tu voz en la boca ciega.
Ven  a mi casa en otoño pero no me busques,
                  Ya no existo.

PLANOS  DE  CIUDAD

La verdadera isla,
un punto caótico del aire
           que no vuelve al aire,
una línea blanquísima
de espaldas a figuras sin materia
que la lluvia desaparece,
en calles abriéndose al desierto
y el fin del mundo maloliente
en el baile silencioso de cartones
por el puente invertido de la luz.
La verdadera isla
desaparece en el caracol azul
del sillón abundado de nadie,
               en su punto de fuga.
Ingrávidos  garabatos
fictician una nieve que se olvida.

Para entrar en la belleza
               los árboles traen el espacio
y en las nubes
               vemos pasar,
                            descalzo,
                                  al tiempo.

jueves, 10 de mayo de 2012