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| MARTA PIZZO |
Malena cantaba el tango y Marta compone sus letras
EL TANGO Y YO (Marta cuenta su historia)
Se ve que estuvo siempre ahí, tan presente, acariciándome desde la mismísima cuna… Y ya sabemos que lo que se mama no se desprende. Su melodía convivió conmigo en innumerables ocasiones, pero si hay algo que tengo impregnado en la parte más memoriosa de mi alma, son las tardes previas a la nochebuena en las que, ya desde temprano, se escuchaba sonar en el tocadiscos de mi casa mientras estábamos de preparativos (también guardo en mi olfato el olorcito a carne asada que emanaba de nuestra parrilla o de la de algún vecino).
Mi viejo fue un chapista que laburaba en La Corporación , y a fines de los años 50 dejó su Boedo natal para mudarse con su mujer y sus dos primeras hijas a la Provincia de Buenos Aires, más específicamente a San Justo. Allí tuvo acceso a la vivienda, un chalet que se construyó con el crédito Eva Perón, a pagar en 30 años, y se puso un almacén en un mercadito del barrio. Una verdadera locura irse al “campo”, según su familia paterna. Con el tiempo, Don Humberto levantó un galponcito en el fondo de la casa y allí, en el horario de la siesta, se dedicaba al cuidado de sus canarios y a la reparación de paraguas (increíble, ahora se tiran!!!!). Gran compañía era la radio, cuyo dial estaba “clavado” en su programa favorito a esa hora “La danza de la fortuna”. Se entretenía con la quiniela y –sobre todo– con los tangos. Y ahí es donde entro yo (su tercera nena, gestada en esa casa), que siempre feliz le hacía de peón, y lo miraba trabajar. Ese germen quedó instalado.
Los tangos para mí eran algo cotidiano. En esa época no me preguntaba por qué me gustaba o no una música; escuchaba, memorizaba, bailaba. No les prestaba especial atención a las letras pero las aprendía y me encantaba hacer mímica (así se le decía). Ponía la radio y con una escoba jugando de micrófono, actuaba frente al espejo. Cantaba como si fuera Julio Sosa (mi preferido), Jorge Sobral, Enrique Dumas, Raúl Berón… y obviamente Tita Merello y Nelly Omar. También me gustaban mucho Lolita Torres y Violeta Rivas. Así fue que mis padres decidieron regalarme una guitarra (de Antigua Casa Nuñez) que aún conservo. Hasta hoy retengo el perfume de la madera dorada, hermosa, brillante… Estudié música unos 5 años. La profesora, Lidia, los sábados que teníamos ensayo con “Las pequeñas guitarras del alma” grupo instrumental, me hacía ir más temprano que mis compañeros para afinar todas las guitarras (éramos como 15). Decía que yo tenía un muy buen oído. Nos enseñaba bastante folklore, y participábamos en concursos que organizaba la Municipalidad. También formaba parte de un dúo “Marta y Nora”, con mi amiga Nora Goijman, en el que cantábamos folklore y nos acompañábamos. El tango no estaba muy presente allí, y menos en la escuela.
Ya en la adolescencia la teoría y el solfeo me aburrían bastante, y dejé, porque además la profesora se mudó de barrio. En la escuela secundaria el tango directamente no existía. Principio de los ´70, comencé a escuchar Sui Géneris, Spinetta, Moris, Vox Dei, Pedro y Pablo, Raúl Porchetto, Litto Nebbia, Pappo… Al terminar los estudios tuve que salir a trabajar ya que mi papá falleció cuando yo tenía 15 y entonces había que ayudar en casa. En ése momento fue cuando comencé a escribir mis primeras letras; a los 18 hacía coros en un conjunto de rock y ya cantaba algunas canciones propias. ¡Nada de tango!
Luego vinieron tiempos difíciles para mí en lo personal, de mayor responsabilidad, en un país de seres que cometían atrocidades desde del Estado y hubo quienes casi ni nos enteramos. La música que sonaba en las radios venía de otros lares. Fines de los ´70 y casi hasta 1981 es como que tengo un paréntesis musical, en el que circunstancias como el trabajo, problemas familiares, y el hecho de ignorar muchas de los horrores que estaban ocurriendo, siento que hicieron que me aleje un poco de la música nacional. Pero ahí entró en mi vida, con todo lo que eso significó y significa para mí, Joan Manuel Serrat. Yo creo que él fue también nexo entre la música, la poesía, el tango y yo. Porque a pesar de que él es catalán… el Nano ¡¡¡tiene actitud tanguera!!!
Mediados de los ´80, ya casada, habiéndome mudado unos años a Bariloche, con mi primer hijo, entre pañales y nostalgias, yo seguía escribiendo poemas, cantaba canciones de María Elena Walsh, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez… y escuchando mucho rock nacional. La guerra de Malvinas y el retorno a la democracia habían hecho lo suyo. En tango, me llamaban la atención las letras de Eladia Blázquez; sentía que me representaban.
Ya de regreso a Buenos Aires, años ´90, uno de esos poemas, que fotocopiaba y daba a conocer a mis amigos, llegó a manos de Quique Rassetto, un guitarrista, compositor, que había trabajado conmigo en el Banco Provincia. Recuerdo siempre sus palabras: “Esto es un tango –dijo–. ¿Me permitís que intente ponerle una música? Era la letra de “A mi calle”, originalmente llamada “A mi calle Bermúdez”, dedicada a la calle de aquél chalecito de Villa Luzuriaga en que me crié. Ese fue mi primer tango.
De ahí en adelante no paro. Reconozco con honestidad que no sé mucho de historia del tango, ni de sus orquestas, autores, compositores… Yo siento que entré a él por otra puerta, por la puerta natural de una nena que vivió su infancia escuchándolo, en esos años donde las radios lo pasaban cotidianamente. Y encontré, sin buscarlo, en su melodía, un maravilloso “envase” donde dibujar mi impronta con las letras. Las causalidades de la vida hicieron y hacen lo suyo.
Espero seguir aprendiendo de los maestros poetas de otras épocas y de los contemporáneos, seguir pudiendo expresar lo que veo a mi alrededor, seguir conociendo intérpretes, músicos, tan talentosos!!! y –sobre todo– continuar disfrutando mientras esto ocurre. Yo me considero una escritora de poemas que hablan de lo que nos pasa, desde lo cotidiano y sencillo. ■
Marta Pizzo Octubre 30 de 2011
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TRES TANGOS, letra de Marta Pizzo
De gusano a mariposa (tango)
Letra: Marta Pizzo – Música: Quique Rassetto
Debajo del felpudo de la angustia
en que nos revolcamos con prisa y sin piedad.
Girando en arreboles de nostalgia,
fracasos y pesares que da la soledad.
Allí, donde el prejuicio no perdona,
sin fe, sin fantasía, con pura realidad.
Allí, donde la muerte y la locura
inundan y circulan con toda libertad.
En este nuevo siglo que parece
ser cosa del demonio, te digo la verdad:
ya sé que no es tan fácil pero dale,
si vos querés, metele... la vida se nos va.
Estribillo
Tal vez valga la pena un nuevo intento
armate de coraje y dignidad,
salite del carril de la derrota,
vení, rompé las reglas... también voy para allá.
Mirá, lo simple de las cosas...
jugate, total ¡qué más te da!
Pasate de gusano a mariposa
dejá culpas miedos... y volá.
repite Estribillo
Que se me ocurra (tango 2010)
Música: Ariel Ascheri – Letra: Marta Pizzo
Que se me ocurra ser mejor
en la estación del despertar,
cuando algún sueño se apagó
y otro me viene a acariciar.
Que se me ocurra compartir
lo necesario y lo ideal,
lo que me cuesta y lo que no,
lo que me alegra y me hace mal.
Que se me ocurra sin porqué
sentir que el hoy será mi ayer
y andar así, con lo que soy,
sin antifaz, sin un tamiz
en que se esconda algo de mí
por entregar, por admitir,
si en cada luna, en cada sol
va mi ilusión por ser feliz.
Que se me ocurra recordar,
manifestar, agradecer
el agua, el aire y el olor
de alguna flor por florecer.
Que se me ocurra valorar
lo cotidiano, lo inusual,
la voz amiga y el amor
que se me cruce, hasta el final.
Cada espera es un adiós (tango)
Letra: Marta Pizzo – Música: Emilio de
Ganador del Certamen SADAIC 2007
Siento que respiras en mis brazos,
voy danzando en el perfume,
hago puerto entre tus labios.
Breve pasajero de mi tímida inquietud,
loco corazón en plenitud.
Pálida sentencia de una luna
que nos niega la fortuna
de entregarse a pleno día.
Grito cerrado de la entraña,
juego tan difícil de mentir.
Déjame abrir la ventana,
dame tu fresco rocío.
Este amor, tesoro sólo mío
sueña anclado en mí.
Duele este amor sin mañana,
daña el fulgor del hastío…
No es vivir estar sin vos;
cada espera es un adiós.
Vuelves y mi nube se hace estrella,
que retoña la esperanza
y despeja tantos miedos.
Cálido horizonte con mil pájaros en flor,
íntimo ladrón de mi dolor.
Canto, lloro, añoro, desespero,
me resguardo en el certero
palpitar de tus caricias.
Corto pasaje a media historia,
trama que me cuesta descubrir.
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